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Primera entrega

La oficial de Migración mantiene un silencio hermético mientras revisa y sella el pasaporte en poco más de un minuto. Antes, apenas le oí responder el saludo: Good morning. Mientras ella constata los datos, la voz de una máquina me indica poner los dedos índices en el escáner y mirar a la cámara. La oficial estampa dos sellos en una página de la libreta y, siempre callada, me la devuelve; hace un ligero movimiento de cabeza y esboza una sonrisa que interpreto como “es bienvenido”.La ciudad de Seúl combina naturaleza con desarrollo urbano.

Así de rápido y sin visa entro a la República de Corea por el aeropuerto de Incheon, a 60 kilómetros de Seúl, extrañando el interrogatorio rutinario de otras terminales: De dónde viene, a dónde va, qué hará, por qué, para qué…

Un economista me explica más tarde que Corea del Sur es un país muy abierto a los extranjeros como parte de sus políticas económicas, razón por la que ciudadanos de decenas de países, incluida Nicaragua, entran sin visa y pueden permanecer aquí 90 días continuos.

“Antes, los negocios internacionales se hacían con productos, ahora es con recursos humanos y capitales, la inversión directa de extranjeros, por ejemplo”, dice Siwook Lee, profesor de economía y uno de los directores del Instituto para el Desarrollo de Corea (KDI), el principal centro de pensamiento de este país.

Huh Tae-wan, subdirector general del Ministerio del Exterior para Latinoamérica, atribuye esa apertura a una política de retribución: “Así como los coreanos son aceptados en otros países, nosotros aceptamos a quienes vienen de esos países”.

LA SUPERACIÓN

El nuevo carro híbrido que está lanzando al mercado la industria coreana.Uno de los “milagros” de esta nación asiática es haber reducido la pobreza del 80% al 8% en tres décadas, después de quedar en la ruina tras la guerra de Corea (1950-1953).

Era uno de los países más pobres del mundo, con un ingreso per cápita de US$79, y hoy, 63 años después, el ingreso por habitante en Corea del Sur es de US$29,000.

 

El nuevo socio asiático de Centroamérica, región con la que afina los últimos detalles de un tratado de libre comercio, tiene 50 millones de habitantes en una superficie de 100,212 kilómetros cuadrados, lo que significa que allí viven cinco millones de personas más que en la región centroamericana, en un área cuatro veces menor.

En 1962, el ingreso por persona en Corea del Sur (US$104) era inferior al de México (US$369).

Más de 50 años después, esa relación se invirtió de forma notoria; en 2014 el PIB per cápita de México fue de US$10,326 y el surcoreano de US$27,921, indican estudios del KDI. Para entonces, Corea del Sur también superaba en ese campo a algunas economías de su vecindad, como la de China (US$7,590), India (US$1,582), Filipinas (US$2,873) y Sri Lanka (US$3,819).
¿Cómo lo consiguieron? “No hay una clave”, responde Siwook. “Teníamos una pobreza extrema sin recursos naturales; solo teníamos capacidad de recursos humanos. En los años 70 el país se enfocó en la industria pesada y en los años 80 se invirtió en la industria de acero, automóviles y electrónica”.

Uno de los frutos de las inversiones de aquellos años está en Suwon, en la ciudad digital de Samsung donde trabajan 34 mil personas, jóvenes la mayoría, y los visitantes pueden conocer la historia de las innovaciones electrónicas de Corea del Sur y el mundo recorriendo un museo que al final muestra 22 novedades tecnológicas que lanzarán al mercado en algún momento, como la pantalla transparente y los aparatos controlados por el pensamiento.La zona de Gangnam, en Seúl, que inspiró la famosa canción Gangnam Style.

En estas empresas los jóvenes recién graduados de la universidad obtienen un salario inicial de US$30 mil por año.

“Se invirtió primero en los estudiantes, garantizando la educación universal hasta los 14 años, y por eso en el mercado laboral hemos tenido mano de obra de calidad”, dice Ji Yung Park, del equipo de investigadores del KDI.

LOS INMIGRANTES

Para los surcoreanos los años 60 y 70 también fueron épocas de emigración; miles salían del país en busca de empleo y en Alemania, por ejemplo, hallaron oportunidades las enfermeras y quienes estaban dispuestos a trabajar como mineros.

De esa experiencia surgió la política de apertura del Gobierno de Corea del Sur, el cual empezó a suscribir convenios con otros países para que, de manera recíproca, facilitaran la entrada a los migrantes surcoreanos.

“Antes el país era muy cerrado a los extranjeros, pero la única manera de sobrevivir era siendo abiertos”, explica Park. “Ya se ha vuelto famoso ese proceso rápido de entrada al país, los extranjeros le hacen elogios”.

La apertura surcoreana está tomando otro giro; ya no busca solo turistas e inversionistas, sino mano de obra calificada porque sus recursos humanos envejecen, la tasa de natalidad es baja (1.2%) y un segmento de la población se niega realizar los trabajos “3 D”, como les llaman en la calle: (difficult, dangerous, dirty), difíciles, peligrosos, sucios.

Huh Tae-wan admite que hay inmigrantes del sur y el centro de Asia que realizan trabajos simples. “Todavía no es un problema esta inmigración, pero queremos traer inmigrantes calificados”, dice y después explica que el Gobierno se ha propuesto cambiar la estructura de la economía para no depender tanto de las grandes empresas y, por eso, está lanzando un programa de desarrollo de las Pymes (pequeñas y medianas).

