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Unos 30 millones de personas en el mundo sufren alzhéimer, una enfermedad cuyo diagnóstico ha mejorado, pero que sigue sin tratamiento curativo, recuerdan los expertos con motivo del Día Mundial.

Descrita por primera vez en 1906 por el médico alemán Alois Alzheimer, esta enfermedad neurodegenerativa consiste en un deterioro progresivo de las capacidades cognitivas hasta llegar a una pérdida de autonomía del enfermo.

Entre los síntomas figuran los olvidos de forma repetida, los problemas de orientación y las alteraciones de las funciones ejecutivas, como por ejemplo no acordarse cómo utilizar su teléfono.

Estos síntomas deben llevar a consultar un médico o un centro especializado, donde varios exámenes neurosicológicos permitirán diagnosticar o excluir la enfermedad.

¿Cuántos enfermos?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay unos 47 millones de personas afectadas de demencias en el mundo, de las cuales, la mayoría, entre 60 y 70% sufre alzhéimer, es decir, entre 28 y 33 millones de personas.

Cada año, se registra 9.9 millones de nuevos casos de demencias.

¿Cuál es la causa?

En la mayoría de casos, se desconoce la causa principal, explica el doctor Stéphane Epelbaum, neurólogo del hospital parisino de la Pitié-Salpêtrière.

“No sabemos por qué en algunas personas las neuronas empiezan a degenerar y en cambio en otras, no”. Pero la “cascada de acontecimientos que lleva a esta degeneración se conoce cada vez mejor”, añade.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

La edad “es el mayor factor de riesgo conocido”, según la OMS. Se estima que a partir de los 85, una mujer de cada cuatro y un hombre de cada cinco sufren alzhéimer. A partir de los 65 años, el riesgo de desarrollar la enfermedad se duplica a cada lustro.

Esta enfermedad no debe no obstante ser considerada como una consecuencia inevitable de la vejez.

Solo en un 1% de los casos, existe un factor hereditario, con una aparición mucho más precoz, hacia los 60 o incluso antes.

Para el resto, algunos estudios apuntan como factores de riesgo el sedentarismo, la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial, el tabaco, el alcohol y la alimentación desequilibrada.

La depresión, un nivel bajo de estudios, el aislamiento social y la ausencia de toda actividad intelectual también son citadas por la OMS como condiciones favorables al desarrollo de la enfermedad.

¿Cómo se diagnostica?

Durante muchos años, diagnosticar la enfermedad del Alzheimer era una tarea difícil y a menudo había que esperar a que el paciente muriera para saberlo con seguridad.

Pero ahora existen métodos eficaces de diagnóstico.

Primeramente, se hace un examen clínico del paciente con test con preguntas para detectar los trastornos cognitivos, explica el doctor Epelbaum.

Para confirmar la enfermedad, los médicos pueden recurrir a la imagen por resonancia magnética o a la tomografía por emisión de positrones, con el fin de visualizar las modificaciones del cerebro.

También hay la posibilidad de realizar punciones lumbares para detectar algunos marcadores de la enfermedad.

¿Tratamiento?

No existe actualmente ningún tratamiento curativo del alzhéimer. “Muchas estrategias terapéuticas están actualmente en fase de investigación fundamental”, según la Fundación para la Investigación Médica de Francia.

Hay medicamentos para eliminar las lesiones cerebrales características del alzhéimer —las placas amiloideas—, pero son ineficaces para frenar la enfermedad.

“En el futuro, los tratamientos seguramente consistirán (...) en la asociación de varios medicamentos para actuar contra las diferentes disfunciones que provoca la enfermedad”, según el doctor Epelbaum.

Memoria para anticipar

El neurólogo portugués António Damásio, Premio Príncipe de Asturias 2005 de Investigación, aseguró  que la memoria cumple un importante papel para anticipar el futuro, durante la última jornada de la cumbre sobre alzhéimer celebrada en Lisboa.

“La memoria nos ayuda a lidiar con el ahora, pero también es necesaria para prever el futuro”, dijo Damásio en la conferencia, en la que estuvo acompañada por su esposa, Hanna Damásio.

El científico explicó que no se trata de anticipar el futuro desde un punto de vista astrológico, sino de prever lo que va a ocurrir “momento a momento”, lo que permite saber, por ejemplo, hacia dónde va uno cuando camina por la calle.

La conferencia de Damásio fue el acto más destacado de la última jornada de la cumbre, que llevó a la Fundación Champalimaud de Lisboa durante cinco días a más de 80 expertos del mundo.En dicho evento el médico estadounidense Richard Axel,

Nobel de Medicina en 2004, explicó que el estudio del olfato permite comprender el funcionamiento de la memoria y problemas relacionados con ella, como el alzhéimer.

Axel presentó algunos de los resultados de la investigación sobre cómo funciona el olfato que le llevó a ser galardonado con el Nobel.

El médico y su equipo observaron, con experimentos realizados con ratones, que el aprendizaje y las abstracciones del cerebro dependen en general de la experiencia, hallazgo que abre la puerta a entender cómo patologías como el alzhéimer afectan a la memoria. El neurocientífico británico John O’Keefe, Nobel de Medicina en 2014, relacionó las lesiones en el “GPS” del cerebro con el alzhéimer.

O’Keefe, galardonado con el Nobel por su trabajo sobre cómo el hipocampo en el cerebro almacena información espacial, lo que funciona como un “GPS” cerebral, explicó que las lesiones en este área van en paralelo al declive de la memoria.

Los daños en el hipocampo o en regiones cercanas, explicó el investigador, dañan progresivamente la capacidad de orientarse o de retener la memoria de los espacios, un proceso similar a cómo se inicia el daño en el mal del Alzheimer.

Por ello, el británico espera que sus hallazgos sobre el sistema de localización del hipocampo puedan contribuir a la investigación en torno al alzhéimer.

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