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Los latinoamericanos son bien conocidos por su amor por las fiestas y, cuando pueden permitírselo, su consumo ostentoso. Quizá esa sea una razón por la cual regularmente figuran en los sondeos de opinión entre las personas más felices del mundo.

Sin embargo, los economistas fruncen el ceño cuando las familias —y los gobiernos— gastan sin poca consideración por el mañana. Los latinoamericanos ahorran mucho menos de lo que los expertos piensan que deberían. Comparado con los residentes de países desarrollados, y especialmente aquellos del Asia emergente, los latinoamericanos destacan por su falta de ahorro.

Los extranjeros a menudo han estado dispuestos a prestar parte de su efectivo extra a Latinoamérica, pero el capital extranjero no es un sustituto perfecto para los ahorros locales. Para empezar, puede ser veleidoso, desapareciendo cuando la región más lo necesita, como sucedió a fines de los años 90. Segundo, como señaló Augusto de la Torre del Banco Mundial, en algunos países latinoamericanos, incluido Brasil, la dependencia de los ahorros extranjeros ayudó a elevar el valor de la moneda, acabando con empresas de otro modo viables.

SUPERCICLO

Muchos economistas creen que, si las economías de Latinoamérica desean crecer en 5 por ciento al año o más, necesitan invertir alrededor del 25 por ciento del PIB. Algunos países se acercaron a eso durante el superciclo de las materias primas de 2003-2013. Ahora que el auge de las materias primas ha terminado, sin embargo, el crecimiento se ha desplomado y también la inversión.

No sorprendentemente, la atención de los economistas una vez más se ha volcado sobre el porqué Latinoamérica ahorra tan poco y cómo podría ahorrar más, y por tanto invertir más. El Banco Interamericano de Desarrollo ha dedicado su informe más reciente a este tema. El BID identifica tres áreas problemáticas principales: el sistema financiero, las pensiones y el gasto gubernamental.

Aunque los sistemas financieros de Latinoamérica son más sólidos que en el pasado y han crecido, siguen siendo “pequeños, costosos e ineficientes”, indica el BID. En promedio, los préstamos al sector privado son iguales a solo el 30 por ciento del PIB en Latinoamérica comparado con entre 80 y 100 por ciento en países ricos o en el Asia emergente. No sorprende que las compañías latinoamericanas encuentren tan difícil crecer.

LAS PENSIONES -Los brasileños son de los que más disfrutan la vida, más cuando celebran su famoso carnaval-

El problema de las pensiones es grave. Aunque la población está envejeciendo, solo 45 por ciento de los trabajadores latinoamericanos contribuye a cualquier tipo de plan de pensiones, dice el BID. En los 90, a instancias de economistas neoliberales, muchos países pusieron fin a sus tradicionales sistemas de pensiones de prepago. En vez de ello, cambiaron a un sistema de cuentas de pensiones individuales totalmente financiadas, gestionadas por administradoras de fondos de pensiones privadas, conocidas como AFP, en el cual los trabajadores eventualmente reciben una pensión dependiendo del valor de su inversión.

  • 45 por ciento de los trabajadores latinoamericanos contribuye a cualquier tipo de plan de pensiones.

Hubo buenas razones para el cambio. Los sistemas antiguos a menudo estaban mal administrados. Sin embargo, el nuevo no ha funcionado como se pretendía: pocos trabajadores contribuyen con lo suficiente para recibir una pensión.

“Las AFP han fracasado”, expresó Santiago Levy del BID, quien favorece una pequeña pensión universal financiada por un impuesto de consumo especialmente destinado, aumentado por planes voluntarios.

Otro problema es que los gobiernos latinoamericanos ahorran muy poco, y favorecen el gasto corriente por encima de la inversión pública. Los subsidios y los salarios para los burócratas tienen prioridad sobre la infraestructura de transporte, electricidad y agua.

LAS RAÍCES

La baja propensión a ahorrar de la región tiene raíces históricas. Generaciones de latinoamericanos han visto a sus gobiernos desaparecer sus ahorros, ya sea a través de la inflación o simplemente confiscándolos. Esa es la razón por la cual tanto capital ha huido de la región durante el último medio siglo.

El ejemplo de Argentina

CAMBIOS• Argentina es un ejemplo notorio. Su nuevo presidente, Mauricio Macri, ha intentado hacer regresar el capital declarando una amnistía para las personas que repatrien ahorros extranjeros no declarados. Entre los primeros en revelar sus guardaditos en el exterior estuvieron varios de sus ministros. Como insistió Levy, otro factor en los bajos ahorros es la prevalencia de los empleos informales. Los patrones informales rara vez inscriben a su personal en planes de pensiones.

  • 25 por ciento del PIB necesitan invertir los países latinoamericanos para aspirar a un crecimiento del 5 por ciento al año.

Algunos economistas argumentan que los latinoamericanos han desarrollado sus propios instrumentos de sentido común para ahorrar. Invierten en construir sus casas propias y en educar a sus hijos. Confían en que los ingresos por arrendamientos y la solidaridad familiar les proporcionarán sustento en la vejez. Sin embargo, este tipo de ahorro no resulta en capital que el sistema financiero pueda convertir en inversión productiva.

Incómodamente, nadie sabe realmente si los ahorros más altos son consecuencia o causa de un crecimiento más alto, y bien podrían ser ambas cosas. Algunos latinoamericanos por tanto objetarían que el BID esté poniendo la carreta de los ahorros más elevados por delante del caballo del crecimiento más rápido.

No importa. Mejores bancos, mejores pensiones, gobiernos más prudentes y más educación financiera ayudarían a la región en los buenos y en los malos tiempos, aun cuando eso significara menos fiestas.

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