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”Me parece increíble vivir en uno de los países más ricos del mundo, y ser tratada así”. Como miles de alemanes, Petra Vogel forma parte de los trabajadores pobres que apenas pueden llegar a fin de mes y temen la llegada de la jubilación.

A los 60 años, esta mujer de frágil figura pasó la mitad de su vida como agente de limpieza en un hospital de Bochum, su ciudad natal en Renania del Norte-Westfalia. Todas las miradas se centrarán este domingo en este estado regional del oeste de Alemania, donde se celebran unas  elecciones que sirven de test antes de las legislativas nacionales de septiembre, con la justicia social como uno de los grandes temas.La canciller alemana, Angela Merkel.

Petra gana 10.51 euros brutos por hora, “es decir 1,115 euros mensuales después de impuestos”, por 39 horas semanales de trabajo. Una vez pagado el alquiler, el seguro y el teléfono, le quedan 350 euros por mes para alimentarse, vestirse, comprar medicamentos --es diabética-- y permitirse de vez en cuando ir a comer un helado. “Tengo la impresión de haberme dejado engañar” afirma, refiriéndose a su difícil presente, y a su futuro aún más sombrío. Dentro de cinco años, tras 41 años de trabajo, podrá jubilarse, “Prefiero no pensar en ello (...) Voy a recibir 665 euros y caeré en la categoría de jubilados pobres” se angustia Petra.  “Solamente espero poder físicamente seguir trabajando tras la edad de la jubilación, gracias a un trabajo a 450 euros por mes”.

Los “minijobs” de Alemania

Estos “minijobs”, no sometidos a las cotizaciones sociales pero apreciados por algunos como solución temporal, son una de las principales medidas de la Agenda 2010, nombre de las reformas del mercado de trabajo de inspiración liberal llevadas a cabo por el anterior canciller socialdemócrata (SPD) Gerhard Schröder entre 2003 y 2005. Otro de los pilares de la Agenda 2010, “la introducción de Hartz IV (pequeña prestación de desempleo para parados de larga duración) aumenta el miedo al desempleo en la sociedad alemana, y ha impulsado a mucha gente hacia los empleos precarios”, analiza Eric Seils, investigador de la fundación Hans-Böckler, interrogado por la AFP.  

Ahí está el “reverso del milagro del empleo” en la primera economía europea, donde el índice de desempleo -5.8% de la población activa en abril-, está en sus niveles más bajos desde la Reunificación. Así, 9.7% de la población alemana con empleo vivía por debajo del umbral de la pobreza (unos 940 euros) en 2014 en Alemania, contra 7.5% en 2006 y 9.5% en e
l conjunto de la Unión europea, según cifras de Eurostat. Estas diferentes reformas, defendidas por los gobiernos de coalición de la canciller conservadora Angela Merkel, centran la campaña electoral de las legislativas. El candidato SPD Martin Schulz prometió rectificar esas reformas, y alargar la duración de los subsidios de desempleo y frenar el recurso a los contratos de duración limitada.

“El sistema debe ser totalmente revisado” afirma Anton Hillebrand, presidente del Consejo social-Ruhr, una federación que apoya a los beneficiarios de ayudas sociales en sus trámites administrativos. Rainer Piske, de 54 años, 32 de ellos al volante de su taxi, es uno de los adherentes. “Gano 1,135 euros por mes, y desde luego no me basta para vivir”, constata. Pese a sus 40 horas de trabajo remuneradas en función del salario mínimo generalizado instaurado en el país en 2015 --8.84 euros brutos por hora-- este padre de familia debe recurrir a la ayuda social. “Es injusto” afirma. El hombre votará en septiembre, pero aún no sabe a quién. Petra Vogel, miembro del partido de izquierda radical Die Linke, pide por su lado la supresión de la Agenda 2010. “Mientras no haya un gobierno totalmente diferente, nada cambiará”, sentencia.

