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A principios de este año, Arnaldo Kabá, jefe del pueblo munduruku de Brasil, viajó desde su casa en el valle de Tapajós en Brasil hasta Londres para demandar un alto a los proyectos hidroeléctricos que, según cree, amenazan a las tierras de su pueblo.

Flanqueado por activistas vestidos con trajes de monos, se apareció en las oficinas centrales británicas de cristal y acero de Siemens, una firma de ingeniería alemana que produce turbinas para presas hidroeléctricas, y demandó una audiencia con el director de sus operaciones británicas. El director no estaba, pero la compañía prometió a Kabá una reunión posterior.

El jefe tribal está especialmente preocupado por el proyecto de São Luiz do Tapajós (SLT), en el cual Siemens no está involucrado. Contendría a uno de los últimos grandes tributarios no obstruidos del Amazonas. El proyecto ofrecería un tercio de la energía hidroeléctrica que Brasil planea para la próxima década, pero también inundaría 376 kilómetros cuadrados de tierras donde los munduruku cazan, pescan y cultivan.

“El valle de Tapajós es nuestro supermercado, nuestra iglesia, nuestra oficina, nuestra escuela, nuestro hogar, nuestra vida”, dijo Kabá.

NUEVO GOBIERNO

Los munduruku ganaron una batalla en agosto cuando Ibama, la agencia ambiental de Brasil, suspendió las licencias para el proyecto, diciendo que Electrobrás, la empresa de servicios eléctricos que lo encabeza, había proporcionado muy poca información sobre su impacto social y ambiental.

Esa decisión aún podría revertirse. Desde que se tomó, Brasil ha impugnado a la presidenta Dilma Rousseff e instalado a otro mandatario, el exvicepresidente Michel Temer. La prioridad de este es restablecer el crecimiento en una economía que sufre su peor recesión de la historia. El nuevo gobierno ha puesto bajo revisión el proceso de toma de decisiones de Ibama, al cual muchos inversionistas consideran demasiado lento y engorroso. 

La pelea en torno de Tapajós es parte de una lucha más grande del futuro energético de Brasil. SLT es un ejemplo de un nuevo tipo de proyecto hidroeléctrico, uno que inunda un área más pequeña que las presas tradicionales y, por tanto, debería causar menos disrupción y daño ambiental. La enorme presa de Itaipú, en la frontera con Paraguay, inundó un área casi cuatro veces más grande.

Sin embargo, los críticos de la hidroelectricidad dicen que los proyectos que respetan el “flujo del río” como SLT, que usan el flujo natural de un río para accionar las turbinas, no funcionan tan bien como se promueve. Aunque menos destructivos que las presas convencionales, que requieren embalses más grandes, aún provocan oposición de parte de pueblos como los munduruku.

Mientras tanto, otras fuentes de energía, como el gas y el viento, se están volviendo más competitivas. Brasil tiene una oportunidad de reconsiderar sus políticas energéticas, dijo Paulo Pedrosa, un funcionario energético. Sin embargo, la hidroelectricidad ha sido desde hace tiempo, la forma principal en que Brasil genera electricidad y la mayoría de los pronósticos sugiere que seguirá siendo así. El Gobierno pretende construir más de 30 presas en el Amazonas durante las próximas tres décadas.

Los dictadores militares de los años 70 tenían pocos escrúpulos ante la inundación de enormes áreas de bosque y el desplazamiento de miles de familias. Los gobiernos democráticos más recientes se han volcado en las presas de flujo del río. La tercera planta hidroeléctrica más grande del mundo por su producción, Belo Monte en el río Xingu, abrió a principios de este año.

Sin embargo, las presas modernas tienen problemas. Más que las convencionales, su producción de electricidad fluctúa con las temporadas. Belo Monte puede producir 11,000 megavatios cuando el Xingu está repleto, pero menos de una décima parte de esto en los meses más secos, septiembre y octubre.

El cambio climático podría empeorar el problema. Algunos modelos climáticos predicen que los flujos fluviales en grandes partes del Amazonas caerán en 30 por ciento en las próximas décadas. La deforestación está retrasando el inicio de la temporada de lluvias en algunas áreas en seis días por década, según investigación publicada en la revista especializada Global Change Biology.

La sequía puede ser costosa. En 2014, la energía originada en las presas convencionales descendió debido a un periodo seco, forzando a las compañías eléctricas a comprar energía a generadores alimentados por gas y carbón a precios spot altos. 

El riesgo de esas fluctuaciones se eleva con las presas de flujo del río. Carlos Nobre, un exjefe de investigación en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, piensa que las sequías más frecuentes harán poco rentables a los proyectos hidroeléctricos futuros en el Amazonas.

Una decisión dividida

OPCIONES• Algunos planificadores energéticos piensan que la respuesta a las desventajas de las presas de flujo del río es regresar a las grandes presas de embalse del pasado. Esa es la solución favorecida por Romeu Rufino, jefe de la agencia de regulación eléctrica de Brasil. Eliminaría el problema de la variación en el flujo del río, aunque no los riesgos que conllevaría una sequía. El precio sería causar daño ambiental y social a la misma escala que las presas anteriores.

Los nuevos combustibles podrían dar otras opciones a Brasil. Su potencial para la energía solar y eólica está entre los más altos del mundo. El Gobierno los ha promovido con generosas exenciones fiscales. En el ventoso noreste, la energía eólica superó a la hidroelectricidad este año, y las turbinas eólicas ahora generan 36 por ciento de la electricidad de la región, en comparación con 22 por ciento en 2015. La Compañía de Investigación Energética, una empresa vinculada con el Ministerio de Energía, espera que la capacidad generadora de energías renovables aparte de la hidroeléctrica se duplique para 2024.

Los generadores alimentados con gas natural se han visto perjudicados por los subsidios prodigados a la energía renovable. Sin embargo, aunque menos favorables para el clima que la hidroelectricidad, están empezando a competir con ella como fuente de electricidad de carga base constante. Brasil produce ahora gas natural en abundancia como subproducto de bombear petróleo de sus pozos frente a la costa. Su costo marginal de producción es casi cero.

El futuro de la energía de carga base es “hidrotermal”, en vez de solo “hidro”, dijo Adriano Pires, del Centro para la Infraestructura Brasileña, un grupo de análisis en Río de Janeiro.

Qué decidirán finalmente los planificadores de Brasil, es poco claro. La toma de decisiones está dividida entre varias agencias, incluidos el Ministerio de Energía y el Consejo Nacional para la Política Energética. Muchos funcionarios, en sus puestos durante décadas, tienen proyectos consentidos, entre ellos las presas en el Amazonas.

La recesión les da tiempo extra para considerar la futura mezcla energética. Ha causado un marcado e inesperado descenso en el uso de electricidad, y es poco probable que el consumo regrese a su nivel previo a la recesión hasta 2018. Para entonces, esperan Kabá y sus aliados, las presas como la que amenaza con inundar el valle de Tapajós serán consideradas obsoletas.

30 presas pretende construir el Gobierno en el Amazonas durante las próximas tres décadas.

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