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Erika Albarrán, al igual que miles de capitalinos, vio su cotidianidad trastocada en instantes por el terremoto que dejó casi 300 muertos. Se estiman que unas 20,000 viviendas sufrieron daños estructurales y muchas han sido desalojadas.

“Esperamos que Protección Civil me diga si es que podemos estar ahí en casa y si no, lo que sigue es buscar otra vez. No tenemos dinero, vivimos al día, al ser comerciante ahorita mi venta no es buena”, dice Albarrán, que vende por las calles dulces y jugos de fruta.

Se ha instalado unos 50 albergues para recibir a damnificados, pero las cifras de ocupación fluctúan. Complicado calcular cuántos se han quedado sin techo, pues hay quienes buscaron refugio en casa de familia o amigos, otros pernoctan en las calles, explica la alcadía.

Las autoridades centran ahora sus esfuerzos en el rescate de posibles sobrevivientes en los escombros y atención a los heridos. Después vendrá el recuento de daños y atención a damnificados y al final la reconstrucción.

Erika, cuyo esposo salvó también la vida, pasó parte de la pimera noche en una sección de cajeros automáticos de un banco. La familia traía solo 100 pesos (unos 5.5 dólares) y los niños empezaban a tener hambre.

Pero se enteraron de los albergues y se fueron a uno, donde al menos tienen el alimento garantizado pues la solidaridad de los mexicanos ha sido tal que se desbordan algunos centros de acopio.

“Sin comer no nos hemos quedado, no saqué nada, ni pañales, ni leche, pero nos han dado de todo: ropita, leche, pañales”, comenta al admitir sin embargo que esto no durará para siempre.

“Busco casa segura” 

Martha Alba, jubilada de 61 años, manda mensaje a sus amigos: “Busco casa segura”. 

Tras el sismo de 1985, que dejó más de 10,000 muertos, compró a precio de remate un apartamento en el sector chic de Condesa, de los más vulnerables a los terremotos pero que en los últimos años ha sido escenario de un ‘boom’ inmobiliario con apartamentos que se cotizan en cientos de miles de dólares.

“Mi casa quedó muy dañada, imposible entrar. Era mi patrimonio de años de trabajo”, dice a la AFP Alba, quien se ha refugiado en casa de un amigo y pasó el jueves viendo apartamentos para rentar.

La incertidumbre la invade. No sabe por cuánto tiempo rentar, si su edificio podrá ser reforzado y, en todo caso, siempre estará el temor de que se vuelva a sacudir la tierra.

“Estoy a salvo, el temblor me tocó en la calle. Pero como siempre, los ‘clasemedieros’ sufrimos mucho. Los ricos tienen para comprar y los pobres, aunque suene duro, están acostumbrados a no tener y a ellos son los primeros que ayuda el gobierno”, dice.

De seguros, ni hablar, se estima que solo 5% de las viviendas cuentan con uno, pues existe poca cultura pese al antecedente del terremoto de 1985.

¿Ahora qué viene?

Eloísa Tamayo, de 72 años, también se pregunta qué vendrá después del sismo y la emergencia, mientras sostiene a Moni, una pequeña perra color miel.

“Es lo que dice uno, ¿ahora qué viene o cómo? Estamos en una incertidumbre”, dice la mujer de cabello cano.

Vive sola con su mascota en un apartamento en el sur de la ciudad. Ella  reside en el vecino estado de Morelos, también afectado severamente por estar cercano al epicentro. Le aseguraron que el edificio no sufrió mayores daños, pero teme regresar.

“Se cayó un edifico que está cerca de donde yo vivo, ahorita me da miedito quedarme”, dice al relatar que durante el terremoto su única preocupación era que su perra estuviera bien.

Ingenieros y arquitectos organizados por la alcaldía recorren la ciudad  para determinar si las personas pueden volver a salvo a sus viviendas. Érika confía que una de esas sea su casa. 

Secuelas psicológicas

Los trastornos psicológicos que aparecen después de una tragedia como el sismo en México del pasado martes pueden persistir en el tiempo en el 40 % de los casos, explicó a Efe el sicólogo y coordinador de brigadas de atención sicológica en casos de emergencia del Instituto Nacional de siquiatría (INP),

Iliaim Merlín.

“Los síntomas más comunes son trastornos de ansiedad, trastornos de angustia, síntomas depresivos”, asegura el sicólogo, quien no descarta que aparezcan “algunos síntomas más graves como trastornos sicóticos”.

“Después de un evento de esta magnitud”, un sismo de 7,1 en la escala de Richter, la mayoría de las personas podemos tener reacciones como ansiedad, que es la más frecuente, “pero después de unas horas o unos días” los síntomas se disipan pues “tenemos recursos para poder regularnos emocionalmente”.

Sin embargo, “el 40 % de los que se enfrentan a una situación así van a tener síntomas que persistan”.

“Pueden ser síntomas de ansiedad, incluso trastornos postraumáticos”, explica el doctor, y agrega que “aquellos que tengan cierta vulnerabilidad intrínseca pueden desarrollar delirios”.

Los delirios “son pensamientos o ideas falsas” derivados de la psicosis que lleva a las personas a pensar “que están siendo vigilados o amenazados”.

Otros síntomas psicóticos “son las alucinaciones, fundamentalmente auditivas, como escuchar voces o murmullos”.

Pese a estas posibilidades más drásticas el sicólogo espera que “en general” la mayoría de personas “tengan recursos para avanzar rápidamente” en su situación emocional.

Con respecto a los niños “si tienen apoyo, compañía o están supervisados por adultos pueden sobreponerse en la mayoría de los casos”, apuntó Merlín.

En estos casos se recomienda “tratar de dormir adecuadamente, tener actividad física o evitar el consumo del alcohol y otras drogas”.

Para atender estos casos, el INP puso en funcionamiento desde el jueves brigadas de médicos especializados en atención psicológica para asistir a los afectados por el sismo, que acumula 273 muertos.

Las brigadas, compuestas por equipos de dos psicólogos, proceden inicialmente “con una evaluación clínica” en la que se contacta a la persona y se evalúan “cuáles son las necesidades inmediatas para que no esté en riesgo su salud”. El Instituto Nacional de Psiquiatría (INP) ya ha puesto en circulación 4 brigadas de dos psicólogos cada una actualmente operativas mientras que la Universidad Nacional Autónoma de México ha desplegado hasta 20 operativos.

Por ahora se desconocen datos de los trastornos más comunes que está sufriendo la población ya que las brigadas comenzaron el jueves su actividad y es complicado tener un censo por el momento.

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