Alemania en test electoral

El partido conservador de  la canciller alemana Angela Merkel, viento en popa tras dos victorias electorales regionales, desafiará a los socialdemócratas alemanes en su feudo de Renania del Norte-Westfalia, una repetición general antes de las legislativas de septiembre. Una victoria de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) o un resultado ajustado, la colocaría en la órbita ideal para lograr un cuarto mandato consecutivo.

En solo unas semanas, Merkel rebasó a su rival y presidente del Partido Social Demócrata (SPD), Martin Schulz, con dos victorias, el pasado domingo en el estado de Schleswig-Holstein y a finales de marzo en Sarre.

A nivel nacional, el SPD sufre ahora un retroceso de 7 puntos, con el 29% de intención de voto, frente a la CDU, después de haber estado durante un tiempo igualados, según una encuesta publicada el miércoles.

Las elecciones en Renania del Norte-Westfalia (centro oeste) presentan mayor interés al tratarse de la región más poblada de Alemania, una cuenca siderúrgica en reconversión, donde 13.1 millones de votantes están llamados a las urnas.

Centro histórico 

Sobre todo, se trata del “centro” histórico de la socialdemocracia alemana, que preside la región sin interrupción desde la Segunda Guerra Mundial. “Una derrota en este lugar tendría un efecto simbólico desastroso” para este partido, analiza para la AFP el profesor de la Universidad Libre de Berlín, Oskar Niedermayer.

Ahora bien, los últimos sondeos para esta región test sitúan al SPD codo con codo con la CDU.

En vista de los desafíos, Angela Merkel multiplica los desplazamientos a la región, con cerca de siete mítines esta semana.

El miércoles, la canciller estuvo en Haltern am See (oeste) para apoyar a su protegido local, Armin Laschet, que hace campaña denunciando el desempleo, más alto en Renania del Norte que a nivel nacional, la delincuencia más acusada o los inferiores resultados escolares.

“Gracias a una política inteligente y finanzas sólidas, hemos logrado a nivel nacional reducir a la mitad el desempleo desde que fui elegida canciller en 2005”, reiteró Angela Merkel.

Atacó así a su rival, Martin Schulz, que hace campaña prometiendo más gasto social para los más desfavorecidos. “No bastará solo con hablar de justicia social”, dijo Merkel, “la justicia social pasa por más creación de empleo y un presupuesto sólido”.

Andreas Kaiser, un comercial de 57 años afiliado a la CDU, espera un cambio en Renania “porque la región se encuentra entre las últimas del país en el ámbito económico”. Reunidos en la plaza del mercado bajo el sol y animada por una fanfarria, los militantes de la CDU se muestran confiados.

Schulz amenazado

“En una región donde el SPD debería situarse 10 puntos por delante de la CDU, si llegásemos solo al mismo nivel, sería una importante señal para las legislativas”, afirmó Wolfgang Partförder, de 67 años, exalcalde conservador de una ciudad vecina.

Del lado de los socialdemócratas, los ánimos están de capa caída. “El avance de Schulz no está confirmado. Ya no se le oye hablar mucho”, se lamenta Günter Kadelka, de 63 años, un simpatizante jubilado.

“Si el SPD perdiera las elecciones, supondría una reactivación para la CDU y Schulz podría enterrar sus esperanzas de conquistar la Cancillería”, analiza Oskar Niedermayer.

El partido de la canciller juega también con dos temas muy sensibles en la región.

Renania del Norte-Westfalia acusa al gobierno socialdemócrata de Hannelore Kraft de haber fracasado en la seguridad durante la noche de Año Nuevo en Colonia en 2015, marcada por una serie de agresiones sexuales contra mujeres que escandalizó a todo el país. También le reprocha no haber detenido a tiempo a Anis Amri, autor del atentado yihadista de Berlín el pasado diciembre, que estaba vigilado por la policía local. El resultado del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) también será examinado de cerca, en un momento en el que está en declive a nivel nacional debido a las luchas internas. En Renania del Norte, el AfD cuenta con un 6% de los votos, una caída de 3 puntos en tres meses. Pero debería bastarle para entrar en un 13º parlamento regional, de los 16 que tiene Alemania. 

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