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En las elecciones del 8 de noviembre en Estados Unidos, la demócrata Hillary Clinton enfrentará a Donald Trump, salvo que en las convenciones de los partidos Demócrata y Republicano ocurriese algo fuera del guion, una amenaza que vale más para el magnate neoyorquino que para la exprimera dama.

Hillary: “No le podemos permitir (a Trump) que esté al frente de las decisiones de Estados Unidos”.

Trump: “Los Clinton han conseguido hacer del enriquecimiento personal una forma de arte”.

Hillary: “Sus ideas no solo son diferentes, sino que son peligrosamente incoherentes... no puede hacer ese trabajo. No está preparado”.

Trump: “Lo digo, Hillary Clinton tiene que ir a la cárcel. Honestamente, es culpable como el infierno”.

Hillary: “(Trump) quiere ganar atizando miedo y restregando sal en las heridas”.

Trump: “Tengo amigos mexicanos y empleo a miles de mexicanos y personas de descendencia hispana”.

Los candidatos


Hillary Clinton y Donald Trump pertenecen a la misma generación, pero son dos polos opuestos, tanto por su recorrido, como por personalidad e instinto político. A continuación, los principales defectos y los puntos fuertes de sus candidaturas.

Hillary Clinton: preparada, pero poco querida

Cuando aún se llamaba Hillary Rodham, la joven abogada ya se implicaba en la causa de las mujeres y los niños, un compromiso creíble e indefectible. Abogada brillante, después se convirtió en la compañera política de Bill, antes de lanzarse con su propio nombre y convertirse en senadora (8 años) y secretaria de Estado (4 años). “Ahora mismo no hay nadie más cualificado que ella para ser presidente”, apuntó en febrero una admiradora en Las Vegas, Linda Rosel, investigadora criminal de 60 años.

Pero la experiencia viene acompañada de problemas y escándalos más o menos manipulados por los republicanos, que han forjado desde los años noventa la imagen de una mujer con amistades sospechosas y una ética errante. Desde el caso inmobiliario ‘Whitewater’, del que los Clinton fueron exculpados, al de la mensajería privada que Hillary utilizó en su paso por el Departamento de Estado y que le valió una investigación del FBI, estas historias han contribuido a hacer de ella la candidata demócrata más impopular de la historia reciente.

“No tengo una dote innata para la política, por si no lo habían notado, al contrario de mi marido o el presidente Obama”, admitió Hillary Clinton en marzo. Sus discursos son a menudo exhaustivos y detallados, pero positivos.

Donald Trump: mediático, pero pirómano

Muchos electores ven en él al empresario con mano de hierro que sabrá reequilibrar el presupuesto y crear empleos. Donald Trump asegura tener una fortuna de 10,000 millones de dólares, más del doble de lo que dicen cálculos independientes. Esta imagen de éxito industrial es la que los demócratas tratan de demoler, recordando a los electores sus casinos fracasados o su frustrada “universidad”.

Sus reuniones políticas jamás son aburridas, proclama el candidato. Los espectadores quedan cautivados por los altercados, las filtraciones de manifestantes y las series de insultos y ataques proferidos por el republicano. Cliente predilecto de los tabloides neoyorquinos desde los años 1980, Donald Trump conoce el sistema mediático y concede casi cada día entrevistas a las cadenas de televisión, que le cubren más que a cualquier otro candidato. Su talento para la oratoria y ese dominio de los medios son un gran desafío para Hillary Clinton.

La campaña de Donald Trump se basa en una actitud de ruptura con las convenciones políticas y el ‘establishment’. Pero en su búsqueda de lo políticamente incorrecto, el candidato descuidó su programa, reducido a eslóganes (un muro con México, hacer pagar a los aliados de los estadounidenses, etcétera), y jugó con fuego.

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