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Muy de mañana, un señor camina por la calle 27 de Mayo, en Managua, comiéndose una mandarina y paso que da, paso donde va dejando la cáscara y los gajos en el suelo.

El hombre se detiene frente a un supermercado a esperar el bus. A unos centímetros de donde está tiene un cesto metálico para la basura, de esos amarillos que la Alcaldía de Managua colocó hace dos años, pero sigue devorando la mandarina y tirando los desechos en el suelo.

Es martes, día en que debe pasar el camión recolector de basura por la calle 27 de Mayo y sus alrededores. La gente empieza a sacar las bolsas y mientras el señor que está en la parada de buses termina de comer la fruta, una señora saca una caja hasta el tope de basura, que se defonda, por lo que ella entra rápidamente a su casa esperando que algún operario se tome el tiempo de recoger los desperdicios.

Al hombre que disfrutó la mandarina y tiró al suelo la cáscara y los gajos se le lanza la pregunta: ¿por qué tira al suelo la basura si tiene tan cerca el cesto de basura? Avergonzado, no responde nada, solo da la vuelta y se aleja, seguramente en busca de otra parada de buses.

Estos ciudadanos son dos ejemplos del mal hábito que tiene la población nicaragüense de arrojar la basura donde no debe, para después hacerse el desentendido. Para el ambientalista Kamilo Lara, director ejecutivo del Foro Nacional de Reciclaje (Fonare), un promedio de nicaragüenses ha venido perdiendo ese amor por la naturaleza desde hace unos 20 años.

“Si bien es cierto la cultura se traduce en hábitos y costumbres, podemos decir que arrojar basura no es parte de la cultura del nicaragüense, partiendo de nuestros abuelos, quienes en su inmensa mayoría no eran ni biólogos, ni ecólogos, ni tenían grandes conocimientos ambientales, pero sí eran personas muy cultas que tenían costumbres amigables con el medio ambiente”, expresó Lara.

David Narváez, presidente de la Red Nicaragüense de Emprendedores del Reciclaje (Rednica) explicó que arrojar basura donde a la gente se le antoje no es un problema de cultura, sino más bien de conciencia, porque los medios de comunicación están abordando el tema todos los días, pero la población no llega a atender el problema a fondo.

“Esto viene directamente a afectar la salud del pueblo por el virus del zika y el chikungunya, cuyo zancudo se reproduce por no tomar medidas higiénicas, también estamos deteriorando a nuestro medio ambiente, y a su vez estamos generando grandes gastos a las municipalidades que bien podrían estar invirtiéndolos en calles o cualquier otra cosa”, dijo Narváez. Entre enero, febrero y marzo del año pasado, la Alcaldía de Managua (ALMA) invirtió C$52.2 millones en la recolección de desperdicios de Managua. Mientras, el documento What a waste: A Global Review of Solid Waste Management (Qué desperdicio: Una revisión global de la administración de desechos sólidos), publicado por el banco Mundial en 2012, señala que la cobertura promedio del servicio de recolección de basura en Managua ronda entre el 80% del total producido y proyecta que la generación de basura por persona se duplicará en el 2025, pasando de 0.7 kilogramos a 1.5 kilogramos por día.

SIN RECOLECTAR

En el documento “Instrumentos Económicos Para un Eficiente Manejo de los Desechos Sólidos en la Ciudad de Managua”, publicado por el Banco Central de Nicaragua (BCN) se detalla que actualmente más del 20 por ciento de la basura que se genera en la ciudad de Managua no se recolecta, tanto por la falta de recursos y capacidad técnica de la municipalidad como por aspectos culturales de sus habitantes.

Lara explicó que la cantidad de basura que queda sin recoger en las calles y los parques es por el descuido de los ciudadanos, que no atienden los esfuerzos municipales.
Este problema se pronuncia más en los cascos urbanos, mientras que en las zonas rurales es más común en la gente que vive a las orillas de las carreteras.

 
ABUSO DEL PLÁSTICO

 Sobre el aumento de contaminación en las calles, Lara expresó que esta se produce porque ha incrementado la generación de bienes, misma que no es amigable con el medio ambiente.

