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 A la derecha, torres y restaurantes, a la izquierda, la explanada de la Gran Mezquita de La Meca resplandeciente bajo el sol. Con el brazo extendido, Abdurahmán graba y muestra en directo la peregrinación a su hijo, que se ha quedado en Tanzania.

Nabil, de 18 años, se encuentra a miles de kilómetros de su padre, en otro continente, pero esta mañana participa de alguna manera en este momento único en la vida de los musulmanes: la gran peregrinación a La Meca, en Arabia Saudita.

Gracias a Imo, una aplicación que permite efectuar videollamadas, sigue al detalle el periplo de su padre Abdurahmán, uno de los 1.73 millones de peregrinos extranjeros esperados por los saudíes.

“Espero un día hacer la peregrinación”, afirma Nabil a través de esta aplicación a una periodista de la AFP en La Meca.

“Cuando entré en el Haram (los alrededores de la Gran Mezquita), quise enseñarle a Nabil cómo era y hasta qué punto somos felices y afortunados”, cuenta Abdurahmán con una sonrisa.

Y es que la peregrinación a La Meca no escapa a la fascinación por la imagen, y a la pasión por la transmisión instantánea.

Tarifa de  internet 

Conscientes de este fenómeno, las agencias encargadas de organizar los viajes de los peregrinos al extranjero proponen fórmulas que incluyen una tarifa internet móvil, para evitar a los fieles gastarse una fortuna por el servicio itinerante (roaming).

Por eso a cualquier hora y en cualquier lugar se ve a algún que otro peregrino con el teléfono o grabando para mostrar a su familia o amigos su nuevo entorno.

El teléfono se ha colado incluso en los preparativos para la oración. Como en este centro comercial donde los fieles interrumpen las compras y desenrollan las alfombras para el rezo.

Mientras espera la llamada a la oración, un peregrino mira en su teléfono varias de las fotografías que acaba de tomar. Se detiene en una: un selfi. Duda si dejarlo en blanco y negro o darle un estilo vintage.

Un poco más tarde, a unos pasos de una cadena de cafeterías estadounidense, el malasio Mohamed revisa las fotografías.

“Desde que llegué, hice muchas fotografías y las colgué en Instagram. Facebook te recuerda todos los años lo que hiciste en años anteriores. De vuelta en mi país, estas imágenes reaparecerán y será un recuerdo”, cuenta este periodista de 26 años.

Aguarda los comentarios de sus amigos. “Ya han visto las imágenes por televisión, con mis fotos, ven (La Meca) bajo otro prisma”, afirma.

“Debo tomar fotos para recordarlo. Nunca me imaginé que vendría aquí, todavía soy joven, muchos musulmanes quisieran venir pero no tienen la posibilidad”, declara Mohamed, emocionado.

A Abdurahmán, Mohamed y otros peregrinos también los graban. Más de 17,000 cámaras de vigilancia se instalaron en distintos sitios del hach, según un responsable de la defensa civil. Las imágenes acaban en el Centro de Mando y Control de La Mec

Al anochecer, Mohamed y Abdelaziz Zahran, dos primos de 19 y 20 años, respectivamente, van a la explanada de la Gran Mezquita. “Aquí hay gente de todas las nacionalidades (...) a veces intentamos hablar con ellos”, declara Abdelaziz. Y, por supuesto, los dos inmortalizan el momento.

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