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Les preocupa que “el descubrimiento de este potente poder” haya llegado “antes de que supiéramos cómo emplearlo de manera correcta”.

Hoy esos temores son expresados por aquellos a quienes preocupa que los avances en la inteligencia artificial (IA) pudieran destruir millones de empleos y representar una amenaza estilo “Terminator” para la humanidad. Sin embargo, estas  de hecho, son las palabras de comentaristas que discutían sobre la mecanización y la energía del vapor hace dos siglos. En ese entonces, la controversia en torno a los peligros que representaban las máquinas era conocido como la “controversia de la maquinaria”. Ahora está en marcha un debate similar.

Después de muchos falsos inicios, la IA ha hecho avances extraordinarios en los últimos años, gracias a una técnica versátil llamada “aprendizaje profundo”. Dados suficientes datos, redes neuronales grandes o “profundas”, moldeadas según la arquitectura del cerebro, pueden ser entrenadas para hacer todo tipo de cosas. Hacen funcionar el motor de búsqueda de Google, el etiquetado automático de fotos de Facebook, el asistente de voz de Apple, las recomendaciones de compra de Amazon y los vehículos de conducción autónoma de Tesla.

Sin embargo, este rápido progreso también ha conducido a preocupaciones sobre la seguridad y las pérdidas de empleo. Stephen Hawking, Elon Musk y otros se preguntan si la IA pudiera salirse de control, precipitando un conflicto de ciencia ficción entre las personas y las máquinas. A otros les preocupa que la IA cause un extenso desempleo al automatizar tareas cognitivas que anteriormente podían realizar solo las personas.

Debate

Después de 200 años, la controversia de la maquinaria está de vuelta. Necesita ser resuelta. El escenario más alarmante es el de una IA sinvergüenza que se vuelva malvada, como lo hemos visto en incontables películas de ciencia ficción. Es la expresión moderna de un temor antiguo, que se remonta a “Frankenstein” (1818) y más allá. Sin embargo, aunque los sistemas de IA son impresionantes, solo pueden realizar tareas muy específicas: una IA capaz de superar la inteligencia de sus creadores humanos sigue siendo una perspectiva distante e incierta. Preocuparse por ello es como preocuparse por la sobrepoblación de Marte antes de que los colonos hayan siquiera puesto un pie ahí, dijo Andrew Ng, un investigador de IA.

El aspecto más impresionante de la controversia de la maquinaria es qué impacto podría tener la IA en los empleos y el estilo de vida de las personas. 

Este temor también tiene una larga historia. El pánico por el “desempleo tecnológico” se vivió en los años 60, cuando las compañías instalaron por primera vez computadoras y robots, y de nuevo en los 80, cuando las PC llegaron a los escritorios. Cada vez, pareció que la extendida automatización de los empleos de los trabajadores calificados estaba a la vuelta de la esquina.

Cada vez, de hecho, la tecnología finalmente creó más empleos de los que destruyó, conforme la automatización de una tarea aumentaba la demanda de personas que hicieran las tareas relacionadas que aún estaban más allá de la capacidad de las máquinas. Reemplazar a los cajeros humanos con cajeros automáticos, por ejemplo, hizo más barato abrir nuevas sucursales, creando nuevos empleos en ventas y servicio al cliente. De manera similar, el comercio electrónico ha incrementado el empleo en general en las ventas minoristas.

Temores infundados

Como con la introducción de las computación en las oficinas, la IA no reemplazará tanto a los trabajadores directamente sino que requerirá que aprendan nuevas habilidades para complementarla. Aunque un estudio muy frecuentemente citado sugiere que hasta 47 por ciento de los empleos estadounidenses enfrenta una automatización potencial en las próximas una o dos décadas, otros estudios estiman que menos del 10 por ciento realmente desaparecerá.

Aun cuando es probable que las pérdidas de empleos a corto plazo serán más que compensadas por la creación de nuevos empleos a largo plazo, la experiencia del siglo XIX demuestra que la transición puede ser traumática. El crecimiento económico despegó después de siglos de niveles de vida estancados, pero pasaron décadas antes de que esto realmente se reflejara en salarios más altos. El rápido traslado de las crecientes poblaciones de las granjas a las fábricas urbanas contribuyó a la intranquilidad en toda Europa. A los gobiernos les tomó un siglo responder con nuevos sistemas de educación y beneficencia. Esta vez, es probable que la transición sea más rápida, porque las tecnologías se difunden más rápidamente que hace 200 años. 

La desigualdad del ingreso ya está creciendo, porque los trabajadores altamente calificados se benefician desproporcionadamente cuando la tecnología complementa sus empleos. Esto representa dos desafíos para los empleadores y los formuladores de políticas: cómo ayudar a los trabajadores existentes a adquirir nuevas habilidades y cómo preparar a generaciones futuras para un lugar de trabajo lleno de Ia. Conforme la tecnología cambia las habilidades necesarias para cada profesión, los trabajadores tendrán que adaptarse. Eso significará hacer a la educación y la capacitación lo suficientemente flexibles para enseñar nuevas habilidades de forma rápida y eficiente. Requerirá un mayor énfasis en el aprendizaje de por vida y la capacitación en el empleo, y un uso más amplio del aprendizaje en línea y la estimulación estilo videojuego. La propia IA ayuda, al personalizar el aprendizaje basado en la computadora e identificar las deficiencias de habilidades de los trabajadores y las oportunidades de nueva capacitación.

Las habilidades sociales y de carácter importarán más también. Cuando los empleos son perecederos, las tecnologías vienen y van y las vidas laborales de las personas son más largas, las habilidades sociales son un cimiento. Pueden dar a los humanos una ventaja, ayudándoles a realizar el trabajo que demanda empatía e interacción humana; rasgos que están fuera del alcance de las máquinas.

Reforma laboral 

BENEFICIOS. Los sistemas de beneficencia tendrán que ser actualizados para suavizar las transiciones entre empleos y para apoyar a los trabajadores mientras adquieren nuevas habilidades. Un plan ampliamente promovido como una panacea es un “ingreso básico”, pagado a todos independientemente de su situación. Eso no tendría sentido, sin embargo, sin fuerte evidencia de que esta revolución tecnológica, a diferencia de las anteriores, está erosionando la demanda de mano de obra. En vez de ello, los países deberían aprender del sistema de “flexiguridad” de Dinamarca, que permite a las empresas contratar y despedir fácilmente, al tiempo que apoya a los trabajadores desempleados mientras se capacitan de nuevo y buscan nuevos empleos.

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