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Eso es porque una cláusula en la segunda versión de la Directriz sobre Mercados en Instrumentos Financieros (que es lo que significa en español las siglas MiFID) parece ofrecer a las firmas financieras fuera de la UE, como pronto podrían ser las de Londres, un medio para ofrecer sus servicios a clientes dentro de ella.

La estipulación en cuestión permite a firmas financieras fuera de la UE ofrecer servicios de compra-venta, corretaje y suscripción a clientes institucionales europeos, pero no a los minoristas, en tanto el régimen regulador donde estén basadas sea considerado “equivalente” al de la UE.

En teoría, no habría duda sobre la equivalencia de las leyes de Gran Bretaña, señaló Jonathan Herbst de Norton Rose Fulbright, un despacho legal, en tanto Gran Bretaña continúe implementando las reglas europeas hasta su salida. Esto sugiere que, para los bancos y las casas de bolsa basadas en Londres, todo debería funcionar de la manera habitual.

Sin embargo, es probable que se entrometa la política. La estipulación de la equivalencia aún no ha sido probada, ya que la MiFID 2 no entrará en vigor hasta principios de 2018. Sin embargo, la interpretación de los reguladores de una cláusula similar en la Regulación de la Infraestructura del Mercado Europeo (EMIR, por sus siglas en inglés), que rige la compra-venta y la compensación de derivados, es aleccionadora.

La declaración de equivalencia, tanto para la EMIR como para la MiFID 2, está a discreción de la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA, por sus siglas en inglés), con sede en París. Hasta ahora, ha resultado ser en gran medida un “proceso político”, dijo Simon Gleeson de Clifford Chance, otro despacho legal.

Debates

Declarar a las regulaciones estadounidenses sobre las cámaras de compensación equivalentes bajo la EMIR, por ejemplo, tomó más de tres años e involucró un largo debate entre Estados Unidos y la UE sobre el grado al cual Estados Unidos debería adaptar sus reglas para reflejar las de Europa, resuelto solo después de que la ESMA eventualmente cedió.

Como señaló Gleeson, las estipulaciones de equivalencia de la EMIR y la MiFID 2 estaban destinadas originalmente a alentar a otros países a alinear más sus reglas con las europeas, a cambio de un generoso acceso al mercado. Una Gran Bretaña posterior al brexit empezaría con reglas idénticas, pero incluso una pequeña divergencia --una decisión, digamos, para derogar los topes de Europa sobre las bonificaciones de los banqueros-- pudiera ser considerada como un paso inaceptable en la dirección equivocada.

En cualquier caso, según Philippe Morel de Boston Consulting Group, una firma consultora, es poco realista esperar que cualquier decisión sobre la equivalencia pudiera separarse de las más amplias y potencialmente cáusticas negociaciones de salida, en las cuales está destinada a ser usada como una ficha de negociación.

En realidad, la enorme incertidumbre sobre la duración y el resultado de las negociaciones en torno de la partida de Gran Bretaña pudiera ser suficiente para considerar inútil a la MiFID 2 para la City. Si los banqueros no pueden estar seguros sobre cuán pronto se tomará una decisión sobre la equivalencia, o si pudiera ser revisada en cualquier otro momento, no pueden confiar en que la MiFID 2 mantendrá sus operaciones funcionando sin contratiempos.

Una carrera contra el tiempo

Decisiones. Según Philippe Morel, coautor de un reciente reporte conjunto sobre la MiFID 2 realizado por BCG y Markit, una compañía de información financiera, la implementación de la nueva ley ya ha resultado más costosa y consumidora de tiempo de lo que se anticipó, requiriendo una gran revisión de los sistemas de datos de los participantes del mercado. 

Los bancos no querrían correr el riesgo de desperdiciar todo el dinero gastado en cumplir con la MiFID, manteniendo oficinas de operaciones europeas solamente en Londres.

En vez de ello, las compañías financieras con grandes operaciones en Londres probablemente empezarán a establecerse o a fortalecer sus subsidiarias europeas, con el fin de poder seguir operando con clientes europeos, sin importar cómo termine la saga del brexit. Una vez que las operaciones sean trasladadas, quizá no regresen.

Algunos banqueros británicos siguen siendo optimistas, argumentando que retener el acceso a los mercados de capital profundos de Gran Bretaña es tan importante para las empresas europeas que no permitirían que cayera víctima de la mezquina política. Viéndolo bien, algunos pensaron que la City era tan importante para la economía británica que los votantes no se atreverían a poner en riesgo su futuro votando por el brexit.

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