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Portadores que cargaban ataúdes garabateados con el mensaje “No+AFP” se unieron a decenas de miles de chilenos en Santiago el 21 de agosto para protestar contra el sistema de pensiones privatizado del país. Los organizadores -una combinación de sindicatos, asociaciones de pensionistas y grupos defensores de los consumidores- dicen que, nacionalmente, se manifestaron un millón (quizá una exageración). Las pensiones son demasiado pequeñas, se quejan los manifestantes. Después de “años de abuso la gente finalmente tiene que despertar”, dice Ernesto Medina Aguayo de Aquí La Gente, un grupo de presión.Michelle Bachelet, presidenta de Chile.

El programa contra el que protestan, lanzado por la dictadura de Augusto Pinochet hace 35 años, fue un modelo para otros países en desarrollo como Perú y Colombia. En vez de abrumar al Gobierno con un sistema prohibitivo de pagar una jubilación al momento del retiro, en el cual los contribuyentes de hoy apoyan a los pensionistas de hoy incluso conforme la población envejece, Chile creó uno en el cual los trabajadores ahorran para su propio retiro pagando 10 por ciento de sus ingresos a cuentas individuales. Estas son manejadas por administradoras privadas, llamadas “AFP”.

En cierta forma, el sistema funcionó. Las contribuciones a las AFP fluyeron a los mercados de capital, lo cual impulsó el crecimiento. El crecimiento anual del producto interno bruto de 1981 a 2001 fue 0.5 puntos porcentuales más alto de lo que habría sido sin la inversión, según un estudio. Esto ayudó a sacar a millones de personas de la pobreza.

EXPECTATIVAS

Qué lástima, los beneficios no han correspondido a las expectativas poco realistas de la gente. Los fundadores del plan dijeron a los trabajadores que si contribuían continuamente a lo largo de sus carreras recibirían un generoso 70 por ciento de sus salarios finales al momento del retiro. Y, en realidad, los varones que aportaron durante 30 años o más recibieron una pensión promedio del 77 por ciento de su salario final. Pero la mayoría de los trabajadores contribuyeron con mucho menos. Las mujeres se tomaron periodos de descanso para criar a sus hijos (y se retiran antes que los hombres). Muchos chilenos pasaron tiempo en empleos informales o desempleados. En promedio, contribuyeron durante solo 40 por ciento de sus años laborales óptimos.
Para la mayoría de la gente, la tasa de contribución del 10 por ciento, apenas la mitad del promedio en la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, un club de países principalmente ricos, es demasiado baja. Como resultado, el beneficio típico, que incluye un suplemento pagado a los pobres, es de 45 por ciento del salario final de un pensionado, muy por debajo del promedio de la OCDE de 61 por ciento. Las mujeres están peor. Ellas se llevan a casa pensiones con valor de 31 por ciento de sus salarios finales, comparado con 60 por ciento para los hombres. En 2008, el Ggobierno decidió recompensar a las madres por cada hijo que hubieran criado aumentando sus pensiones, pero eso no compensa por completo la diferencia.

Chilenos con otras quejas se han enganchado a la causa de los pensionados. Algunos denuncian los orígenes dictatoriales del sistema. Los escépticos del capitalismo se quejan de que el plan ha enriquecido a astutos administradores de fondos. Dos exdueños de AFP Cuprum están siendo investigados bajo cargos de que hicieron contribuciones de campaña irregulares a docenas de políticos derechistas. El sistema ha generado altos rendimientos para los pensionados, promediando 8.6 por ciento al año entre 1981 y 2013. Pero las altas comisiones de las AFP han restado una gran porción a esos rendimientos, reduciéndolos entre 3 y 5.4 por ciento.

QUEJAS JUSTIFICADAS

Las quejas por tanto tienen cierto mérito. Las AFP y el Gobierno no insistieron lo suficiente en que el nivel de contribución normal, interrumpido por periodos de desempleo, no compraría pensiones que satisficieran la meta del 70 por ciento; solo 0.2 por ciento de los trabajadores incrementa sus contribuciones a esa cantidad. La competencia entre las AFP fue poco entusiasta, lo que les permitió mantener altas las comisiones. Varias las redujeron después de una reforma en 2010, en la cual a la AFP que ofreciera la comisión más baja se le concederían todos los nuevos contribuyentes.

Exigen cambios

PETICIÓN • Algunos manifestantes quieren que la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, reemplace el plan de pensiones privadas con un sistema de pago al retirarse financiado por el Estado que ofrezca beneficios definidos. Muchos expertos favorecen una reforma menos drástica. Varios países que adoptaron el modelo chileno han pasado a un sistema mixto, en el cual el Estado complementa, pero no reemplaza, a los fondos privados, señala Nicholas Barr de la Escuela de Economía de Londres.

Chile ya está avanzando en esa dirección. Un plan financiado por impuestos introducido en 2008 para los chilenos con ingresos relativamente bajos, el 60 por ciento de la población, pagará más de la mitad de la cuenta de pensiones del país para 2030, dice David Bravo, quien encabezó una comisión gubernamental sobre las pensiones el año pasado. El 9 de agosto, Bachelet propuso reformas adicionales, incluida una contribución del 5 por ciento que será cargada a los empleadores, la cual se destinará a aumentar las pensiones más bajas. Una nueva AFP propiedad del Estado ofrecerá más competencia a las privadas. Los cargos ocultos serán eliminados. En vez de enterrar el plan de pensiones de Pinochet, Bachelet podría darle un segundo aire.

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