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Cuando a Juan Francisco Navarrete le comunicaron que por su enfermedad  le quedaba poco tiempo de vida, se echó a llorar en los brazos  de su madre.  “Paquito”, como lo conocen en Estelí, no entendía por qué el doctor decía que pronto dejaría de vivir si él era un niño que hacía de todo: saltar, correr, reír, jugar chibolas, futbol, estudiar, escribir con buena letra de carta y de molde. ¿Por qué le pasaba esto a Paquito?

Nuevamente volvió a sentirse frágil, impotente, tal como se había sentido la primera vez que su mamá intento ingresarlo a un preescolar y  fue rechazado  por su apariencia física, ya que él nació sin sus dos extremidades superiores.

Desde niño había sentido la discriminación en carne propia y sus padres tuvieron que insistir en varias escuelas para que lo aceptaran como estudiante, ya que su deseo era estudiar como todos los demás niños del barrio, hasta que un día lo aceptaron como oyente y, al año siguiente, como alumno de primer grado.

Con su carisma y entusiasmo pronto se ganó el cariño de sus maestras y compañeritos de clases, quienes le ayudaban a poner una banquita especial  delante de su pupitre para que él escribiera con su pie izquierdo.

Así fue que su pie izquierdo asumió las funciones de sus brazos y manos, dándole la independencia que necesitaba para valerse por sí mismo para comer, asearse, escribir con buena caligrafía, usar el celular y la computadora, entre otras. Durante varios años fue defensa del equipo infantil de futbol Saprisa, actividad que dejó cuando los estudios le exigieron mayor esfuerzo.

Con el tiempo Juan Francisco logró aprobar satisfactoriamente sus estudios de primaria y durante su promoción de bachiller recuerda que vivió uno de los momentos más emocionantes de su vida.

“Mi mamá me llevó a recibir el diploma, me acuerdo que faltaban como 20 para que yo pasara,  ya estaba un poco aburrido y cuando mencionan mi nombre, salen  todos los alumnos en revoluta, me agarran y me llevan chineado a la tarima y comienza un acto especial, donde me decían que siguiera adelante, que era un punto de motivación para todos los que se habían graduado y que no esperaban que me quedara allí estancado, que querían verme triunfar,  y así fue, yo siempre demostré que saliendo de secundaria allí nomás trepé a la universidad”, relata. Aprendió a escribir con su pie izquierdo.

La historia de Paquito se dio a conocer en 1999, cuando apenas iniciaba la primaria. En el año 2003, el grupo Pellas le regaló una computadora para que continuara los estudios de computación que había iniciado meses entes gracias a una beca que le otorgó la ONG Andicap.

Ahora ya tiene 29 años y está a punto de alcanzar su mayor sueño: recibir su diploma universitario como licenciado en Derecho. Atrás han quedado rechazos, burlas, discriminación, decepciones, pero también esfuerzos, tesón, y éxitos.

¿Que te motivó a estudiar Leyes?

Antes, yo llevaba dos carreras, en la UNAN estudiaba Ingeniería en Sistemas y en la Uponic estudiaba Derecho. En Ingeniería iba en segundo año y en Derecho llevaba tercer año, pero  las clases chocaban en horarios y tenía que decidirme por una, y como me encantaba más Derecho, me dije: “Voy a defender los derechos de las personas con capacidades diferentes, voy a ser una persona justa porque hay transportistas que hacen caso omiso cuando ven a una persona como yo”. 

¿Qué dificultades has tenido para encontrar trabajo?

Hay personas que solo aparentan ayudar, pero  no le dan oportunidad a nadie. En mi caso, he tenido problemas con mi trabajo porque los únicos que me han dado la oportunidad han sido amigos como Bayardo Altamirano, Giovanny Castillo, Juan Carlos Morán, don Arístides Rodríguez y otros.

Antes, en el año 1999 había una discriminación tremenda, no había oportunidad para personas con capacidades diferentes, era muy difícil porque la mayoría de padres de familia escondían a sus hijos y no les daban la oportunidad de salir adelante, de compartir, de que ellos se desenvolvieran en lo que querían o en lo que a ellos les gustara.  

La discriminación era bastante fuerte cuando yo empecé, en el preescolar me cerraron las puertas, desde el primer instante dijeron que no, que no podía entrar porque los niños se iban a entretener más viéndome que en obtener su educación,  me cerraron el portón y me regresé llorando como todo niño, pero mi lucha no fue esa, de caer, sino que fue de levantarme, fue una oportunidad más, “te cierro esta puerta, pero vendrán otras”.

