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En las últimas cuatro semanas, nueve plataformas petroleras inactivas han sido puestas a trabajar de nuevo en la cuenca del Permian, la zona de petróleo de esquisto más rica de Estados Unidos.

Eso es solo una diminuta fracción de las 429 que han estado fuera de servicio durante los últimos 18 meses conforme se desplomaban los precios del petróleo, en cierto momento llegando a menos de 30 dólares por barril, pero es el primer aumento de cuatro semanas en un año.

En las últimas semanas, el precio del petróleo se ha recuperado a alrededor de 50 dólares por barril. Scott Sheffield, director ejecutivo de Pioneer Natural Resources, una de las principales productoras en el Permian, señaló que los precios a futuro para entrega en un año también han aumentado por encima de los 50 dólares por barril, lo que le permite registrar una utilidad decente sobre cualquier nuevo pozo que pueda poner a producir para entonces. De ahí que pronto esté elevando el número de plataformas petroleras que su empresa está perforando en el Permian de 12 a por lo menos 17, y quizá a 22.

“El Permian ha tocado fondo”, aseguró.

Además de perforar más pozos, algunas compañías están planeando fracturar pozos antiguos e inactivos que han sido perforados pero no han sido rellenados de arena, agua y químicos para abrir fisuras que permitan que fluya el petróleo atrapado en el esquisto. Otros simplemente están haciendo funcionar sus bombas más duramente, lo cual requiere más energía pero podría valer la pena a 50 dólares por barril.

Nueva dinámica

Todo esto apoya la afirmación de que el fracking ha traído una nueva dinámica a los mercados petroleros mundiales: la capacidad para elevar o reducir la producción más rápidamente que la perforación petrolera convencional, más bien como fábricas que responden a los cambios en la demanda. Los campos petrolíferos convencionales requieren años para desarrollarse y luego producen petróleo durante décadas, lo que hace que la producción petrolera sea relativamente poco responsiva a los movimientos de precios a corto plazo. Los pozos de esquisto, en comparación, requieren solo unas semanas para ser perforados y fracturados, y tienen un periodo de vida de solo unos cuantos años, de manera que la producción cae rápidamente si la perforación disminuye. La oferta de petróleo de esquisto ciertamente resultó más elástica que el tipo convencional cuando los precios estaban cayendo, aunque con cierto retraso. Cuando empezó la declinación en 2014, a la industria del petróleo de esquisto le tomó meses aceptar el hecho de que 
era más que una caída temporal. Sin embargo, el número de plataformas, y por tanto la producción, eventualmente se desplomó, ayudando a que el mercado se acercara al equilibrio.

El petróleo de esquisto parece estar moderando los precios en su recuperación también. El 10 de junio, el día en que Baker Hughes, un proveedor de servicios petroleros estadounidense, reportó que por segunda semana consecutiva había habido un diminuto repunte en la perforación en Estados Unidos, el West Texas Intermediate, la referencia estadounidense del petróleo crudo, cayó de nuevo por debajo de los 50 dólares por barril. 

Más oferta

Si el petróleo de esquisto realmente está actuando como la válvula de una olla de presión, regulando el mercado cuando está demasiado caliente o frío, el resultado sería un precio petrolero menos volátil.

Sin embargo, la válvula quizá no funcione a la perfección. Un interrogante es la sostenibilidad del reciente aumento del precio. Los ejecutivos del petróleo de esquisto recuerdan con disgusto la falsa recuperación de principios de 2015, que los llevó a mantener la producción más tiempo del que deberían. Señalan que la industria petrolera sigue produciendo casi un millón de barriles diarios más de lo que el mundo está consumiendo. La Agencia Internacional de Energía, un pronosticador de la industria, anunció el 14 de junio que la demanda no igualará la oferta hasta el año próximo.

