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El mercado laboral de Estados Unidos se ha convertido en una fuente confiable de confort cuando otros indicadores económicos provocan desaliento. Cuando el crecimiento se desaceleró a solo 0.8 por ciento en el primer trimestre del año, los economistas permanecieron mayormente impasibles, porque las nóminas estaban creciendo en más de 150,000 trabajadores al mes. El crecimiento salarial estaba repuntando, incluso la participación en la fuerza laboral, estaba elevándose, después de un largo periodo de declinación.

Así que la noticia el 3 de junio de que la economía había creado apenas 38,000 empleos nuevos en mayo, el total más bajo desde 2010, fue una sacudida desagradable. Tres días después, la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, insinuó que ya no favorece elevar las tasas de interés este verano. Este abrupto cambio de dirección siguió a semanas de advertencias de parte de funcionarios de la Fed de que se aproximaba un aumento de tasas, quizá tan pronto como al concluir la próxima reunión de la Fed el 15 de junio. Eso, ahora, parece casi imposible.

La predicción de consenso había sido de unos 160,000 empleos nuevos en mayo. Incluso contando a los 35,000 empleados en huelga en Verizon, la enorme compañía de telecomunicaciones, el déficit fue sustancial, aunque la estimación, que tiene un amplio margen de error, podría aún ser revisada al alza. Una desaceleración del mercado laboral que había parecido leve ahora parece pronunciada: entre marzo y mayo, la economía creó en promedio 116,000 empleos por mes, comparado con 222,000 en el año concluido en febrero. El mercado laboral efervescente había sido tentador para los estadounidenses que habían renunciado a regresar a trabajar en la fuerza laboral, pero la participación ahora ha revertido dos tercios de sus ganancias desde septiembre.

El reporte, tomado aisladamente, fue funesto. En general, sin embargo, hay mucha menos causa para el pesimismo.

Consumidor saludable

La economía estadounidense quizá se haya desacelerado, pero sigue siendo fundamentalmente fuerte, porque es apuntalada por un consumidor saludable. El consumo personal, ajustado a la inflación, ha aumentado en 3 por ciento en el último año, tras dispararse en abril. El índice de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan, que iba a ser actualizado mientras este artículo iba a prensa, creció fuertemente en mayo.

Aun antes de eso, la confianza excedió a su promedio durante el auge de 2003-2007. Según un reciente sondeo de la Fed, 69 por ciento de los estadounidenses dice que les está “yendo bien” o están “viviendo cómodamente”, más que el 62 por ciento en 2013. Lo que es más, el aumento ha sido más pronunciado entre quienes tienen solo una educación media superior.

El crecimiento salarial al alza ayuda a explicar el optimismo de los consumidores. Desde principios de 2015, el crecimiento en los ingresos por hora promedio ha repuntado de alrededor de 2 por ciento a alrededor de 2.5 por ciento. Cierto es que eso es débil comparado con el crecimiento salarial antes de la crisis financiera, que a menudo excedía el 3 por ciento, y el crecimiento salarial se ha estancado a medida que el mercado laboral se ha desacelerado.

Sin embargo, el cambio demográfico está manteniendo al crecimiento salarial promedio artificialmente bajo. La crisis financiera golpeó cuando los baby-boomers de más edad estaban acercándose a la etapa de jubilación. A medida que los boomers bien pagados se retiran, los salarios promedio caen. Además, muchos trabajadores de salarios bajos, que tuvieron una probabilidad desproporcionada de perder sus empleos durante la recesión, ahora están regresando a trabajar, lo cual también hace bajar los salarios promedio.

Un estudio reciente de investigadores de la Fed de San Francisco sugiere que, para fines de 2015, estos sesgos en las entradas y salidas de la fuerza laboral estaban reduciendo el crecimiento en los ingresos salariales medios en alrededor de dos puntos porcentuales. A aquellos con empleo constante les está yendo bien: el índice salarial de la Fed de Atlanta, que da seguimiento a los mismos individuos a lo largo del tiempo, por tanto ignorando los retiros y los nuevos trabajadores, muestra un crecimiento salarial de 3.4 por ciento durante el último año.

Petróleo más barato

Al mismo tiempo, los estadounidenses han estado saliendo de las estaciones de gasolina con sus billeteras más llenas, gracias al petróleo más barato. Los consumidores ahorraron más de lo esperado con la bonanza del precio de la gasolina, pero eso significa que ahora que los precios del petróleo están constantes --el 7 de junio el crudo Brent superó los 50 dólares por barril por primera vez desde octubre--, los consumidores no tendrán que controlar mucho el gasto en respuesta, argumentó Andrew Hunter de Capital Economics, una firma consultora. En realidad, los ahorros se tambalearon en abril cuando se elevó el consumo.

Precios del petróleo un poco más altos también ayudarían a poner fin a otro lastre de la economía: la inversión débil, que fue responsable en parte del crecimiento lento del primer trimestre. La inversión en plataformas petroleras y similares ha caído en casi 70 por ciento durante los últimos dos años, ajustado a la inflación, conforme los inversionistas han archivado los proyectos de petróleo y gas de esquisto. En la semana terminada el 3 de junio, sin embargo, el número de plataformas aumentó por primera vez desde agosto. Aun cuando los precios cayeran de nuevo, la inversión en energía no puede seguir siendo un lastre para el crecimiento durante mucho más tiempo, porque ya ha caído mucho.

Inversión residencial

Otra inversión empresarial también ha sido decepcionante, pero la creciente construcción de viviendas ha compensado parte de la inactividad. Ajustada a la inflación, la inversión residencial se ha elevado en 11 por ciento respecto de hace un año. El gasto gubernamental también está aumentando, después de cuatro años de hacer bajar el crecimiento mientras los políticos recortaban los presupuestos. Un frenesí de inversión por parte de gobiernos estatales y locales ha contribuido al cambio radical.

Persisten amenazas

La economía mundial es un motivo de preocupación. Europa aún no ha asegurado su recuperación, la posibilidad de que Gran Bretaña abandone la Unión Europea es una creciente inquietud y la economía china sigue siendo frágil. Los mercados financieros, que se desplomaron a principios de año por la perspectiva de la economía mundial, están fuertes ahora; después de los comentarios tranquilizadores de Yellen, el S&P 500 se elevó cerca de un nivel récord. Sin embargo, la economía mundial pudiera sacudir a los mercados de nuevo.

Aun cuando no lo haga, el contraste entre el vigor estadounidense y el letargo en el extranjero retrasará los aumentos en las tasas de interés, argumentó Mark McClellan de The Bank Credit Analyst, un boletín, porque la Fed no puede restringir la política monetaria sin provocar ganancias en el dólar. Eso en sí mismo pudiera causar renovadas fluctuaciones del mercado financiero, particularmente en los mercados emergentes con deudas denominadas en dólares. También debilitaría a la inflación, la cual sigue estando por debajo de la meta del 2 por ciento de la Fed, porque la fuerza del dólar hace más baratas a las importaciones.

Entonces, ¿cuál es el próximo paso para Yellen? Ella ha dicho, correctamente, que elevar las tasas de interés no es un objetivo en sí mismo, y describió las tasas cercanas a cero de hoy como solo “modestamente” acomodaticias; un recordatorio de que la llamada tasa de interés “natural”, la tasa que ni estimula ni debilita a la economía, es probablemente mucho menor de lo que era antes. La Fed probablemente necesitará convencer de que el reporte del mercado laboral más reciente fue una anormalidad antes de la restricción de la política. Los próximos meses deberían ofrecer esa reconfirmación.

Pase lo que pase, esperemos que Yellen solo de pequeños pasos.

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