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Antes de comenzar la misa cada sábado por la noche en una parroquia de Iowa, el nicaragüense Nils Hernández De La Llana recuerda el temor que lo invadió cuando viajó a Estados Unidos de forma ilegal, poniendo en riesgo su vida y quedando preso una vez en México.

“Me entró mucho miedo porque nunca había sido arrestado antes en mi vida”, dice este sacerdote nicaragüense, ahora establecido en Estados Unidos.Nils Hernández De La Llana es de Nagarote, León.

Hernández De La Llana, quien oficia misa todos los días en inglés y los sábados en español, en la parroquia Santa Brígida, en Postville, Iowa, Estados Unidos, descubrió lo más difícil de la vida cuando migró por tierra e ilegal.

Su travesía está marcada no solo por el miedo, sino por la desesperación y por una inquebrantable fe en que cumpliría su sueño americano.

El ahora sacerdote dejó Nicaragua por la inestabilidad económica y política que había al final de los años 80.

Salió de su natal Nagarote, León, en 1988, cuando tenía 19 años.

LA TRAVESÍA

Llegó a Guatemala para reunirse con Ramón y Gloria Largaespada, una familia nicaragüense que le extendió la mano por tres meses, mientras sus familiares, que vivían en Los Ángeles, California, le enviaban el dinero para pagar al coyote que lo llevaría por tierra por todo México, hasta llegar a Estados Unidos.

“Mi mundo cambió totalmente desde que entré al aeropuerto de Managua para abordar el avión que me llevaría a Guatemala. Fue muy difícil decir adiós a mi familia sin saber cuándo les vería nuevamente o sin saber lo que me esperaba en mi destino final. Fue el inicio del exilio, como el pueblo israelita que caminó guiado por Moisés en el desierto”, dice el religioso.

“Recuerdo que mis padres me dieron la bendición y me dijeron: nunca abandonés tu fe en Dios y la Santísima Virgen, que ellos te van a acompañar en lo que viene”, agrega el sacerdote.
Su familia le envió US$900 que sirvieron para pagar al coyote que lo llevó por todo México.

Explica que cruzaron la frontera de noche por el río que divide a Guatemala y México, por la parte de Tecún Umán.

Junto a Hernández De La Llana iban 50 dominicanos, 2 salvadoreños y otro nicaragüense.

“La pasada fue llena de muchos temores, porque la balsa en la que íbamos, hecha de madera y neumáticos de llantas de camión, tronaban mucho y no había ningún soporte más que apoyarse de los demás pasajeros y el guía. El río estaba muy crecido y era muy ancho. Cuando pasamos a la otra orilla del río, el guía dio gracias a Dios y nos dijo que días atrás murieron 20 personas que intentaron cruzarlo. Eso me llenó más de temor”, admite.

BURLAN RETENES

En México, el grupo de migrantes burló varios retenes policiales hasta llegar a la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, donde la suerte los abandonó: guardias federales los arrestaron y enviaron a las cárceles de la ciudad de Veracruz.

“Entró mucha incertidumbre en mi corazón. No sabía qué pasaría. Pasamos uno por uno a la cárcel y nos investigaron rigurosamente el por qué entramos indocumentados a México. Pero gracias a Dios pasamos todo el cuestionamiento y examinación médica. Me entró miedo muchas veces dentro de la cárcel porque no sabía qué tipos de reos se encontraban allí”, afirma.

Estuvo preso dos semanas en Veracruz y luego fue deportado a Guatemala, donde se quedó deambulando por varios días en la frontera, esperando que su familia en Los Ángeles le enviara otra remesa para poder pagar la cuota a otro coyote que lo llevaría hasta Estados Unidos.

Esta vez, el precio para que lo cruzaran hasta territorio estadounidense fue más alto: US$3,000.

Duró varios días cruzando el territorio mexicano, aguantando hambre, sed y cansancio, hasta llegar a Tijuana, donde permaneció dos días antes de cruzar la frontera a Estados Unidos.

“Pasamos a Estados Unidos en el baúl de un carro en el que 8 personas íbamos acomodadas como sardinas, hasta llegar a una casa de escondite para inmigrantes en San Diego, California.

Allí pasé varios días antes de contactarme con mi familia”, precisa.

Cuando logró reunirse con sus familiares, gestionó un permiso que en ese entonces beneficiaba a los centroamericanos con un asilo político, una vez que pisaban territorio norteamericano.

Los primeros trabajos de Hernández De La Llana fueron limpiando casas o camiones de comida, también en la construcción, entre otras cosas, lo que le ayudó a pagar la deuda adquirida para llegar a Estados Unidos.
 

OTRA PRUEBA

La vida de Hernández De La Llana parecía más estable, pero su situación cambiócon el triunfo electoral de Violeta Barrios de Chamorro, en 1990.

El ahora sacerdote recibió una carta del gobierno estadounidense explicando que su permiso de asilo político era revocado porque Nicaragua estaba bajo una democracia, por lo que le pedían abandonar Estados Unidos.

“Me llené de mucho miedo porque tenía que hacer una transición de regreso a Nicaragua sin saber qué tan estable estaba la política o la situación por allá. Ya me había acostumbrado a la nueva vida y a las oportunidades que tenía de poder continuar en mi vocación al sacerdocio, pero todo se me vino abajo nuevamente”, lamenta.

Hernández De La Llana retornó a Nicaragua e intentó buscar una visa de estudiante, pero se la negaron.

En aquel momento, decidió emprender de nuevo su viaje a Estados Unidos, siempre indocumentado. Esta vez entró por la frontera de Matamoros, México, sin ningún problema.

Cuando llegó a Estados Unidos, le reveló al director de formación de la iglesia católica donde estudiaba sobre su situación migratoria.

Su superior le recomendó aplicar a una visa de trabajador religioso, le consiguió un abogado de inmigración y la iglesia a la cual él asistía le sirvió como patrocinador.

En este nuevo proceso, Hernández De La Llana regresó a Nicaragua para solicitar la visa.

Su fe en Dios nunca la abandonó y en menos de 6 meses su petición fue aprobada: obtuvo una visa de residente permanente.

“Siempre me dio temor que al ingresar a Estados Unidos me negaran la entrada, pero con fe firme en Dios no hubo problemas y el oficial me dijo: bienvenido como residente de Estados Unidos, esperamos goce de sus beneficios y que sea un ciudadano muy productivo. Yo le dije, ‘gracias y que Dios le bendiga’”. 

La vocación

CREENCIA. El sacerdote Nils Hernández De La Llana descubrió el amor por la religión católica desde los 14 años.

Su sueño, desde que salió de Nicaragua, era convertirse en sacerdote. Estudió religión en las universidades de East Los Ángeles College, California. También en el Colegio del Verbo Divino y Loras College en Dubuque, Iowa. En este último, sacó una licenciatura en filosofía y un título en estudios religiosos.

Además, estudió en la universidad Pontificia Santa María en Baltimore, Maryland, donde logró en mayo de 2004 una maestría en teología y un título en Pontificio (STB). Desde ese año ejerce como sacerdote. En la actualidad es párroco de tres iglesias agrupadas en la Trinidad, en Monona, Iowa. Oficia misas en inglés todos los días. Los sábados a las 7 p.m. la misa la ofrece en español en la parroquia Santa Brígida, en Postville, Iowa.

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