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Cuando “Alejandro” estaba en cuarto año de secundaria recuerda que hubo un tiempo que padecía de insomnio. Tenía 16 años. Su papá lo llevó al médico y le recetaron lorazepam por tres días. Con eso logró conciliar el sueño, no volvió a trasnochar, pero continuó consumiendo las pastillas. Lo hacía a escondidas de sus padres.

En el colegio tenía un compañero, cuya familia poseía una empresa de fármacos. Fue así como empezó a consumir las pastillas dentro del colegio pero en una dosis más fuerte.

Tomaba clonazepam, un fármaco que según la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, sirve para controlar determinados tipos de convulsiones, ataques de pánico y  disminuye la actividad eléctrica anormal del cerebro.

La clonazepam es un fármaco que solo se vende bajo prescripción médica. “Alejandro” las conseguía a través de su amigo que las vendía a cinco córdobas. Él las tomaba diario.

“Cuando se está bajo los efectos de las pastillas es otro mundo, uno que vos mismo creás. Estás ido en vos. No existe nada a tu alrededor. Eso es lo que le da placer al cuerpo, el estar sedado sin nada que te perturbe, por eso es que se vuelve adictivo”, explica “Alejandro”.

De acuerdo con David Stadthagen, director ejecutivo del Centro de Adicciones y Especialidades (CEA), el consumo descontrolado de ciertos fármacos como ansiolíticos, psicóticos y antidepresivos, ha ido en aumento en los últimos años.

“Las pastillas son químicos que están diseñados específicamente para crear esas alteraciones en tu mente. La intención de las pastillas es ayudar a un proceso curativo, guiadas y prescritas por un doctor. Si tenés una depresión, hay una pastilla diseñada específicamente para ayudarte a salir un poco de este estado, pero cuando vos desvirtuás el propósito de la droga y la usás para curar esos malos sentires, el poder de esa droga es fuertísimo”, explica Stadthagen.

Félix López, químico farmacéutico de la UNAN-Managua agrega que los efectos provocados por estas se dan porque actúan a nivel de sistema nervioso, atraviesan la barrera masa encefálica y hace que provoquen dependencia. El especialista atribuye el consumo excesivo de ansiolíticos, psicóticos y antidepresivos a la ansiedad que las personas sufren constantemente.

“La ansiedad es un problema del diario vivir. Cuando te enfrentás a situaciones adversas como un nuevo trabajo o el estrés por un examen, la gente recurre a estas pastillas para controlarse”, asegura López.

Agrega a quienes consumen este tipo de fármacos,  que lo hagan de noche porque su efecto principal es provocar sueño. “Si una persona las toma de día corre el riesgo de quedarse dormido en el trabajo o al volante, lo que representaría un mayor peligro”, explica.

La alprazolam es el ansiolítico menos dañino porque “la calidad de vida se mantiene. El paciente se toma su alprazolam en la noche y se levanta tranquilo dispuesto para su faena del día. No le afecta en nada. Pero el resto de ansiolíticos provoca una sedación mayor. Las pastillas más peligrosas son las antidepresivas y las anfetaminas porque provocan dependencia y adicción”, dice Félix López.

ABUSO

El presidente de la Asociación de Farmacias de Nicaragua, Fernando Gurdián reconoce que hay un incremento en el consumo. En su farmacia, por ejemplo, se venden unas 600 pastillas de este tipo, entre lorazepam, alprazolam y clonazepam, que forman parte de la familia de benzodiacepinas.

“Los doctores recetan este tipo de fármacos para controlar la depresión, la ansiedad y este tipo de problemas, pero los mandan por un tiempo. Luego la gente se autorreceta y ahí está el problema. Sin receta en las farmacias no se les vende, es ahí cuando la compran en mercados y algunas pulperías que son lugares donde no hay control”, explica Gurdián.

Otro de los riesgos, señalados por David Stadthagen del CEA, es que cuando una persona consume un tipo de pastilla de modo descontrolado “usualmente te pegás con tres o cuatro diferentes. Es fuertísimo”.

Una de las drogas que en su experiencia está afectando a muchos de los pacientes es la ritalina, que tiene bastante de la anfetamina para atender el desorden de déficit de atención. “Hay mucha gente que viene pegada porque la ritalina te altera, te da energías y si se combina con licor afecta más, se vuelve parte del rito y es más difícil dejarla”.

Eso le pasó a “Alejandro”. Consumió pastillas durante más de un año. No le bastaron las clonazepam y empezó a combinarlas con otros fármacos y alcohol. Ahí empezó lo peor. “Cuando combiné con alcohol no podía ni mantenerme de pie. No me acordaba absolutamente de nada.

Eso fue lo peor que pude haber hecho”.

Las consecuencias fueron graves. Perdió el año escolar y siempre tenía sueño. Se quebró un pie y no caminó durante un tiempo. Con el pie enyesado buscaba la forma de escaparse para comprar pastillas.

Su papá notó que algo no andaba bien y “Alejandro” volvió a reconocer que consumía pastillas y necesitaba ayuda. Fue llevado a un centro de rehabilitación, pero no asimiló la idea de internarse. Prefirió ayuda psicológica. Luego de seis meses de atención especializada superó la adicción.

MEZCLAS

Danilo Norori, terapeuta de adicciones, refiere que cada vez los usuarios están mezclando más cosas, principalmente con las benzodiacepinas.

“La mujer es más vulnerable a medicamentos. Se toma una pastilla para poder callar el sistema, para dormirse, para desconectarse. Igual es una adicción, el uso compulsivo de esto va creciendo y necesitás una dosis más fuerte. Los efectos son graves, la memoria se deteriora, se vuelve más irritable, tiene menos capacidad para atender su carga y hay más crisis”, indica Norori.

El químico farmacéutico Félix López agrega que otra de las principales causas del consumo de pastillas en exceso es que la persona se aísla de la realidad y presenta un desinterés por la vida, una tendencia suicida y por eso recurre a las pastillas.

¿CÓMO DEJARLAS?

La rehabilitación en pacientes que han tenido problemas de adicción a pastillas es una de las más complicadas, según los expertos.

Por ejemplo, David Statdhagen explica que a un consumidor habitual de pastillas no se le puede suspender el uso de estas de una sola vez, sino que debe ser de una forma paulatina. “No se le puede quitar las pastillas, hay que medicarlo y poco a poco ir quitándolas”.

Norori coincide con Statdhagen en ese punto y añade que en el caso de las benzodiacepinas hay serios problemas de adicción. “Crean serios problemas de memorias, huecos en la memoria, podés hacer muchos cuadros de salud mental. Dejar eso es complicado. No se debe suspender de un día para otro,porque le va a dar un efecto de rebote y le puede ir peor”.

Por ello, ambos señalan que para poder superar este tipo de adicción, se requiere de control médico, disminuir gradualmente la dosis y sustituir por otra medicina con cero adictividad.

“Alejandro” ahora tiene 21 años y cursa segundo año de  la universidad. Dice que nunca más ha vuelto a consumir pastillas pero extrañaba la sensación de relajación en su cuerpo. Por eso ha optado por consumir marihuana pero no en exceso, dice. “Prefiero algo que produce la naturaleza que un fármaco lleno de químicos destructores hechos por el hombre”.

Los especialistas aconsejan que lo recomendable es llevar una vida saludable y no consumir este tipo de pastillas sin motivo alguno. Si los médicos las recetan por un tiempo, llaman a no consumirlas después.

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