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La campaña para dejar la Unión Europea repetidamente instó a Gran Bretaña a “Retomar el control”. Ha pasado una semana desde que los votantes optaron por estrecho margen por el brexit, y el país rara vez se ha visto tan extremadamente falto de rumbo. El primer ministro ha presentado su renuncia. El líder de la oposición pasa apuros para sobrevivir a un golpe interno.

La libra alcanzó su nivel más bajo frente al dólar en 31 años, y los bancos perdieron un tercio de su valor antes de estabilizarse. Mientras tanto, en Escocia e Irlanda del Norte se habla de secesión.

Cada una de estas calamidades fue prevista en caso de una victoria del “Salirse” y, sin embargo, el país parece fascinado por lo que se ha provocado a sí mismo.

Es hora de sacudirse el aturdimiento. El país necesita un nuevo líder, un enfoque coherente para negociar con la UE y un acuerdo justo con esas naciones dentro de su propia unión que votaron por el quedarse. El daño a la prosperidad de Gran Bretaña y a su posición en el mundo ya es grave, y se volverá mucho peor si el país ahora no “recupera el control” de su futuro.

  • Sería erróneo descartar por completo la posibilidad de una “Breversa” poco elegante, humillante y, sin embargo, bienvenida.

La horrible primera semana del brexit, y la miseria por delante, ya ha provocado los primeros remordimientos. Más de cuatro millones de personas han firmado una petición demandando una repetición de la votación.

INCERTIDUMBRE

Un rechazo instantáneo al resultado sería un error. Aunque la votación a favor del brexit es lamentable, 34 millones de personas han emitido sus votos y el resultado fue claro. Una repetición directa no sería más justa que permitir al equipo de futbol de Inglaterra otro intento ante Islandia, el cual infligió una segunda humillación una semana después del referendo.

Sin embargo, el destino de Gran Bretaña sigue siendo altamente incierto. Aunque los británicos optaron por salir de la UE, el brexit viene en 57 variedades. La más moderada sería un acuerdo del tipo del de Noruega, que involucra continuar teniendo acceso al “mercado único” de Europa a cambio del libre movimiento de personas procedentes de la UE y una contribución al presupuesto de la UE. En el extremo opuesto, Gran Bretaña cortaría sus lazos por completo, lo que significa no más pagos al presupuesto de la UE y no más migración ilimitada; pero tampoco acceso especial al mercado que compra casi la mitad de las exportaciones de Gran Bretaña. A los votantes se les dijo que podrían tener todo. No es así.

La opción noruega haría menos daño a la economía. También sería la mejor posibilidad de preservar la unión con Escocia e Irlanda del Norte, los cuales votaron por el quedarse.

Los gobernantes nacionalistas escoceses, que perdieron un referendo sobre la independencia en 2014, siempre dijeron que si Gran Bretaña dejaba la UE se justificaría otra votación sobre la independencia. Tienen razón, especialmente ya que en 2014 muchos escoceses votaron por quedarse en Gran Bretaña para permanecer en la Unión Europea. Sin embargo, la independencia sería dolorosa. Podría significar prometer adoptar el euro y reforzar la frontera con Inglaterra, con la cual Escocia comercia más que con la UE. Bajo un acuerdo estilo noruego, los escoceses preferirían quedarse con Inglaterra. Los nacionalistas deberían esperar ver un acuerdo antes de convocar a un nuevo referendo.

¿LA PAZ EN PELIGRO?

En Irlanda del Norte, el brexit plantea otros problemas. Uno es la perspectiva de resucitar la frontera entre el norte y el sur, un deplorable elemento de simbolismo, el cual podría evitarse si Gran Bretaña consiguiera un acuerdo tipo noruego.

Otro problema vergonzosamente pasado por alto es que la salida de Gran Bretaña de Europa rompería el Acuerdo del Viernes Santo de 1998, en el cual el proceso de paz de Irlanda del Norte fue respaldado por la UE. Este tratado ha mantenido la paz en la región más convulsionada del Reino Unido durante casi 20 años. Corregir el lío será una tarea urgente para el próximo primer ministro.

¿QUIÉN DEBERÍA SER ESTE?

Los miembros del Partido Conservador, que tienen la última palabra, podrían favorecer a uno de los victoriosos activistas del Salirse, un grupo mediocre que se ha puesto en ridículo durante la campaña, mintiendo sobre inflados pagos presupuestarios y migrantes turcos fantasma, antes de desvanecerse después de la votación cuando el brexit hizo estallar la bomba. Ninguno de ellos sería un primer ministro digno.

Al mismo tiempo, la mera falsedad de la propuesta que ellos promovieron quizá sea su mejor calificación para el puesto. El próximo líder de Gran Bretaña debe explicar a 17 millones de votantes que la ilusión que prometieron -todos los beneficios de la UE sin ninguna de sus obligaciones- no existe. Solo cuando los autores de la fantasía del brexit regresen de Bruselas sin este acuerdo mágico los votantes del Salirse aceptarían que es necesario un compromiso.

Los líderes europeos no están de humor para negociar con su vecino rebelde. Esa es la razón por la cual Gran Bretaña debería retrasar lo más posible la invocación del Artículo 50 del tratado de Lisboa, el mecanismo para una negociación del brexit, que desencadena una fecha límite de dos años. Por cada mes extra que se asiente el costo del brexit, aumentará la posibilidad de un compromiso.

Promesas vacías

Explicación• La Canciller de Alemania, Angela Merkel, una gran postergadora que -como sus colegas francés y holandés- enfrenta elecciones airadas el año próximo, quizá también sienta que dar cabida a algunas demandas británicas, como permitir un freno de emergencia al libre movimiento de personas durante las “oleadas”, quizá aplicado en toda la UE, sería posible, aunque ella podría encontrar difícil convencer de la idea a otros líderes europeos.

Dado que casi la mitad de los votantes británicos no quería salirse, es probable que una mayoría prefiriera un compromiso estilo noruego al aislamiento total. Cualquiera que sea el acuerdo que tome forma en Bruselas estará tan alejado de lo que prometió la campaña del Salirse que seguramente tendrá que ser presentado ante el público británico de nuevo, a través de una elección general, otro referendo o ambos.

Incluso es posible que toda la idea del brexit se frene. Una escasa mayoría ha dicho que preferiría la vida fuera de la UE a la vida dentro de ella. Sin embargo, podría ser que, cuando se enfrenten a la cuestión de si apoyar un acuerdo tipo noruego que conlleve muchos de los costos de estar en el mercado único sin tener voz en las reglas, muchos preferirían quedarse dentro de la Unión Europea después de todo.

Negociar el brexit estirará la tolerancia de los votantes británicos y los líderes europeos. Sin embargo, la UE se especializa en compromisos confusos y sacarles la vuelta a los referendos.

Después de meses de penurias políticas y una caída en la inmigración inducida por la recesión, los votantes británicos quizá estén dispuestos a pensar diferente sobre el equilibrio entre inmigración, la economía y su lugar en Europa.

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