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El republicano ha hablado abiertamente de retirar a su país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, elevar los aranceles a las importaciones mexicanas y gravar las remesas. Cuan realista sea cada una de estas propuestas, y qué efecto tendrían en la economía mexicana, es poco claro, pero su política comercial agresiva da a los inversionistas suficiente motivo para preocuparse. El peso es una moneda altamente líquida usada frecuentemente para compensar la exposición al riesgo global. Cayó significativamente después de que los británicos votaron en junio a favor de abandonar la Unión Europea, aun cuando México y Gran Bretaña tienen poco comercio.Peso se ve como representante de la elección en EE.UU.

Ahora está siendo usado como una cobertura contra la posible turbulencia de una presidencia de Trump. “El peso es visto como el representante más puro de la elección estadounidense”, dijo Andrés Jaime de Barclays Capital. El descenso del peso molesta al Gobierno mexicano porque atrae una atención no deseada al país. “Los inversionistas se preguntan si hay algo malo con México que no estén viendo”, dijo Luis Arcentales de Morgan Stanley. El banco central, que estaba reunido mientras este artículo iba a la prensa, podría tratar de apoyar a la moneda elevando las tasas de interés, actualmente en 4.25 por ciento, por tercera vez este año. Un creciente déficit de cuenta corriente y una deuda cada vez más grande argumentaban a favor de la restricción, mientras que una contracción del PIB en el segundo trimestre y el deseo de esperar hasta después de la elección argumentaban en contra. Sería improbable que incluso un aumento de la tasa frenara el deslizamiento del peso si Trump ganara.

El tipo de cambio, actualmente de 19.60 pesos por dólar, bien pudiera tambalearse hacia los 22 pesos.Sin embargo, aunque los mexicanos necesitan pocas excusas para vituperar a Trump, no pueden achacarle todos sus males monetarios. Más de 18 por ciento de los ingresos del Gobierno provienen del petróleo. Esa parte se está reduciendo, pero los bajos precios petroleros y la declinante producción siguen golpeando al presupuesto gubernamental. Una contracción en la producción industrial estadounidense y las economías débiles en Latinoamérica también están afectando a la demanda externa. Una derrota de Trump solucionaría solo uno de los problemas del peso.

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