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Un reporte sobre la pobreza publicado el 14 de junio por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo concluye que, entre 2003 y 2013, casi la mitad de la población de la región ascendió en la escala del ingreso y uno de cada cinco se unió a la clase media, definida como tener un poder adquisitivo de entre 10 y 50 dólares diarios.

De manera inversa, solo un por ciento descendió a un grupo inferior y la porción de la gente que vive con menos de 2.50 dólares diarios se redujo en la mitad, a 11.5 por ciento. Como resultado, el coeficiente Gini de Latinoamérica, que va de cero, en el cual todos ganan lo mismo, a uno, en el cual un solo personaje rico recibe todo el dinero, declinó de 0.55 en 1994 a 0.49 en 2013.EFE / END

Desafortunadamente, el fin del auge mundial de las materias primas ha significado el fin del largo periodo de crecimiento de Latinoamérica. En 2014-2015, el PIB aumentó en solo 0.6 por ciento anualmente. Como resultado, las ganancias logradas por las clases más bajas de la región ahora parecen precarias. En el pasado, un poco más de 10 por ciento de la gente apenas por encima de la línea de pobreza terminaría cayendo por debajo de la misma. Si la misma proporción retrocediera en los próximos años, más de un tercio de quienes escaparon de la pobreza en la última década renunciaría a su progreso.

  • El mensaje central del reporte es que, sin un crecimiento económico vigoroso, las políticas que ayudaron a reducir la pobreza quizá no sean suficientes para evitar que sus beneficiarios se empobrezcan de nuevo.

El mensaje central del reporte es que, sin un crecimiento económico vigoroso, las políticas que ayudaron a reducir la pobreza —como las transferencias de fondos condicionales, que dan a las familias dinero por vacunar a sus hijos y enviarlos a la escuela— quizá no sean suficientes para evitar que sus beneficiarios se empobrezcan de nuevo.

Enlista cuatro factores que evitan la movilidad hacia abajo. No todos los empleos se crean igual: el empleo formal con beneficios e indemnizaciones ofrece un mejor amortiguador que el empleo temporal. Poseer activos, como un auto o una casa, es otro amortiguador. La ayuda para cuidar de niños y ancianos es esencial, ya sea por parte de amigos, familiares o el Estado. Finalmente, las redes de seguridad formales, como pensiones y seguro de desempleo, cumplen su objetivo como se previó.

Ese consejo habría sido aun más útil en 2006, cuando la región disfrutaba de ingresos fiscales extraordinarios. Hoy, estos indicadores parecen inquietantes. La mayoría de los trabajadores están autoempleados o trabajan para empresas con menos de cinco empleados. Casi la mitad de este grupo no tiene una pensión basada en el empleo y solo 12.5 por ciento de las personas en los tres quintiles de riqueza inferiores de la región posee un auto.

Sin estas salvaguardas, la reducción de la pobreza en Latinoamérica pudiera resultar tan efímera como el auge de las materias primas que la hizo posible.

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