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El 13 de junio, una bandera de arcoíris ondeó a media asta junto a la bandera de las franjas y las estrellas en la embajada estadounidense en Kingston, Jamaica. Honraba a las 49 personas asesinadas el día anterior en un club gay en Orlando.

Marlene Malahoo Forte, la procuradora general de la isla, se mostró en desacuerdo con el gesto. La bandera del arcoíris, tuiteó, era “irrespetuosa de las leyes de Jamaica”.

En Jamaica, las relaciones sexuales entre hombres gay conlleva una sentencia de 10 años de prisión, aunque el país gentilmente tolera las banderas de múltiples colores. La embajada respondió al tuit: “Estamos escuchando. ¿Nos explica el razonamiento legal? ¡Fue un ataque de terrorismo ¡¡y!! de odio” (sic).

Malahoo Forte dijo posteriormente que ella había sido “malinterpretada”, pero el incidente atrajo la atención hacia las leyes sexuales victorianas en una región que atrae a turistas con una imagen de desenfado, y hacia el fracaso de los intentos para cambiarlas.

La religión históricamente organizada ha desempeñado un papel mucho más grande en la Latinoamérica católica que en el Caribe de habla inglesa. Sin embargo, las islas son mucho menos amigables con los homosexuales. Trinidad y Tobago y Belice prohíben que los homosexuales crucen sus fronteras, aunque rara vez lo verifican. Once países en la región prohíben las relaciones sexuales gays, y los ataques a personas gays a menudo no son castigados.

El mes pasado, dos hombres gays fueron asesinados a balazos en su casa en la capital turística de Jamaica, Montego Bay, y hace tres años, Dwayne Jones, un adolescente, fue linchado por una muchedumbre en la misma ciudad por usar ropa de mujer para ir a una fiesta. No se han presentado testigos y no ha habido arrestos.

Los políticos en muchos países admiten en privado que estas leyes son anticuadas y que se necesita apertura para combatir el VIH. Sin embargo, los esfuerzos para modernizarlas han fracasado. En 2001, la legislatura de Guyana aprobó una enmienda constitucional que prohíbe la discriminación con base en la orientación sexual, pero el presidente la bloqueó. En un referendo el 7 de junio, los votantes en Bahamas rechazaron prohibir la discriminación por sexo. Aun cuando la propuesta no mencionó la homosexualidad, el lado del “no”, respaldado por cristianos fundamentalistas, advirtió que podría allanar el camino hacia el matrimonio gay y parece que le creyeron ampliamente.

Los gobiernos caribeños han buscado bloquear los esfuerzos en la región para proteger a las minorías sexuales. En una reunión de la Organización de Estados Americanos del 13 al 15 de junio, Jamaica y Barbados objetaron formalmente la parte de los derechos de los homosexuales en una resolución sobre derechos humanos.

Frustrados en las urnas, los reformistas también han sido derrotados en los tribunales. Los jueces beliceños aún tienen que emitir su fallo en un caso que escucharon en 2013 que busca revocar las leyes contra la homosexualidad. El 10 de junio, el Tribunal Caribeño de Justicia decidió que las prohibiciones a los viajes de los gays pueden seguir vigentes porque no son aplicadas. El propio departamento de Malahoo Forte está preparándose para combatir un desafío a las leyes homofóbicas de Jamaica.

  • 10 años de prisión recibe una persona en Jamaica por tener relaciones homosexuales, según la ley.

El poder político de las iglesias caribeñas frustra a los activistas de los derechos de los homosexuales. Los protestantes fundamentalistas están bien organizados y en ocasiones son subsidiados públicamente. Los políticos temen que puedan reunir los suficientes votos para influir en las elecciones en los países pequeños.

Su disgusto por los homosexuales es ampliamente compartido. Tras los recientes asesinatos en Montego Bay, un residente dijo a un periódico local que “realmente no nos gustan los pescados (gays) por aquí …  nadie está llorando por esto”. Melodías bailables pegajosas y que critican a los homosexuales como “To the Point” de Sizzla (2001), que declara la muerte para “el chico sodomita y loco”, han desaparecido de la radio pero siguen siendo populares en las fiestas.

Lejos de buscar frustrar la voluntad popular, el primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, ha convocado a un referendo para validar sus leyes discriminatorias. Un sondeo de 2014 encontró que 91 por ciento de los encuestados se opuso a la revocación.

  • 49 personas fueron asesinadas en Orlando, Florida, en un bar gay.

El 23 de junio, las Bermudas, un territorio británico en ultramar, votará sobre si permitir las uniones civiles, el matrimonio gay o ninguno de los dos. Con el ataque de Orlando fresco en la mente de los isleños, hay esperanza de que pudieran ir en contra de la tendencia regional.

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