Los inmigrantes, entre los que ya se cuentan algunos latinoamericanos, paraguayos y peruanos, suelen llegar como turistas y luego adquieren la visa E9 para trabajadores no profesionales, para labores en la agricultura, la construcción o servicios industriales.

El país dispone de 11 tipos de visas de trabajo para inmigrantes. La E7, por ejemplo, es para expertos, incluidos intérpretes, diseñadores y chefs. Hasta agosto el Ministerio de Justicia registraba con esa visa a 9,879 chinos, 1,606 estadounidenses, 1,191 indios y 1,084 vietnamitas, entre otros de nacionalidades distintas.

LA COMPETENCIA

Choi Hoon, jefe de redacción del periódico JoongAng, uno de los tres grandes diarios de Corea del Sur, pronostica que “el año que viene se reducirá nuestra mano de obra y habrá que traer extranjeros”.

“Como tenemos un nivel alto de educación y la tasa de graduados de la universidad es la más alta del mundo, a los jóvenes no les gustan los empleos de Pymes”, dice Hoon y advierte que los inmigrantes “tendrán que ser capacitados para que se adapten como técnicos de alta calidad”.

“El que más tecnología tiene, gana más”, sentencia Kyung Min Jung al referirse a las competencias de Corea del Sur en el mercado mundial, además de estar en varios tratados de libre comercio y con dos potencias, Estados Unidos y la Unión Europea.

Kyung Min, editor de temas económicos de JoongAng, relata que cuando Corea del Sur logró la industrialización, hubo temor de que al exportar electrodomésticos también los japoneses invadieran surcorea con productos similares. Y así fue.  

“Entraron, pero esto aumentó la competitividad de la industria coreana”, relata Kyung Min. “La misma preocupación hubo con los productos cosméticos, que entrarían los japoneses y los europeos; las empresas coreanas mejoraron, invadieron China con sus productos y hoy los turistas vienen a comprar cosméticos coreanos”.

Ji Yung Park, del KDI, comenta que Corea del Sur ha salido adelante porque “cada vez que tenemos una crisis nos proponemos innovar y así el país ha sido sostenible… Lo bueno es que los coreanos no nos conformamos con la situación, siempre intentamos hacer algo ante un desafío”.

Choi Hoon insiste en que, si bien la estrategia de Corea del Sur es exportar productos de alta calidad, China trata de hacerle competencia ofreciendo productos parecidos a precio medio, como smartphones.

“Corea del Sur produce barcos y China ya está produciendo barcos a mitad de precio; y también está ofreciendo precios bajos en la industria del acero. Donde no puede China ser un rival es en el sector de automóviles”, afirma el jefe de redacción del JoongAng.

Después sugiere: “Para evitar una eventual crisis económica, debemos enfrentar a China con tecnología alta. Es necesario aumentar la competitividad, ya hay un método para producir acero sin hornos”.

Los periódicos coreanos informan ese día que la compañía Samsung Electronics fue ubicada como la séptima marca con más valor en el mundo, con un estimado de US$51.8 billones, según la agencia Interbrand. Mientras, Hyundai Motors, el más grande fabricante de carros de Corea del Sur, ya ocupa el sitio 35 de las marcas globales, tras escalar cuatro posiciones en el último año, con un valor de marca de US$12.5 billones.

UN PUENTE

Ser competitivo en los mercados es solo uno de los propósitos de Corea del Sur en el exterior. El otro es ayudar a naciones que quieren superarse, como ha sido su historia. Koica, la agencia de cooperación internacional surcoreana, surgió en la época en que los coreanos emigraban en busca de trabajo y su función era trasladar remesas familiares para proveer divisas al país.

“Cuando ese rol disminuyó, ya teníamos una red de cooperación internacional y con esa experiencia empezamos a ayudar a países en desarrollo”, dice Dong Hyun Lee, director de innovación y tecnología de Koica, quien recuerda que a mediados de la década de los 90, Corea del Sur dejó de recibir ayuda internacional y empezó a dar asistencia a países que la necesitaran, Nicaragua entre ellos. “Estamos aumentando el fondo de cooperación con Centroamérica”, afirma Huh Tae-wan, de la Cancillería, sin precisar cantidades. “Y con el TLC, más empresas coreanas se trasladarán a Nicaragua y llevarán tecnología”.

En Nicaragua operan 33 empresas de origen coreano, la mayoría del área textil, con una inversión acumulada mayor de US$145 millones y la creación de casi 30 mil empleos.

El embajador de Nicaragua en Seúl, Edgardo Cuarezma, dice que ha sido contactado por representantes de grandes empresas coreanas interesadas en abrir o expandir operaciones en Managua, entre ellas Ampelos Entreprise que opera en el ámbito de la industria biotecnológica y equipos médicos. También Posco Daewoo, multinacional del acero y la construcción, que “tiene interés en establecerse en Nicaragua y en el mes de noviembre enviará una misión al país para constatar las oportunidades para la inversión extranjera”, precisó.

Los expertos del KDI en Seúl afirman que mediante la asistencia al desarrollo y los tratados comerciales, Corea del Sur trata de ser puente para que países en desarrollo se conecten con países desarrollados.

“Entramos en los p aíses socios y buscamos la manera de solucionar y mejorar su desarrollo económico”, enfatiza Song Chang Hong, director de políticas de este centro que también brinda asesoría internacional. “Compartimos el conocimiento basado en nuestras experiencias económicas en el tiempo, porque lo importante no es la velocidad, sino la calidad del desarrollo”.

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