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Sevilla, en esta ciudad los latinos se han ubicado en la zona de la Macarena, un lugar donde españoles y extranjeros han sabido convivir en armonía. Gustavo Bedoya es el propietario del bar restaurante La Peña, donde muchos hispanos se congregan para almorzar o para cenar después de una larga jornada de trabajo.

“Antes tenía un restaurante muy grande en una de las avenidas principales de Sevilla y pagaba personal para que me lo atendiera, pero desde 2012 tuve que cerrarlo  porque el colapso de la economía me afectó fuertemente y ya no pude seguir costeando todos los gastos del restaurante. Ahora tengo este pequeño local acá en la Macarena y solo lo atendemos mi esposa y yo”, relató.A Barcelona llegan inmigrantes de varios países.

Según Bedoya “hay bastantes nicaragüenses viviendo en Sevilla”. Una de ellos es Lucía Moreno, quien locuta en una de las emisoras de la ciudad y los pequeños negocios pautan en su programa para anunciar sus comercios.  También está la nicaragüense Rosa Dinora Cantillano Martínez, de Camoapa, Boaco, quien todavía tiene muy fresca en su memoria la mañana del 17 de febrero de 2012, cuando fue arrestada. La noche anterior había estado cuidando una pareja de ancianos. Fue interceptada por dos oficiales del orden público español, quienes le solicitaron sus documentos migratorios. Al no poder comprobar su estatus migratorio, la policía le puso unas esposas y la encaminaron a la estación policial, donde la despojaron de todas sus pertenencias. La metieron a la cárcel y le pusieron una multa de 500 euros por estar indocumentada. Gracias a la rápida acción de su novio, el español Rubén Toledo, no fue enviada de regreso a Nicaragua, pero tuvo que pasar siete horas de angustia encerrada en un frío calabozo de la estación policial de Toledo, una pequeña ciudad ubicada a 72 kilómetros al sureste de Madrid, España.

Recuerdos

Rosa Dinora llegó a este país europeo en 2011 para reunirse con su madre Claudia Martínez, quien entonces llevaba dos años viviendo en esta ciudad. Ella relató que a la hora de su arresto le dieron derecho a realizar una llamada, pero no quiso llamar a su madre, porque también ella se encontraba indocumentada en ese entonces, y tenía el temor de que fuese apresada si se presentaba en la delegación policial.

“La única persona que podía llamar era a mi novio, cuando lo llamé no me contestó y eso aumentó aún más mi angustia”, narró la joven quien recordó que le dejó un mensaje en su celular, pero se quedó con la duda si lo escucharía.

Las horas pasaban y nadie llegaba por ella.

A eso de las 3:00 p.m. llegó su suegro con un abogado para informarle que se estaban gestionando los trámites para que obtuviera la libertad, pero fue hasta tres horas después que finalmente pude salir del calabozo.  “Antes de salir me dieron una carta de deportación que decía que tenía que abandonar el país en los próximos 40 días”, recordó. La joven pareja ahora vive en un apartamento que los suegros le regalaron. Aunque todavía continúan las redadas en esta ciudad, ella afirma que ya no se regresará a Nicaragua porque su primera hija de ocho años, Karla Sabrina Cantillano Martínez, a quien dejó con su abuela cuando se fue para España, se encuentra viviendo con ella. Rosa Dinora tiene seis meses de embarazo y su esposo está fascinado porque será su primer hijo. Aunque ella afirma que ya no quiere regresarse a Nicaragua, su compañero de vida opina que sería bueno vivir aquí.

La ciudad de Toledo fue la primera capital de España. En 1986 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

La Granada de España

Muchos nicaragüenses se han establecido en Granada.  Araceli Pérez es una joven de Jalapa que llegó a España en 2007. Emigró a Europa porque una amiga de su madre le dijo que la iba a recibir y a conseguir un trabajo. Nunca pensó que las cosas iban a ser tan difíciles para ella. Durante seis meses estuvo deprimida por estar por primera vez fuera de su país y lejos de su familia.

Con un acento español bien arraigado y entre el “tío”, “vale” y “venga”, nos contó su historia. “Acá la vida es muy dura, hay que trabajar muchísimo para ganarse el dinero, no es así de fácil como lo pintan en Nicaragua. Aquí se sufre mucho, hay que trabajar muchas horas para pagar los gastos de la casa y cuando se está sin documentos es peor porque siempre uno camina con el temor que la policía lo pare”, relató.

Ella obtuvo su tarjeta de residencia y después de un tiempo consiguió un empleo en el que ganaba 1,200 euros al mes.

Entonces, dividía los gastos del apartamento con tres personas más, de modo que le quedaba dinero para enviar a su familia en Jalapa.

“Migración no molesta mucho en Granada y en todo el departamento de Andalucía. La gente es bien acogedora”, describió.

Araceli por el momento no piensa regresarse a Nicaragua, ya hizo vida en este país europeo. Se casó con otro nica de Jalapa y procrearon un hijo. Ambos están trabajando y eso ayuda mucho a que puedan paliar la situación económica.

Tiene la esperanza que la economía española mejore pronto para levantarse económicamente y poder cumplir con todos sus sueños.

