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En la misma tierra donde hace más de 200 años el cura Miguel Hidalgo y Costilla comenzó la gesta de la independencia de México y plantó las primeras vides llegadas desde España, surgen nuevas bodegas, cuyos vinos comienzan a ser reconocidos en el mundo.

“La historia es que hace un par de siglos, donde estamos hoy parados, tenía los viñedos el cura Hidalgo, por eso este municipio que en aquel entonces se llamaba Dolores, es hoy Dolores Hidalgo, cuna de la Independencia Nacional”, relata Ramón Vélez, director comercial de la bodega Cuna de Tierra.

Vélez señala que fue la quema de las vides de Hidalgo lo que propicia el descontento del sacerdote con la Corona española y precipita el levantamiento que culminó con la Independencia de México.

“El virrey Venegas se entera de la conspiración y de que el cura Hidalgo estaba en ese movimiento y la primera reacción que tiene es arrancarle los viñedos y quemarlos, sin darse cuenta que eso iba a encolerizar a los que estaban a su alrededor”, dice.

Cuna de Tierra y Santísima Trinidad son ejemplos del surgimiento de nuevas bodegas mexicanas en la tierra donde nació la gesta independentista enfocadas en la producción de vinos de calidad.

Los dos enclaves se encuentran a unos 30 kilómetros de San Miguel de Allende, ciudad catalogada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

“Soy de Mendoza, en Argentina, hago vino y me divierto con esta industria aquí, en México, que tiene mucho para dar aquí en el centro del país, en Guanajuato”, explica la enóloga Mailén Obón, de la bodega Santísima Trinidad.

Esta iniciativa incluye también un desarrollo inmobiliario de 85 hectáreas donde se cultivan vides, lavanda y olivos, cultivos que se complementan muy bien y no se disputan los nutrientes de la tierra.

En 2015, Obón produjo la primera cosecha de Santísima Trinidad, que contó solo con 11,000 botellas y para este año espera aumentar la producción a 30,000.

Por su parte, Cuna de Tierra posee 40 hectáreas plantadas de vitis vinífera, con un 15% de uva blanca y el 85% de uvas tintas.

“Entre la uva tinta tenemos cabernet sauvignon, merlot, cabernet franc, shiraz, tempranillo, malbec, nebbiolo. Dentro de las blancas, sobre todo semillón”, describe Vélez, que ya comercializa su vino en Estados Unidos y próximamente comenzará a venderlo en España.

Estas bodegas son una muestra de la diversidad del territorio mexicano y sus características agroclimáticas. La región de Guanajuato se encuentra fuera de la llamada franja del vino, una zona del planeta entre el paralelo 30 y 50, que es donde se producen el 80% de los vinos más afamados.

Sin embargo, esta zona de México cuenta con factores climáticos favorables para el buen desarrollo de la uva.

“Tenemos suficientes horas-sol, más o menos 2,000 durante el período abril-septiembre, que es el período más relevante, y nuestras temperaturas, por la altitud en la que estamos (2,000 metros sobre el nivel del mar), se mantienen adecuadas para que la uva madure bien”, detalla Vélez.

En la bodega Santísima Trinidad, la propuesta que lidera Obón, el 80% de la producción son vinos tintos que pasan por barrica.

“Tenemos una línea crianza que pasa aproximadamente seis meses en barrica y una línea reserva que pasa entre 12 y 14 meses, y además tenemos un rosado y un blanco”, explica la enóloga que acompaña este proyecto lanzado en el 2010.

La sumiller Sandra Fernández, con casi dos décadas de experiencia, explica que en términos de vino México no es un país fácil de catalogar al no tener una uva insignia.

“No es como Argentina y el Malbec, y Chile y el Carménère. México tiene diversidad y biotipos que hay que entender”, argumenta.

Fernández dice que los estados del centro del país donde hay producción vinícola (Zacatecas, Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro) compensan “el no estar en la franja del vino con elevación, ya que aquí tenemos viñedos a 2,000 metros sobre el nivel del mar, cuando ya 800 es alto en otras regiones”.

Explica que los vinos mexicanos están sufriendo una transformación que se agudizó en los últimos cinco años.

“Se están moviendo a vinos más frescos y más fáciles de beber, donde la barrica acompaña, pero no es protagonista, donde la acidez está mucho menos corregida, donde el alcohol está más controlado”, finaliza Fernández.

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