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México es el cuarto exportador de vehículos ligeros en el mundo y el séptimo productor mundial de automotores.
Este sector, que genera 52,000 millones de dólares al año en México, representa más de 875,000 empleos directos en todo el país, según el Ministerio de Economía.

Pero el magnate Trump, presidente electo de Estados Unidos, quiere recuperar esos empleos en su país.

El atractivo principal que México juega ante los inversores extranjeros son sus tasas salariales relativamente bajas, su proximidad con el mercado de Estados Unidos y los tratados de libre comercio que tiene con 46 países. El principal acuerdo de México es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que integra con Estados Unidos y Canadá desde 1994.

Pero Trump quiere renegociarlo y amenaza con retirarse de él si no consigue mejores condiciones para su país.

Esta semana, el presidente electo amenazó a la japonesa Toyota con fuertes impuestos arancelarios si insiste en construir en México -y no en Estados Unidos- una fábrica de autos para el mercado estadounidense.

El martes, hizo una amenaza similar a General Motors, y Ford anunció la sorpresiva cancelación de una nueva planta en México por valor US$1,600 millones, que había sido criticada por Trump durante su campaña.

Máquina exportadora

México no cuenta con marcas propias, pero el 80% de los vehículos extranjeros que se producen en su territorio está destinado a la exportación.

Aunque los principales destinos son Estados Unidos (72,2%) y Canadá (10,5%), en total exporta a 100 lugares de todo el mundo.

En los primeros 11 meses de 2016, General Motors lideró las exportaciones desde México con 495,790 unidades, seguido de Nissan (464,877), Fiat Chrysler America (404,160) y Ford (351,691), según la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz.

Toyota se encuentra en el noveno lugar, con 124,439 autos exportados en el mismo periodo.

Falta más

La cancelación de la planta que Ford construía en México es el primer golpe proteccionista de Donald Trump contra su vecino, a dos semanas de entrar a la Casa Blanca con la promesa de cambiar la relación comercial bilateral.

Si bien el director ejecutivo de Ford, Mark Fields, dijo a la cadena CNN que la empresa "no hizo un trato con Trump" y "lo hicimos por nuestro negocio", la impresión generalizada es que fue lo contrario.

"Obviamente no es una buena noticia para nosotros", dijo el ministro de Economía mexicano, Ildefonso Guajardo.

Desde su campaña presidencial, Trump había criticado el proyecto de Ford y amagó con imponer 35% de aranceles a los autos producidos en México y renegociar o retirarse del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Canadá y México.

Trump agradeció a Ford en Twitter y advirtió que "esto solo es el comienzo, aún falta más".

La era proteccionista

Según Juan Francisco Torres Landa, analista de la firma Hogan Lovells, parecería que la única prioridad de Trump es "cumplir con la premisa electoral de no permitir que salgan empleos de Estados Unidos".

Para Raymundo Tenorio, director del programa de economía y finanzas del Tecnológico de Monterrey (privado), la decisión de Ford puede ser una muestra de la era proteccionista que se vislumbra cuando asuma Trump el 20 de enero.

"El gobierno republicano y Donald Trump están dispuestos a negociar cualquier tipo de incentivos (fiscales) para que las empresas se queden en Estados Unidos" y no con "castigos", asegura.

La nueva planta de Ford estaba aprobada desde 2015 y le tomó un año de negociaciones al director de la firma en México, Gabriel López, para obtener la sede, en el norteño San Luis Potosí, por encima de Estados Unidos, Brasil y Argentina, según contó el directivo a una revista mexicana en agosto pasado.

Ford, la primera automotriz que llegó a México en 1925, había planeado una inversión de 1,600 millones de dólares y generar unos 2,800 empleos directos. La planta debía iniciar sus operaciones en 2018. En su lugar, Ford invertirá 700 millones en los próximos cuatro años para crear 700 empleos en Estados Unidos mientras que el modelo Focus que debía ser producido en San Luis Potosí será hecho en una planta ya existente en Hermosillo (noroeste de México).

Además de nuevos empleos, México perderá ingresos fiscales y entre 12 y 14 fabricantes de autopartes han visto esfumarse su negocio, dice Raymundo Tenorio. Apuntó que "75% de esas empresas proveedoras no son mexicanas, son también asiáticas, europeas y americanas", con lo que se pierden más empleos en México y ganancias para los países de origen. El expresidente Felipe Calderón (2006-2012) dijo en Twitter que "la decisión de Ford daña a México, pero también a consumidores americanos y a sus accionistas porque la empresa perderá competitividad".

En la crisis de 2009, dijo Calderón, Ford, General Motors y Chrysler "estaban prácticamente quebradas. Sus inversiones en México las salvaron".

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