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La compañía mundial de viajes compartidos eligió el área como su sitio para desarrollar y probar autos sin conductor, y recogió a sus primeros clientes el 14 de septiembre, pero un periodista experimentó un viaje el día anterior.

El vehículo se desplazó suavemente por la bulliciosa Penn Avenue, deteniéndose en los cruceros con letreros de alto en las cuatro esquinas y ante los semáforos, y desacelerándose para permitir que otros autos se estacionaran en paralelo. Rebasó a camionetas de reparto estacionadas en doble fila. E incluso se detuvo ante peatones que cruzaron de manera imprudente.

Los autos no carecen verdaderamente de conductor todavía. Durante la prueba, un empleado de Uber estuvo sentado detrás del volante, listo para tomar el control si algo salía mal. Un segundo empleado, una especie de copiloto, estuvo sentado en el asiento del pasajero al frente, monitoreando una pantalla y alertando al piloto sobre lo que el auto “veía”, incluidos otros vehículos, el tráfico próximo, los potenciales obstáculos y las elevaciones; Pittsburgh está muy ondulado. Otro monitor en el asiento trasero permitía a los pasajeros ver lo que el auto estaba viendo.

Para fines de año, 100 de los autos Volvo de la compañía estarán en las calles, pero, mientras tanto, una flota de Ford Fusion está recogiendo a los pasajeros. Un gran láser rotatorio, uno que recuerda mucho al capacitador de flujo de la película “Volver al Futuro” (1985), estaba montado en el techo. El auto también fue acondicionado con 20 cámaras externas, dispositivos de medición para aceleración y orientación, sensores de radar de 360 grados y antenas separadas para posicionamiento GPS y datos inalámbricos.

El futuro en Pittsburgh

Pittsburgh es ideal para las pruebas. Tiene el talento, porque Uber contrató al departamento de robótica de la Universidad Carnegie Mellon el año pasado. Raffi Krikorian, quien encabeza al centro de investigación de la compañía en Pittsburgh, llama a la ciudad el “doble diamante negro de la conducción”. Tiene un sistema vial serpenteante, condiciones climáticas extremas y mucho tráfico. Los conductores ahí están acostumbrados a las rarezas como lo que se conoce como la “vuelta izquierda de Pittrburgh”, en la cual el tráfico que se aproxima cede el paso a los autos que dan vuelta a la izquierda. Si Uber puede dominar la conducción autónoma en Pittsburgh, dijo Krikorian, puede hacerlo en casi todas partes.

La ciudad es lo suficientemente pequeña para hacer las cosas, pero lo suficientemente grande para que el mundo lo note. Tener el apoyo del Ayuntamiento para el laboratorio urbano ayuda. Incluso antes de que Uber viniera a Pittsburgh, el alcalde Bill Peduto estaba peleando con legisladores estatales para permitir el servicio de viajes compartidos.

Perder el miedo al riesgo

Dudas • El gobierno local debe correr riesgos y comportarse como una empresa emergente, dijo: “”La regulación nunca estará por delante de la innovación. Si se sientan a esperar, la innovación sucederá, pero en alguna otra parte”.

Puesto en el asiento del conductor por un periodo breve, el periodista necesitó intervenir cuando, a medio camino de una vuelta, la luz del semáforo se puso en rojo y el auto repentinamente se detuvo. Por lo demás, sin embargo, el viaje se sintió seguro.

No todos los residentes de Pittsburgh están convencidos.

“Yo quisiera saber que es 100 por ciento a prueba de tontos antes de adoptarlo”, dijo la estudiante Shelby Rocco.

Mike Taylor, un banquero que usa Uber todo el tiempo, no tuvo reservas. Se sintió mal por los conductores, de quienes sospecha que perderían sus empleos, pero no por él mismo.

“Será agradable no tener que mantener más conversaciones incómodas”, dijo.

  • 14 de septiembre la compañía Uber desarrolló y probó sus autos sin conductor, y recogió a sus primeros clientes. 

    

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