Pero a pesar de tu decisión, siempre hay algunos niños burlones y crueles, ¿pasó algo así con vos?

En primaria yo empecé como oyente, y siempre estaba la burla de algunos niños: “Ve, que no tiene manos”, “mirá a ese niño”, decían. Son cosas que cuando uno está empezando duelen, duelen y molestan, pero con el transcurso del tiempo, cuando pasé a la secundaria, aquellas cosas ya cambiaron porque entramos a una nueva educación, ya entró Andicap, que sensibilizaba a los estudiantes para tratar bien a las personas con capacidades diferentes.En su centro de labores leyendp una escritura.

¿Has vuelto a ver al doctor que te examinó?

No, no lo he visto, él dijo en su profecía que llegando a los 14 años yo ya no iba a vivir y gracias a Dios ya son 29 años y aquí estoy.

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¿Te afectó mucho que te haya dicho así, tan duro, que no ibas a vivir mucho tiempo?

Recuerdo que cuando me lo dijo en aquella sala, sí me afectó bastante porque yo dije “se me acabaron mis sueños”, fue cuando me puse a llorar, se metió mi familia y comenzó a reclamar,  después él pidió disculpas, pero el daño ya estaba hecho, porque hay personas que no tienen cuidado con lo que van a decir y a veces no duele el golpe sino que duelen más las palabras, pero a pesar de lo que me dijo, seguí adelante y aquí estoy, después de 29 años yo doy gracias a Dios y como dije algún día: “aquí está el muerto vivo, con un nuevo propósito, si Dios resucitó entre los muertos, creo que yo viví para contarlo”.

¿Qué pasó con aquel equipo Saprisa?

El Saprisa sigue, pero cuando uno ya está en la universidad es muy diferente, porque tiene que trabajar para mantener los estudios y, si ya hay niño de por medio, hay que velar  por el bienestar de la familia y ya es pasar de una niñez a una persona adulta.

¿Y quién es la mamá de tu hija, dónde la conociste?

Es una compañera del barrio, pero nos separamos y todo está tranquilo con ella, a la niña siempre me la presta, pero ahora tengo una nueva relación, mi pensamiento es llegar a casarme y tener una familia estable.

¿Y cómo vas en tus estudios?

Ya pasé las prácticas y acabo de terminar el último módulo de Derecho Procesal Penal; por el momento estoy trabajando con el licenciado Agustín Luna, haciendo trámites legales, arreglando el protocolo y otras diligencias en los juzgados.

¿Y cuándo te dan tu diploma de licenciado en Derecho?

Ya solo falta la graduación, que va a  ser en diciembre, pero he tenido problemas porque, aunque la universidad me dio una beca, ahora tengo que pagar todos los trámites y eso es un gasto fuerte, porque son como 1,000 dólares, hasta he vendido la computadora para pagar los módulos, he trabajado por todos lados para mantenerme y no echarme para atrás.  

Me dijeron que todavía la universidad me espera para pagar, un amigo me consiguió otra computadora para terminar el curso, pero esta ya va de viaje porque estoy contrarreloj, ya me está comiendo la fecha de pago y estoy presionado, si no lo tramito ahora, será la próxima; allí vamos, no me doy por vencido.

¿Y cuál es tu meta en la vida?

Mi sueño es ser un gran abogado y mi meta es trabajar algún día en la Asamblea Nacional y allí demostrar que los ingresos que les dan a los diputados sean invertidos a como se deben, en las personas que en verdad los necesitan y que no sean solo palabras, sino que sean hechos.

¿Además de trabajar, qué otra cosa hacés?

Nuevamente estoy asistiendo a la iglesia, se llama Altar de Fuego y ha sido una bendición estar en mi carrera y conocer un poco de Dios, porque en la vida no solo es conocer lo que  ofrece el mundo, lo profesional, sino conocer lo espiritual también, porque venimos con un propósito y ese propósito se está cumpliendo y hay que darle gracias por todas la bendiciones que nos da.

¿Tenés algún mensaje para los jóvenes?

Solo puedo decir, y siempre lo he dicho, que si yo pude realizar mis sueños, ¿por qué no puede la juventud de ahora que tiene mejores oportunidades?

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