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Al preguntarle qué pensaba del plan de Donald Trump para construir un muro en la frontera, un funcionario mexicano sonrió y sacó su smartphone. Mostró un mapa de México de 1824, cuando incluía a California, Texas y la mayor parte de lo que ahora es la parte sudoccidental de Estados Unidos. 

Felizmente pagaremos por un muro en esa frontera, dijo en broma. 

Para la mayoría de los mexicanos, la perspectiva de un triunfo de Trump, aunque improbable, es menos divertida. El candidato republicano ha dicho que impondría un arancel del 35 por ciento a los productos mexicanos y quizá eliminaría el Tratado Norteamericano de Libre Comercio. El arancel por sí solo golpearía a México como un huracán, dijo el gobernador del banco central. Otros economistas piensan que rápidamente restaría 5 por ciento al PIB de México.

El Instituto Peterson, un grupo de análisis basado en Washington, predice que las políticas proteccionistas de Trump provocarían una guerra comercial, llevarían a Estados Unidos a la recesión y destruirían 4.8 millones de empleos para 2019. Una visita a las soleadas ciudades hermanas de Tijuana y San Diego, respectivamente en México y en California, dio una idea de lo que está en juego. La frontera que las separa es la más activa en el hemisferio occidental. Los mexicanos la cruzan para ir a trabajar, de compras y a visitar a amigos. Los estadounidenses se dirigen al sur a las playas y en busca de atención odontológica barata. El alcalde de San Diego, el republicano Kevin Faulconer, se inclina por alentar la actividad empresarial transfronteriza.

“Mi labor es retirar obstáculos”, dijo.

Comercio en auge

Ese comercio ha aumentado más de seis veces desde que fue aprobado el TNLC. México es el segundo mercado de exportaciones más grande de Estados Unidos, y Estados Unidos es el más grande de México.

Los dos países “ya no simplemente se venden productos terminados uno al otro”, señalaron Christopher Wilson y Duncan Wood del Centro Wilson, un grupo de análisis. “Más bien, construyen cosas juntos”.

De hecho, dijeron Wilson y Wood, los dos países unen sus ventajas comparativas para crear una economía regional “ultra competitiva”.

En una fábrica gigantesca en Tijuana, por ejemplo, cientos de obreros uniformados de azul ensamblan audífonos y auriculares. Muchos miran fijamente a pantallas que amplían los diminutos componentes para que puedan ver lo que están manipulando. Plantronics, la compañía estadounidense que es propietaria de la fábrica , es consistentemente seleccionada como uno de los mejores empleadores en México.

“Entrega inmediata”

La fábrica ilustra una tendencia que hace a México especialmente útil  para los fabricantes estadounidenses: la personalización masiva. Los consumidores quieren cada vez más personalizar sus compras desde palos de golf hechos a la medida hasta autos con dispositivos geniales, y que se les entreguen de inmediato. Esto es más fácil cuando la producción se realiza cerca. Plantronics permite a los clientes elegir colores y diseños -“azul poderoso” y “resistente al sudor”, por ejemplo- y los envía a Estados Unidos o Canadá en un plazo de 48 horas.

“La producción de hoy cruzará la frontera mañana”, dijo Jorge Ruvalcaba, vicepresidente de la compañía. “No podríamos hacer eso desde China”.

La manufactura en México se ha vuelto más atractiva desde que los salarios de los obreros en China empezaron a aumentar alrededor de 2010. Ruvalcaba añadió que la propiedad intelectual también es más segura en México.

El trabajo más sofisticado tiende a hacerse en Estados Unidos, pero las compañías no simplemente unen los cerebros estadounidenses con la mano de obra mexicana barata. México produce más graduados en Ingeniería, en relación con su población, que Estados Unidos, y tiene una fuerte capacitación vocacional. Thermo Fisher Scientific, una firma estadounidense de tecnología médica, usa a expertos en informática en Tijuana para desarrollar software que ayude a los doctores a encontrarle sentido a los datos generados por los dispositivos médicos. 

México no puede igualar la escala de China cuando se trata de la producción masiva de productos baratos, pero está bien situado para ofrecer servicios que a menudo son más rentables. Por ejemplo, 3DR, una compañía con sede en Berkeley, California, vende drones aéreos que son usados para sondear sitios de construcción. Las máquinas son ensambladas en China, sin emnbargo, la empresa tiene en Tijuana una fuerza de trabajo con destreza tecnológica y que habla inglés para probarlas, repararlas y ofrecer apoyo técnico a los clientes.

El verdadero valor no es el dron en sí mismo, dijo el director ejecutivo de 3DR, Chris Anderson, sino el software y los servicios que trae consigo.

El “horrible” efecto Trump

RETROCESO. El comercio transfronterizo impulsa los empleos. Theodore Moran y Lindsay Oldenski del Instituto Peterson encontraron que, entre 1990 y 2009, un aumento del 10 por ciento en el empleo en las operaciones mexicanas de las empresas estadounidenses estuvo asociado con un incremento del 1.3 por ciento en su fuerza laboral estadounidense.

Cierto, los nuevos empleos tienden a ser para trabajadores calificados, y algunos que están poco calificados salen perdiendo. Sin embargo, todos se benefician de los precios más bajos. Si una familia estadounidense ahorra 100 dólares al comprar una lavadora hecha en México y usa ese dinero para ir al cine, apoya los empleos del vendedor de boletos, el gerente de la sala de cine “y quizá incluso de Brad Pitt”, dijeron Wilson y Wood.

Los empresarios fronterizos ofrecen opiniones diversas sobre el plan de Trump para alterar este delicado ecosistema. Algunos están seguros de que perderá. Algunos tienen miedo de hablar; poco sorprendentemente, dado el hábito de Trump de reprender a compañías específicas por hacer cosas en México. Otros se muestran abiertamente asustados.

“Tendríamos que cerrar”, dijo un gerente.

El efecto en la región sería “horrible”, dijo Mark Cafferty, director de la Corporación de Desarrollo Económico Regional de San Diego, un organismo comercial. Cristina Hermosillo, su contraparte en Tijuana, estuvo de acuerdo. Este mes, The San Diego Union-Tribune, un diario conservador, respaldó a Hillary Clinton, la primera vez en 148 años que apoya a un demócrata para la presidencia.

Trump ya ha perjudicado a México

“La integración ha sido puesta en suspenso por un año”, dijo Sarah Martínez Pellegrini del Colegio de la Frontera Norte en Tijuana. “Simplemente la posibilidad de una victoria de Trump hace a México menos atractivo para los inversionistas extranjeros”.

Mientras tanto, Clinton, al combatir a Trump y al senador Bernie Sanders (demócrata de Vermont), su rival en las primarias demócratas, se ha vuelto más proteccionista, al menos en público. Un acuerdo comercial transpacífico, que impulsaría tanto a México como a Estados Unidos está en pausa. En el lado positivo, al deprimir al peso, Trump ha hecho a las remesas de los mexicanos en Estados Unidos más valiosas. ¡Gracias, señor Trump!

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