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La calma que causa náuseas es desagradable, pero vence al pánico atenazador.

A última hora del 29 de septiembre, el precio accionario del Deutsche Bank se tambaleó de nuevo, a su nivel más bajo en 34 años, después de que Bloomberg reportó que “alrededor de 10” fondos de cobertura habían retirado algunas operaciones del prestamista alemán en problemas.

Con eso culminaron dos semanas de estar con un nudo en el estómago, después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos solicitó 14,000 millones de dólares para llegar a un acuerdo sobre denuncias de que el Deutsche había representado ilegalmente sus valores respaldados por hipotecas residenciales antes de la crisis financiera.

Desde entonces, las esperanzas de que el banco pudiera llegar a un acuerdo con el Gobierno estadounidense por alrededor de 5,000 millones de dólares, aunque hasta ahora no cumplidas, habían producido un respiro incómodo. El 5 de octubre, las acciones del Deutsche Bank estaban un 20 por ciento por encima de su nivel más bajo. Un acuerdo rápido y asequible pondría fin a la incertidumbre sobre la cuenta total y acallaría las conversaciones, desdeñadas por el Gobierno y el banco, de que el Estado alemán tendría que apuntalar al prestamista más grande del país.

A PEDIR DINERO

También compraría tiempo. Pese a la reciente recuperación las acciones del Deutsche Bank bajaron en más de la mitad este año. El banco tiene un colchón de capital más delgado que otros bancos europeos importantes. Quizá aún tenga que pedir dinero a los inversionistas, aunque dice que no planea vender activos y ha empezado una retrasada reestructuración. En este momento, lo último que quiere -aparte de la vergüenza de un rescate- es mendigar. El Departamento de Justicia podría meramente embolsarse lo que consiguiera.

Expresado simplemente, el problema básico del Deutsche Bank es que es difícil ver de dónde procederán las utilidades.

La banca de inversión está deprimida en todo el mundo, y el otrora aventurero Deutsche Bank está perdiendo ante los bancos estadounidenses. Peor aún, a diferencia de los estadounidenses, carece de un bastión nacional. Es solo un actor pequeño en la banca minorista alemana, y pretende vender Postbank, al cual compró en 2008-2010. En un país de 1,750 prestamistas, mayormente bancos del sector público local o cooperativas, las ganancias son escasas. Commerzbank, su rival más grande, está recortando 9,600 empleos.

PERSECUCIÓN

Algunas de las dificultades del Deutsche Bank son propias o compartidas solo con algunos otros grandes bancos europeos. El Departamento de Justicia también está persiguiendo a Barclays, Credit Suisse, HSBC, el Royal Bank of Scotland y UBS por los valores respaldados por hipotecas.

En su lucha por la rentabilidad, sin embargo, Deutsche está lejos de estar solo. Especialmente en el área del euro, los prestamistas grandes y pequeños están sufriendo.

Una razón importante es el lento crecimiento de la zona monetaria, aunado a las tasas de interés ultrabajas -producto de los esfuerzos desesperados por estimular la inflación por parte del Banco Central Europeo- y una curva de rendimiento plana. Eso ha exprimido el margen entre las tasas sobre los depósitos y los créditos: Aunque el BCE ha llevado sus tasas de depósito por debajo de cero, pocos bancos se han atrevido a hacer lo mismo. Funcionarios del BCE argumentan que su política ha ayudado a los bancos, porque los crecientes precios de los bonos y una mejorada calidad del crédito han compensado la presión sobre los márgenes y el dinero barato ha estimulado el crédito. Los banqueros se permiten disentir.

Hasta ahora, según Stuart Graham de Autonomous, una compañía de investigación, los efectos de las tasas de interés negativas sobre la rentabilidad ya deprimida de los bancos son difíciles de identificar. Sin embargo, los prestamistas sufrirán mucho más.