Martha Lorena Álvarez Bravo es una de los centenares de nicaragüenses que se han establecido en Barcelona. Llegó a esta ciudad española hace nueve años y en la mayoría de este tiempo ha trabajado como niñera y como empleada doméstica. Considera que ser niñera o empleada doméstica en este país “es una pesadilla”.

Explicó que tuvo que salir de Nicaragua porque la situación económica la estaba ahogando. A inicios del 2000 hizo un préstamo al banco para poner un cibercafé en su casa, en el barrio la Fuente de Managua. Todo iba bien al principio pero luego empezaron los apagones de luz y el cibercafé ya no le estaba generando ingresos. Mientras que los cobros del banco eran puntuales y no tenía cómo pagarlos.

Su idea era irse por dos años para pagar su deuda. A los pocos meses de estar en este país, migración empezó hacer redadas en contra de los inmigrantes.

“Me entró un poco de temor porque me agarraran y me devolvieran, estaban regresando a muchas personas, aviones enteros de migrantes deportados salían a diario. Lo que hicimos los migrantes en ese entonces fue comunicarnos uno al otro vía celular para informarnos los lugares donde había redada, de esa forma evitábamos ser deportados. Yo tuve una amiga que la detuvieron, estuvo presa unos días en Madrid y me contó lo horrible que la pasó”, relató.

A los dos meses de haber llegado a Barcelona empezó a trabajar como niñera con una familia española que le pagaba 750 euros al mes. Cuidaba tres niños y tenía que trabajar 12 horas todos los días.

“El trabajo era de niñera, pero se aprovecharon de mi necesidad y me ponían hacer de todo. Trabajaba de 7 a 7, el ingreso me ayudaba a pagar la renta. Vivíamos 5 nicaragüenses en una habitación súper pequeña. Dormíamos en colchonetas en el suelo y hacía mucho frío porque en ese piso no había calefacción”, remembró.

Martha Lorena pagaba 100 euros por compartir la habitación y pasó seis meses viviendo en esas condiciones. Luego de haber ahorrado lo suficiente se fue alquilar una habitación independiente. A los dos años de trabajar como niñera le pidió a sus patrones que le subieran el salario, pero lo que consiguió fueron amenazas.

“Cuando empecé a trabajar con ellos me prometieron que me iban a subir el sueldo y que me ayudarían a obtener los papeles, pero nunca lo hicieron. Me cansé de tanto abuso y decidí dejar el trabajo. Ellos no me quisieron pagar, les puse un abogado y les gané el caso”, recordó.

Los patrones le tuvieron que pagar 3,000 euros por no haberle pagado lo debido. Al poco tiempo de haber dejado su primer trabajo, consiguió otro trabajo de niñera con una pareja de argentinos que se desempeñaban como médicos en España. Le pagaban 900 euros al mes, cuidaba tres niños y con la promesa de que le aumentarían el sueldo y que le ayudarían a legalizar su situación migratoria.

En esta ocasión los abusos fueron peores. Además de trabajar 12 horas al día, la llamaban a toda hora de la noche para forzarla a trabajar, pero con la esperanza que le iban a aumentar el salario en 1,200 euros y que le arreglarían sus documentos migratorios, laboró dos años y medio para ellos hasta que se cansó de los abusos y renunció.

Cuando les informó que no seguiría trabajando más la amenazaron con que no le pagarían los meses que le debían, fue así que Martha Lorena nuevamente recurrió al abogado que la asistió en su primera demanda y les ganó el caso, esta vez obtuvo 5,000 euros por la demanda.

Después de haber trabajado por 4 años y medio en el servicio doméstico y cansada de tanto maltrato, Martha Lorena decidió con una amiga poner un negocio de ventas de nacatamales con entrega a domicilio. Ella lo anuncia por las redes sociales y pone su número a disposición de los clientes (6593-06344), para que ordenen sus pedidos. Puso también una tienda de ropa virtual en Facebook, las personas ordenan desde Nicaragua y ella manda la ropa.

Se casó con un español con quien procreó un hijo. Dice que lo conoció en una discoteca. Entre risas dice que fue amor a primera vista. Al año de haberlo conocido se fueron a convivir juntos. El haberse convertido en pareja de hecho, le dio la oportunidad para arreglar su situación migratoria.

“Muchas personas pensaron que me hice pareja de él para conseguir los papeles, pero con el tiempo ellos se han dado cuenta que no fue así. Ya llevamos más de seis años juntos y tenemos un hijo”, dijo con mucho orgullo.

En 2011, con su tarjeta de residencia pudo regresar a Nicaragua.Su compañero sentimental la acompañó para ir a traer a su hijo de 11 años, quien se había quedado con su mamá cuando decidió buscar fortuna en el país europeo.

En el 2012 se contrajo matrimonio con su actual compañero. Al año de haberse casado se hizo ciudadana española.

Recomienda a las personas que quieran emigrar a España que lo piensen dos veces antes de hacerlo. “Les aconsejo a la gente que no se vengan a lo loco, que no se vengan pensando que aquí van a encontrar algo seguro y que todo les saldrá bien. Hay que ser positivo, pero siempre hay que tener algo de duda porque no siempre las cosas salen bien”.