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Dieciséis puertos de España, Marruecos y Argelia participan en la Operación Paso del Estrecho, que del lado español implica el despliegue de 13,000 policías y guardias civiles, además de traductores y voluntarios de Cruz Roja.

El pasado año, 2.8 millones de pasajeros hicieron este trayecto en ambos sentidos, según Protección Civil, un organismo español que este verano espera los mismos o más. El trasiego de vehículos también es impresionante: en 2016 cruzaron unos 655,000.

Said Arrhamani, residente en la región francesa de las Ardenas (norte), conoce esta ruta desde que, siendo niño, la hacía en coche con su familia para veranear en Rabat.
Ahora es él quien, con sus cuatro hijos pequeños, ha conducido más de 2,000 kilómetros hasta el puerto de Algeciras, por el que transita más de la mitad de los pasajeros.
“Hace treinta años esto era insalubre. Podíamos pasarnos dos días a pleno sol, esperando para poder embarcar, y las colas llegaban hasta las afueras de Algeciras. Ahora nos atienden en francés y nos guían hasta el final”, cuenta este hombre de 36 años en el aparcamiento del puerto.

Como parte del dispositivo, las carreteras del sur de España, desde el estrecho de Gibraltar hasta Almería, cuentan desde hace años con rótulos en árabe que indican los accesos a los puertos.

Actividad frenética 

El último fin de semana de julio, la actividad es febril en el puerto algecireño. Coches, camiones de mercancías y autobuses abarrotan los estacionamientos, a la espera de embarcar en fila india en las inmensas bodegas de los buques.
Entre los coches los hay modestos y también de lujo; la mayoría van llenos de ropa, comida, pañales y mantas, y cualquier ocupación es buena para matar el tiempo: mientras unos comen y charlan, el que puede duerme dentro del coche o bien tumbado a la sombra, sobre una alfombra.
Algunos sacan su narguile para fumar tranquilamente, y enfrente, unos niños improvisan con alegría un partido de futbol.

“Salimos ayer de Niza a las nueve de la noche, y hemos llegado esta tarde. Son cerca de dos mil kilómetros, pero en comparación con el avión nos ahorramos 2,700 euros”, cuenta Karima Bel Hafout, que viaja a Rabat vía Tánger con su marido y sus dos hijos.

Otros han hecho el trayecto en autobús y vienen aún más cansados.

“Me he partido la espalda queriendo dormir”, asegura con una mezcla de resignación y buen humor Hamid Hafid, un hombre de unos 50 años que vino de Agen, en el sur de Francia. “Es duro y se hace largo”, abunda su amigo Said Khadrouf, pegándole un trago a su botella de agua.

Tras la fase de salida desde España vendrá el regreso, concentrado en agosto y la primera mitad de septiembre.

Será un período muy activo para las fuerzas de seguridad españolas, que para prevenir la inmigración ilegal y la amenaza terrorista cuentan con una gran operación en la que participan unos cincuenta agentes de otros 16 países europeos. El año pasado inspeccionaron a 1.6 millones de pasajeros, según la policía española.

“Hay que ser rápidos y seguros. El agente portugués, por ejemplo, conoce mejor el visado del marroquí que trabaja en Portugal”, y eso mejora y agiliza las inspecciones fronterizas, explica a AFP una fuente portuaria.

Una logística muy elaborada

Manuel Alcázar, jefe de Protección en la Autoridad Portuaria de Algeciras, indica que todo esto se hace “a costa de una gran tensión para el puerto”, uno de los más grandes de Europa.

Ante la pantalla de alta definición desplegada en su despacho, en la que observa las imágenes captadas por cerca de 700 cámaras, Alcázar explica que los días punta se prioriza el tránsito de pasajeros, pero “se penaliza la carga de camiones de mercancías”, que va más despacio.

Un detalle importante en un puerto por el que transitan mercancías del grupo textil español Inditex o piezas del fabricante de coches Renault, con fábrica en Tánger, además de productos agrícolas y marisco, entre otros.

El éxodo de cada verano es también un negocio suculento para las navieras, en particular las que operan en el estrecho de Gibraltar, que suelen concentrar el 40% de su negocio anual entre mitad de junio y mitad de septiembre.

Igualmente se crean trabajos temporales, especialmente en Algeciras, una ciudad de 120,000 habitantes en la que unos 28,000 empleos directos e indirectos dependen del puerto.

Entre esos temporales están los llamados “pollitos”: más de doscientos jóvenes que, vestidos con una camiseta amarillo fluorescente, ayudan a dirigir el tráfico y cuentan los vehículos con ayuda de un smartphone, para que en caso de gran afluencia, la Autoridad Portuaria pueda decidir rápido si habilita nuevos espacios.

Isabel Corrales, estudiante de último curso de administración y finanzas, es uno de ellos, y lleva ya cinco años, en los que gracias a los quasi mil euros ganados puede costearse la matrícula.

“Este dinero viene muy bien”, dice con una gran sonrisa.

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