El grado de vulnerabilidad varía de un país a otro. Bancos minoristas más simples, que dependen de los depósitos para sus fondos y de los préstamos para sus ingresos, notablemente en Alemania e Italia, están más expuestos. Los bancos regionales en Japón, donde las tasas también son negativas, están en una situación similar. Graham estimó que el rendimiento sobre el capital de los bancos de ahorros alemanes pasará de 6.5 por ciento a solo 2 por ciento para 2021.

Las elevadas deudas sin desempeño de los bancos españoles e italianos significan que no pueden beneficiarse de las bajas provisiones para préstamos perdidos implicadas por las tasas ultrabajas.

DISPARIDAD EN RENDIMIENTOS

Sin embargo, si se ven beneficiados por un crecimiento más fuerte y son provistos de mejores modelos de negocios, los bancos pueden soportar las tasas negativas. Los bancos suecos, señaló Graham, tuvieron un rendimiento del 11 por ciento el año pasado y los bancos cantonales suizos se las ingeniaron para redituar 9.9 por ciento, mientras que en algunos países de la zona del euro los rendimientos fueron menores al 2 por ciento. Los suecos y los suizos dependen menos de los ingresos por intereses netos o el financiamiento de los depósitos que los prestamistas locales alemanes o japoneses. Según S&P Global Market Intelligence, los bancos suecos se jactan de tener una proporción costo-ingresos de 46 por ciento, frente al 72 por ciento de Alemania y el 67 por ciento de Italia.

Algunos países han hecho extensas reparaciones posteriores a la crisis en sistemas bancarios hechos jirones. En España, donde los bancos de ahorro fueron rescatados en 2012 y los prestamistas han aparatado miles de millones para cubrir deudas malas, los préstamos sin desempeño han caído de 13.6 por ciento del total en 2013 a 9.4 por ciento. El número de sucursales bancarias ha sido reducido en un tercio desde 2008. Un repunte en el crecimiento del PIB a 3.2 por ciento el año pasado también ayudó. Sin embargo, la rentabilidad sigue siendo preocupante, en parte porque los bancos más grandes de España dependen más de los márgenes de interés y menos de las comisiones que el promedio de la zona del euro.

En otras partes, la restauración tiene mucho trecho por recorrer. En Italia, los banqueros encabezados por JP Morgan Chase están tratando de salvar al Monte dei Paschi di Siena, el tercer banco más grande del país, y el más antiguo del mundo. El plan involucra dividir 31,000 millones de dólares de préstamos malos en una entidad separada e inyectar nuevo capital al banco depurado. Unicredit, el banco italiano más grande, está revisando su estrategia bajo un nuevo director ejecutivo. Atlante, un fondo privado financiado por bancos, aseguradoras y otros, ha absorbido a dos bancos pequeños y enfermos y también comprará préstamos malos.

LLEGAN MÁS CAMBIOS

Las continuas demandas de capital son otra queja general. Pocos disputan que los bancos estaban demasiado escasamente capitalizados antes de la crisis. Si las definiciones de hoy hubieran sido usadas en 2007, dijo Graham, la proporción del Deutsche Bank de capital común en relación con los activos de riesgo ponderado, una medición importante de la resiliencia, habría sido de solo 1.8 por ciento. Ahora es de 10.8 por ciento. Los reguladores quieren 12.25 por ciento para 2019, y la propia meta del Deutsche Bank es de 12.5 por ciento para 2018. Sin embargo, están por venir más cambios, los cuales algunos bancos europeos consideran muy engorrosos.

Los bancos protestan mucho. Entre 2007 y 2015, según Hyun Song Shin del Banco de Pagos Internacionales, 90 bancos de la zona del euro pagaron dividendos de 250,000 millones de dólares, teniendo ganancias de solo 390,000 millones de dólares. Si hubieran conservado ese dinero, sus colchones de capital en teoría habrían aumentado en 64 por ciento. Como los bancos más fuertes tienden a prestar más, añadió Shin, las utilidades, los ingresos y el capital habrían sido incluso mayores.

Sin duda, estos son tiempos difíciles para los bancos de Europa, pero muchos podrían haberse facilitado la vida.

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