“No queremos añadir plataformas y luego reducirlas de nuevo”, expresó Sheffield.EFE/END

Otra preocupación es cuán rápidamente puede elevarse realmente la oferta. Las plataformas han estado inactivas por tanto tiempo que podrían requerirse meses de mantenimiento antes de que puedan estar en servicio de nuevo. Los trabajadores quizá hayan encontrado nuevos empleos, lo que haría difícil atraerlos de nuevo. Las presiones financieras son considerables también: alrededor de 70 firmas relacionadas con esquisto han ido a la quiebra en Estados Unidos desde principios del año pasado, y aquellas en cuidados intensivos se enfocarán más en pagar su deuda que en invertir en más producción.

Si la producción no empieza a aumentar, la reciente declinación en los costos de las compañías de petróleo de esquisto podría revertirse. Per Magnus Nysveen de Rystad Energy, una firma consultora, reveló que los productores se habían vuelto mucho más eficientes y los contratistas de perforación tan baratos que las compañías de esquisto estadounidenses pueden, en promedio, obtener un saludable rendimiento del 10 por ciento con el WTI a 39 dólares por barril, respecto de 82 dólares en 2013. Sin embargo, estimó que queda poco espacio para exprimir los costos adicionales. Lo que es más, los contratos de servicio de las compañías de petróleo de esquisto son de corta duración, así que, si escasean el equipo o los trabajadores, los precios pueden aumentar rápidamente. Por cada aumento de un dólar en los precios, Nysveen espera un aumento de un dólar en los costos.

Sheffield refutó esto. Dijo que el número de plataformas sin utilizar es tan alto que la industria podrá reactivar varios cientos antes de que los costos empiecen a aumentar. Coincidió, sin embargo, en que 50 dólares no es suficiente para estimular significativamente la producción.

R.T. Dukes de Wood Mackenzie, una firma consultora, refirió que, si el precio permanece en 50 dólares hasta fines de año, la inversión en la producción de esquisto permanecerá “igual o bajará”. Si es de entre 50 y 60 dólares, la inversión será “igual o aumentará”. Solo por encima de los 60 dólares por barril “subirá en general”.

“No esperamos que la oferta cambie repentinamente”, manifestó Dukes, “pero pensamos que las declinaciones se desacelerarán”.

Precios sostenibles 

CAMBIOS. Aun cuando la industria petrolera de Estados Unidos no reviva, sigue estando solo alrededor de un millón de barriles diarios por debajo de su nivel máximo de junio pasado, lo que significa que una producción más alta pudiera verse empequeñecida por los recortes en otras partes en la industria petrolera mundial de 95 millones de barriles diarios. Wood Mackenzie calcula que los productores de petróleo y gas han prometido reducir al menos un billón de dólares de su inversión planeada en exploración y producción entre 2015 y 2020, reduciendo la producción proyectada en el equivalente a la asombrosa cantidad de 7,000 millones de barriles diarios.

Los optimistas del mercado, que incluyen a altos ejecutivos entre los productores más grandes, creen que, al enfocarse en las compañías de esquisto más pequeñas como potenciales productores influyentes, los mercados están pasando por alto la escasez de oferta a más largo plazo causada por la evaporación de la inversión en los pozos convencionales. Esto, añaden, podría verse agravado por un reciente aumento en la demanda en Estados Unidos, China y otras partes, avivado por los precios más bajos. Esto pudiera causar un repentino incremento en los precios, a hasta 80 dólares por barril.

No todos han dado por descontada la posibilidad de que los precios del petróleo se desplomen de nuevo. Mucho depende de si Arabia Saudita tiene la capacidad para elevar la producción sustancialmente, como ha indicado el príncipe heredero sustituto Mohamed bin Salman que lo hará. Algunos argumentan que, en vísperas de la planeada oferta pública inicial de Saudi Aramco, la compañía petrolera estatal, tendría sentido que el reino bombeara más petróleo para incrementar el valor de la compañía. Lo que es más, con la existencia de copiosas reservas aún, los sauditas podrían ver la lógica en aumentar la producción con el fin de extraer tanto valor como puedan antes de que la tecnología y el cambio climático arruinen el apetito del mundo por el petróleo.

Un precio de 50 dólares por barril bien podría ser sostenible, pero la batalla de los jeques y los hombres del esquisto no ha terminado todavía.

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