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Las actas de fundación de Quito, de 1534, donde figuran nombres de conquistadores españoles como Francisco Pizarro, Diego de Almagro o Sebastián de Belalcázar, arrojan luz sobre el drástico cambio social y administrativo que vivió el Nuevo Mundo hace casi 500 años.

Bajo el título de “Detrás del Papel”, estos manuscritos originales se presentan de forma inédita en una muestra temporal en la capital ecuatoriana con motivo del trigésimo noveno aniversario de la declaración del casco colonial de Quito como patrimonio de la humanidad.

Se trata de nueve documentos expuestos entre cristales para que el visitante pueda apreciar los más mínimos detalles de la escritura, el papel e incluso una marca de agua con forma de mano que aparece si se le acerca una linterna.

Su análisis científico reveló que las hojas eran de papel de lino empastadas con una mezcla de almidón de arroz y que la tinta podría haberse elaborado en el, por aquel entonces, recién descubierto continente.

Entre los documentos expuestos está el acta de establecimiento de Santiago de Quito, primera fundación importante que los españoles realizaron en los territorios de lo que hoy es Ecuador, firmada el15 de agosto de 1534, en Riobamba, 200 kilómetros al sur de la que hoy es capital ecuatoriana.

Trece días después, el 28 de agosto, se redacta el documento de la Fundación de la Villa de San Francisco de Quito y como ratificación de ese proceso, el 6 de diciembre otra acta, en este caso rubricada por Sebastián de Belalcázar, que completó su conquista, certifica el establecimiento de la nueva ciudad.

“En la ciudad de Santiago, a veinte y ocho días del mes de agosto, año del nacimiento de nuestro salvador Jesucristo de mil y quinientos y treinta y cuatro años, el magnífico señor don Diego de Almagro, mariscal de Su Majestad, en estos reinos de la Nueva Castilla (...) y el muy magnífico señor, el comendador don Francisco de Pizarro”, reza uno de los originales en el que se consigna la creación de la nueva urbe.

El texto establece que la nueva metrópolis “estará a treinta leguas, poco más o menos, de esta ciudad de Santiago”, que “en lengua de indios se llama Quito”. Ambas fundaciones las hizo Diego de Almagro por encargo de Pizarro, quien según figura en el documento, da nombre a San Francisco de Quito, en contraste con la creencia generalmente extendida de que lo debía al fundador de la orden de los franciscanos, que se establecieron en la ciudad desde su creación.

La del 6 de diciembre cuenta con dos firmas manuscritas de Belalcázar y pese a que el escribano especifica que “mando a hacer traza de esta dicha villa y en ella señalar solares a los vecinos”, en el documento no figura trazado alguno, sino un espacio en blanco así conservado hasta el día de hoy.

Para Patricio Guerra, historiador y cronista de la ciudad, la importancia de los documentos radica en que “al fundar la villa están haciendo la ciudad española, la ciudad mestiza”, que inicialmente contó con 204 vecinos.

Recuerda que áreas colindantes con la hoy Quito tuvieron una ocupación milenaria que se remonta a 12,000 años a.C., principalmente de poblaciones nómadas y, posteriormente, hasta la conquista, de la civilización Inca.

“Nace esta ciudad con una cultura escrita, las actas muestran un nuevo sistema de organización social, administrativa y del espacio”, subraya el investigador.

Y es que la fundación de villas y ciudades fueron las primeras acciones que realizaron los conquistadores españoles en América como hecho jurídico del que se derivaba la conformación de un cabildo encargado de la administración de los asuntos municipales.

“Esta exposición es como una cédula de identidad de la ciudad, hay un documento sobre el cual nos respaldamos y en el que se asienta todo el proceso histórico”, comentó a Efe Eduardo Maldonado Haro, director del Museo de la Ciudad.

Se refiere al Libro Primero de Cabildos de Quito, expediente producido por la institución municipal que contenía las actas fundacionales, testigo mudo de la creación de un nuevo régimen político y administrativo en Quito a partir de 1534.

El volumen figura en una caja de madera y una encuadernación rematada por una talla que se exhibe también al público, al igual que documentos del reinado de Carlos V, quien otorgó el escudo de armas a la ciudad y dispuso su trazado en un procedimiento que en 1523 consignó en sus Leyes de Indias, que acompañan la exposición.
Al igual que en otras ciudades incipientes de América, el diseño en damero o cuadrícula, muy en boga en la época renacentista, fue el aplicado en la nueva colonia andina, reflejo de una planificación y un riguroso orden jerárquico social y administrativo.

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