“Vemos triple empaques para determinados productos y eso genera más basura, también vemos cómo en los supermercados se abusa en el uso de las bolsas”, indicó.

El ambientalista añadió que si se le pusiera precio al plástico que está en la calle, no lo veríamos como ahora, tal como sucede con las llantas, que antes eran un dolor de cabeza porque la población se deshacía de ellas arrojándola en los cauces.

Ese hábito empezó a desaparecer desde que las llantas usadas tienen buen precio, pues se están recolectando para hacer cercos de jardines y en la construcción para retener los suelos.

El presidente de RedNica, David Narváez, señaló que desde las escuelas se están haciendo grandes esfuerzos para que los niños tomen conciencia sobre el manejo de los desechos sólidos.
Por ejemplo, desde RedNica se efectúan charlas educativas entre los estudiantes de 32 colegios de Ciudad Sandino acerca del uso, manejo y separación de los residuos desde preescolar hasta secundaria.

Lara expresó que dentro del modelo curricular de las escuelas hay contenidos sobre el tema ambiental, que son abordados como ejes transversales.

“Hablar de medio ambiente no solo es para la clase de Ciencias Naturales ni para Biología, ni para Química, por ejemplo, en Matemática podés decirle a los estudiantes: si tenés cinco árboles, cuánto oxígeno producirán, o por ejemplo, en español, los cantos y los poemas sobre el ambiente pueden ayudarte a plantear y darle un sentido distinto y creativo al tema”, manifestó.

Lo que hace falta, a juicio de Lara, es aplicar con mano  fuerte las ordenanzas municipales y todo el cuerpo de legislación ambiental.

“La aplicación estricta de la ordenanza municipal debe ser el pan nuestro de cada día, para que podamos tener un país muy presentable al mundo, sobre todo, presentable ante nosotros mismos”, expresó.

LA SITUACIÓN EN MANAGUA

Mientras en los años ochenta las autoridades instalaron en Managua enormes contenedores de metal para recolectar basura, a inicios del 2000  se pusieron barriles para tirar la basura, los cuales se deterioraron en poco tiempo a causa del maltrato.

Después, para tratar de controlar los botaderos ilegales, la Alcaldía de Managua utilizó contenedores de mitad de un barril, sostenidos por barras metálicas, pero los líquidos de los desperdicios terminaron por dejarlos sin fondo.

En 2013 se inició la construcción de contenedores de concreto con capacidad de 54 metros cúbicos de desechos, ubicados en 40 puntos autorizados.

Además, en las cercanías de las paradas de buses se instalaron contenedores amarillos que parecían metálicos, pero cuando los pobladores comenzaron a quemar basura en ellos, se dieron cuenta que eran plásticos.

Los contenedores más recientes son seis recipientes pequeños metálicos ubicados en las paradas de buses, sin embargo, son muy pequeños y donde hay actividad de trabajadores por cuenta propia, estos los llenan pronto.

Las denuncias

REGISTROS. Según datos proporcionados por Kamilo Lara, director ejecutivo del Foro Nacional de Reciclaje (Fonare), entre enero y mayo se contabilizaron 1,780 denuncias e inspecciones, confirmando delitos ambientales, de los cuales prevalecen un 80% por tirar basura en sitios prohibidos y el restante por corte de árboles, contaminación por humo y ruido.

Las multas estuvieron centralizadas en comercios, industrias y a nivel doméstico.

Del total de denuncias, el 85% fueron inapelables.  David Narváez, presidente de RedNica, explicó que así como se hizo un hábito el uso del cinturón de seguridad en los vehículos con la implementación de la Ley para el Régimen de Circulación Vehicular (Ley 431), así se debe volver una costumbre el no arrojar basura en la calle.

Lara también reconoció que aparte de la imposición de multas también es necesario educar desde el hogar, sin embargo, la generación adulta es la que más dice y desdice sobre los hábitos ambientales.

“Conozco padres que no aprovechan lo que las escuelas están formando, en el caso que el niño le diga a sus papás por qué no ponés la basura en su lugar y los adultos optan por decirle ‘chavalo malcriado, vos no me vas a decir lo que tengo qué hacer’, entonces el niño que está tratando de formarse, al final termina haciendo lo mismo que sus mayores”, finalizó.

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