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En el apogeo del poder de Silvio Berlusconi como primer ministro de Italia, mientras el político multimillonario hacía a un lado los escándalos y las demandas con la facilidad con la cual un cocodrilo se desliza entre las plantas acuáticas, un profesor en una universidad italiana describió cómo los términos “furbo” y “fesso” ayudaban a explicar la supervivencia del primer ministro.

En esos reductos de la sociedad italiana en los cuales Berlusconi tenía un apoyo más fuerte, es todo un cumplido ser considerado un furbo, un tipo taimado y de mundo. El furbo sabe cómo saltarse las filas, evadir impuestos y manejar los sistemas del nepotismo y el padrinazgo como si fueran un Stradivarius.

En comparación, el fesso es el tonto que espera su turno y no comprende cuán amañado está el sistema o cuánto de sus impuestos es robado. El fesso podría vitorear a una nueva ley para el aire limpio en su ciudad, tomando ingenuamente por cierto el anuncio de las élites. El furbo pregunta quién en el departamento del medio ambiente pudiera tener un cuñado con un importante contrato para suministrar escobillas de chimenea.

Los fanáticos de Berlusconi lo veían como el furbo que pondría fin a todos los furbi. Demostraba que los escuchaba, ofreciéndoles burdos llamados al cinismo del tipo listo, como cuando afirmó que cualquier italiano que respaldara a sus oponentes de centro-izquierda no solo estaba equivocado, sino era un coglione -traducido liberalmente, un idiota -que estaría votando “contra sus propios intereses”.

RIESGOS

Vivir en ese tipo de sociedad tiene costos. Durante décadas, los antropólogos y los científicos políticos han sopesado las ventajas de vivir en un país de alta confianza y altamente transparente como Suecia contra el grado al cual la corrupción y el despilfarro del capital humano perjudican a lugares como Sicilia. “Trust: The Social Virtues and the Creation of Prosperity” (Confianza: Las virtudes sociales y la creación de la prosperidad) de Francis Fukuyama (Free Press, 1995), ahora tristemente de actualidad de nuevo, sugería que Estados Unidos y su modelo distintivo de capitalismo florecía porque los extraños aprendían a confiar unos en otros cuando firmaban contratos, lo que les permitía hacer tratos fuera de los círculos familiares, tribales o las afinidades grupales de que dependen las sociedades con confianza baja.

Conforme se acerca el inicio de la era de Trump, la composición del Gabinete y el círculo cercano que esta tomando forma en torno al presidente Donald Trump es demasiado incoherente ideológicamente para definir la agenda política del próximo presidente. Hay lanzadores de bombas e intransigentes en el Equipo Trump, incluidos secretarios de gabinete que han demandado la limitación o abolición de las agencias federales que dirigirán, y un número alarmante de hombres que no ven el daño en amenazar con una o dos guerras comerciales. Sin embargo, también tiene a personajes procedentes del corazón de paneles de roble y pilares de mármol del círculo establecido republicano.

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