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Segunda entrega

El oficial Shin alza la mirada hacia el norte, sobre la zona desmilitarizada, y comenta en voz baja: “Parece tranquilo, pero hay mucho peligro”. Él es un militar surcoreano asignado en el borde de la línea de alto al fuego entre las dos coreas, donde las autoridades de la parte sur descubrieron túneles hechos por los norcoreanos con la intención de invadir, el último en 1978.

En el horizonte se ve ondear una bandera de Corea del Norte y decenas de turistas tratan de ver más desde el sur a través de telescopios, atraídos quizá por las últimas noticias de la amenaza nuclear norcoreana. El Gobierno de Pyongyang hizo el 9 de septiembre su más reciente prueba nuclear, la quinta desde 2006 cuando detonó el primer explosivo de ese tipo, y el peligro sigue latente.

Es sábado y el periódico The Korea Times destaca que los militares surcoreanos están en alerta máxima ante una posible provocación de Corea del Norte.

Una noche antes, en las oficinas de la Cancillería en Seúl, Lee Wonik nos mostraba la imagen satelital nocturna de la península de Corea en la que se apreciaba la parte sur muy iluminada y la norte bastante oscura. “Corea del Sur es la décima primera potencia mundial, Corea del Norte es una de las más pobres del mundo”, dice al explicar el contraste de lo que se aprecia en la pantalla.Monumento a la reunificación de la península coreana, en Corea del Sur.

“La felicidad y el bienestar del pueblo depende de la política de un Gobierno”, continúa Wonik, subdirector general de asuntos nucleares, quien considera que al régimen de Corea del Norte le interesa poco la vida de la población.

Como prueba señala que este año el Gobierno norcoreano lanzó 22 misiles balísticos, mientras en una zona cercana a la de ese experimento hubo inundaciones y murieron miles de personas por falta de asistencia del Estado. “Lo poco que tiene Corea del Norte lo invierte en desarrollo nuclear”, enfatiza.

Eso sucedió en junio, cuando el mandatario norcoreano, Kim Jong-un, declaró que su país ya tenía la capacidad de “atacar intereses de Estados Unidos” con los misiles Hwasong-10.

Las Organización de Naciones Unidas (ONU) ha condenado las pruebas nucleares norcoreanas. “Estamos profundamente preocupados por las continuas provocaciones”, dijo el secretario general Ban Ki-moon, en septiembre.

Es “una grave amenaza a la seguridad regional y la paz y estabilidad internacional”, declaró el presidente estadounidense Barack Obama.

Hasta China, el principal aliado del Gobierno de Pyongyang, declaró su oposición a esas pruebas nucleares y manifestó  su “firme posición” de lograr la desnuclearización de norcorea para mantener la paz y la estabilidad del noreste de Asia.

EL TREN AL NORTE, ESPERA

A pocos kilómetros de la zona desmilitarizada, en Corea del Sur está una estación de trenes moderna, Dorasan, y en su marquesina anuncia la salida del próximo tren hacia Pyongyang, la capital de Corea del Norte. Aunque el rótulo luminoso fija las 4 p.m. como hora de salida, en la realidad se desconoce todavía cuándo zarpará.

Así se divisa el territorio norcoreano desde Corea del Sur, desde el borde del área de paz.La línea férrea está disponible desde 2002 y durante algunos años sirvió para trasladar materiales a las fábricas de zona franca en Kaesong, Corea del Norte, al otro lado de la zona de desmilitarización donde empresas surcoreanas instalaron maquilas para contratar mano de obra norcoreana. Esa vía fue cerrada en 2008.

La estación de Dorasan permanece lista para el momento en que se dé la reunificación de las dos coreas. Esto suena algo ilusorio, dado el aumento de las amenazas armamentistas norcoreanas, pero el Gobierno de Seúl, además de creer en la reunificación, se prepara para ella.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la península de Corea quedó partida en dos territorios, uno influenciado por la Unión Soviética y otro por Estados Unidos. Como los gobiernos de ambos lados querían el control de toda la península, se desató la guerra de Corea en 1950, finalizando en 1953 con la firma de un pacto y la creación de la zona desmilitarizada o zona de paz, un área de 248 kilómetros donde en ocasiones las autoridades del sur y el norte han tratado de entenderse.

De lo que sucede en Corea del Norte se sabe poco en el exterior, por ser un país muy cerrado con un régimen dinástico bastante estricto; pero a Corea del Sur llegan habitantes del norte que logran escapar y reciben ayudas para que se adapten a una nueva vida.

El Gobierno de Seúl tiene un registro de 30 mil norcoreanos que viven en Corea del Sur. Suelen llegar desde terceros países, en especial de China. ¿Cómo se adaptan en un país capitalista?
“Tenemos un ministerio de reunificación, con instituciones para ayudar a los norcoreanos; el Gobierno les da capacitación y asistencia financiera”, explica Wonik. “Algunos desde aquí ayudan a los parientes que dejaron en el norte”.

“Allá hay mucha gente que muere de hambre”, asegura refiriéndose a Corea del Norte. “Envían gente a trabajar a algunos países para que envíen remesas, solo les dan el 20% del dinero y el resto le queda al régimen; y los familiares no tienen libertad ni pueden salir del país”.

Estima que entre 35 mil y 50 mil norcoreanos estarían trabajando con esas condiciones en China, Rusia y algunos países del Medio Oriente.

¿POR QUÉ VAN A LA FRONTERA?

Turistas japoneses, chinos, indios y de otras partes del mundo arriban cada día a Corea del Sur, y la zona desmilitarizada es uno de los destinos más frecuentados. “Un millón de turistas vienen aquí cada año”, dice el oficial Shin mientras observa a cinco europeos que se turnan para ver por un telescopio el territorio de paz y un poco más allá de la frontera de Corea del Norte.

Seis de cada 10 turistas que van allí son extranjeros. En la ciudad de Seúl la gente lleva la vida con normalidad entre los estudios, el trabajo, los restaurantes, los teatros y los parques, y aunque en la calle hablen poco de las amenazas de Corea del Norte también se interesan por visitar ese punto limítrofe que esconde tanta tensión en un paisaje natural tranquilo.

Hyun Jeong Lee, una coreana que esta mañana visita el observatorio limítrofe de Dora junto a centenares de turistas, comenta que “la mayoría del pueblo coreano anhela la reunificación y vienen aquí para expresar y mostrar ese deseo”.

“Quienes tienen familia en Corea del Norte, de la que se separaron por la guerra de Corea, vienen anhelando encontrarse de nuevo, lo que se lograría con la reunificación”, enfatiza.

En Corea del Sur perviven tradiciones que de alguna manera mantienen unidas a las poblaciones de toda la península, según Hyun Jeong. “Este es un lugar simbólico para la reunificación”, explica. “En Corea tenemos dos fiestas importantes, una para celebrar los primeros días del Año Lunar, en febrero, y Chuseok para celebrar la cosecha en septiembre; en estas ocasiones la costumbre es rendir culto a los antepasados, pero los que tienen su familia allá, en Corea del Norte, no pueden… Algunos vienen aquí a rendir culto”.

En ningún lado se ven armas de guerra y los oficiales, como Shin, caminan impasibles portando solo una pistola colgada de la cintura.

“Allí no se ven armas, pero irónicamente es la zona más tensa y donde hay más armas a nivel mundial”, comenta Lee Wonik.

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