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Un obispo y un sacerdote asesinados en medio de la violencia política que marcó el siglo XX en Colombia serán elevados a los altares por el papa Francisco en la visita de cinco días que hará a comienzos de septiembre al país.

La beatificación fue aprobada por el papa el pasado 7 de julio mediante un decreto que reconoce el “martirio” por “odio a la fe”del obispo de Arauca, Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, y del sacerdote Pedro María Ramírez Ramos, párroco de Armero, localidad del centro del país.

La ceremonia se llevará a cabo el próximo 8 de septiembre en la misa campal que Francisco oficiará en Catama, un complejo ganadero situado en Villavicencio, la segunda de las cuatro ciudades que el papa visitará en Colombia.

“Los mártires son la mejor parte de la Iglesia porque son personas que han vivido de manera más coherente su vida y han manifestado el amor hasta entregar su vida sin pedir nada a cambio”, dijo a Efe el arzobispo de Villavicencio y presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, Óscar Urbina Ortega.

“Padre perdónalos. Todo por Cristo”

El obispo y el sacerdote cayeron en épocas y lugares diferentes, pero víctimas de la misma violencia que durante casi 70 años ha teñido de sangre los campos de Colombia.


Primero fue Ramírez, párroco de Armero, próspero municipio del departamento del Tolima, muerto a golpes y machetazos la tarde del 10 de abril de 1948 por una turba como parte de la asonada conocida como “El Bogotazo”, que había estallado el día anterior en Bogotá tras el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán y que se propagó rápidamente al resto del país.

“Padre, perdónalos. Todo por Cristo”, fueron las últimas palabras del presbítero, conocido como “el mártir de Armero”, ante la multitud que lo molió a golpes después de profanar el templo de Armero en busca de unas supuestas armas que tenía escondidas para apoyar al régimen conservador.

Hija de Eliécer Gaitán en contra

El anuncio del Vaticano no fue bien recibido por Gloria Gaitán, hija del caudillo liberal, quien en una carta enviada al nuncio apostólico en Colombia, Ettore Balestrero, preguntó si el futuro beato no sería el mismo “cura de provincia” que “invitaba” al asesinato del político a quien “desde los púlpitos se le denigró y vilipendió calumniosamente, diciéndole a los fieles que era pecado votar por él”.

En el imaginario popular también hay quienes asocian a Ramírez Ramos con el mayor desastre natural sufrido por Colombia, pues creen que por su asesinato Armero fue arrasado la noche del 13 de noviembre de 1985 por una avalancha de origen volcánico que dejó cerca de 25,000 muertos.

Pero más allá de polémicas, el sacerdote Ramírez Ramos será elevado a la condición de beato junto con monseñor Jesús Emilio Jaramillo, asesinado a tiros por la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) el 2 de octubre de 1989, a la edad de 73 años, un día después de haber sido secuestrado en una carretera del departamento de Arauca.

El obispo asesinado por el ELN

Jaramillo, primer vicario apostólico y primer obispo de Arauca, ciudad del departamento homónimo y fronteriza con Venezuela, se convirtió en la piedra en el zapato del ELN por denunciar las acciones violentas cometidas en la región por ese grupo armado que paradójicamente era dirigido por un cura español, Manuel Pérez Martínez.

Arauca, departamento de gran riqueza petrolera, es desde comienzos de los años 80 un fortín del Frente Domingo Laín, el más poderoso del ELN, que debe su nombre a otro cura español que también se metió a la guerrilla y murió en un combate con el ejército colombiano en 1974.

Monseñor Jaramillo, que llegó a Arauca en 1970, se convirtió rápidamente en benefactor de las comunidades indígenas de la zona y su creciente influencia social fue vista como una amenaza por el ELN, que decidió asesinarlo con siete disparos de fusil.

“La beatificación de ellos es un regalo para nosotros porque nos estimula a vivir a profundidad el cristianismo que se condensa en la entrega que tenemos que hacer de nuestra vida por los demás”, afirma el arzobispo Urbina.

El 8 de septiembre el obispo Jaramillo y el párroco Ramírez Ramos dejarán de ser solo dos víctimas más de la espiral de violencia política de Colombia para alcanzar la gloria de los altares como mártires de la fe católica y convertirse en “un estímulo para esta etapa de reconciliación en que estamos en el país”, agregó el arzobispo de Villavicencio.

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