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”¿Cómo es posible?” Los parisinos que rechazaron masivamente a Marine Le Pen en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, no dan crédito al éxito que cosecha la ultraderechista en el resto de Francia.

“Mi país me avergüenza. Puedo entender el voto a Emmanuel Macron, pero al Frente Nacional (FN), ¡es el fascismo, la intolerancia!”, asegura Alexandra Marchand, de 25 años, en un barrio de moda cerca de la célebre basílica del Sagrado Corazón.AFP

En la capital con 2.2 millones de habitantes, la candidata del Frente Nacional a la presidencia francesa obtuvo menos del 5% de los votos en la primera vuelta del 23 de abril, muy por debajo del 21.7% en todo el país. 

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Le Pen se medirá al favorito, el centrista Emmanuel Macron, en la segunda vuelta de las elecciones el próximo domingo.

En París “hay muchas actividades para ser abiertos de espíritu, aquí vivimos blancos, negros, es mixto. El FN seduce en la campiña profunda”, asegura esta responsable de restaurante, indiferente a la posibilidad de reforzar así la imagen de condescendencia de los parisinos hacia el resto de Francia.

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“En París, votamos contra Le Pen porque somos unos mimados”, dice irónico Valentin, de 70 años. “Aquí, tenemos suerte si somos arrendatarios y más, si somos propietarios”, exclama este jubilado. 

El precio medio del metro cuadrado en la capital supera los 8,500 euros (9,300 dólares), es decir, dos a tres veces más que en el resto de las grandes ciudades francesas.

Los resultados de la primera vuelta evidenciaron no obstante la fractura entre las zonas urbanas y rurales como resultado de la globalización. 

En la capital y otras ciudades burguesas, donde no falta el empleo ni los servicios públicos, los electores se dejaron seducir por el exbanquero y exministro de Economía Macron, de 39 años, que defiende un programa socioliberal.

La capital, que representa el departamento que más votó a Macron en la primera vuelta, con más de un tercio de los sufragios, cuenta con 43.4% de empleados bien remunerados y de profesiones intelectuales, frente a solo 7.3% de obreros (22.5% a nivel nacional), según las últimas estadísticas oficiales de 2013.

La maleta, ‘lista para Barcelona’ 

En París, donde abundan los museos y las manifestaciones culturales, “mucha gente tiene el bagaje intelectual para darse cuenta de los peligros del populismo, que planea en las situaciones de crisis”, asegura Gerard Siad, de 52 años, que vive en el barrio chic de Montorgueil.

Aunque es de derecha, este empresario que preside un sindicato patronal gay, se resigna  votar por Macron el domingo para evitar “un mal sueño”.

Cerca de donde se expresa Siad, un grafiti reza: “Oscureció en el país de las Luces”.

La extrema derecha, que aunaría el domingo el 40% de los votos según los sondeos, “me repugna”, asegura Zoe Tellier, una actriz de 39 años vestida con un abrigo largo y una falda bohemia, que atribuye su éxito político a la amenaza terrorista, de la que Le Pen ha hecho un tema central de su campaña.

“La gente tiene miedo debido a los ataques” islamistas, analiza, ante una copa de vino. Un total de 239 personas perdieron la vida en Francia en atentados desde 2015. 
Si gana Le Pen, “mi maleta está lista, me voy a Barcelona”, asegura esta joven.

“No puedo ni imaginar que Marine Le Pen llegue al poder. ¡Somos un gran país!”, asegura Anne Taburet, una elegante mujer de unos 50 años, que se define como “centrista ecologista”.

El domingo, esta asalariada de una aerolínea votará por Macron. “Aporta optimismo. Es verdad, hay lugares muy golpeados, yo también he pasado por momentos complicados en mi carrera, pero hay que tener energía, no esperarlo todo del Estado”, afirma esta mujer que vive en un acaudalado barrio de la capital.

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