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Si uno se corta o se quema durante el día, las heridas sanan mucho más rápido que si esto ocurre por la noche, revela un estudio publicado el miércoles que muestra la importancia del reloj biológico en el proceso de curación.

El descubrimiento podría tener aplicaciones en las intervenciones quirúrgicas y proporcionar objetivos para nuevos tratamientos que aceleren la curación, creen los investigadores del Laboratorio de Biología Molecular en Cambridge, Reino Unido.

Su trabajo aparece en la revista médica estadounidense Science Translational Medicine y es el primero en mostrar cómo nuestro reloj biológico interno actúa en la recuperación de las células de la piel. 

Para el profesor John O’Neill del Laboratorio de Cambridge, este fenómeno “podría indicar que el organismo humano ha evolucionado para acelerar la curación durante el día, un período en que el riesgo de lesiones es mucho mayor”. 

Este reloj, o ritmo circadiano, regula casi todas las células del cuerpo humano de acuerdo con los ciclos de 24 horas que determinan muchos procesos biológicos, como el sueño, la secreción hormonal y el metabolismo. 

Las pruebas de laboratorio en las células de la piel humana, los fibroblastos y los queratinocitos --que forman la parte superficial de la epidermis--, así como en la de ratones, mostraron que durante el ciclo diurno del reloj biológico las heridas sanan casi el doble de rápido. 

Los investigadores constataron el mismo fenómeno con las quemaduras en humanos analizando los registros médicos de 118 pacientes que habían sufrido quemaduras procedentes de los principales centros de tratamiento de quemaduras de Inglaterra y Gales. 

Las quemaduras toman un promedio de 60% más de tiempo en curarse si ocurren de noche, entre las 20H00 y las 08H00. 

Su curación tomó 28 días en promedio, en comparación con solo 17 días si ocurrieron durante el día entre las 08H00 y las 20H00, dicen los investigadores. 

Además, estas células experimentan una mayor actividad interna, en la que las proteínas juegan un papel clave en la curación.

Finalmente, el colágeno, la principal proteína que forma la estructura de la epidermis, se deposita en mayor cantidad en la herida durante el día.

Terapia genética salva piel de niño

Un equipo de médicos en Alemania logró reconstituir prácticamente la totalidad de la piel del cuerpo de un niño afectado de una grave enfermedad genética, al experimentar con una nueva técnica de modificación de células madre.

Aquejado de los efectos devastadores de su enfermedad, llamada Epidermólisis Bullosa Juntural (JEB, por sus siglas en inglés), el niño ingresó en un hospital en junio de 2015, cuando tenía 7 años. 

“Había perdido casi dos tercios” de la epidermis que cubre el cuerpo, dijo Tobias Rothoeft, del Hospital Universitario Infantil Ruhr de Bochum, en Alemania, cuya investigación fue publicada el miércoles en la revista Nature.

Tras probar con los remedios a su alcance --incluido un trasplante de la piel de su padre, que el cuerpo del pequeño rechazó--, los médicos se resignaron a esperar su muerte.

Pero sus padres les conminaron a “intentar cualquier cosa” y dieron con un estudio de Michele de Luca, un experto en medicina regenerativa en Módena (Italia).

“Nos prometió que nos daría piel suficiente para curarlo”, recuerda Rothoeft.

De Luca y su equipo extrajeron células de la piel de una zona no afectada de su cuerpo, repararon el gen que había mutado y utilizaron las células corregidas para cultivar piel en el laboratorio.

Esta fue luego implantada en el cuerpo del niño, principalmente en dos operaciones en octubre y noviembre de 2015. En total, se reemplazó el 80% de su piel.

El niño salió del hospital en febrero de 2016, tras casi ocho meses en cuidados intensivos. Un año y medio después se encuentra perfectamente, juega futbol y no tiene necesidad de tomar ningún medicamento.

“La piel es de buena calidad”, dijo Rothoeft. “Si sufre algún morado (...) este se cura de la misma forma que en una piel normal”.

El tipo de JEB --una enfermedad rara--, que sufre este niño, está causado por la mutación de un gen llamado LAMB3, que impide que la epidermis se adhiera correctamente a la capa inferior, la dermis.

No existe actualmente ninguna curación y más del 40% de quienes la sufren mueren antes de la adolescencia. Quienes sobreviven, sufren heridas crónicas y a menudo cáncer de piel.

“Pienso que esta epidermis (implantada) durará para siempre”, dijo De Luca.

El niño todavía tiene ampollas en las zonas no trasplantadas, que afectan entre 2 y 3% de la superficie de su cuerpo.

La nueva técnica abre una puerta de esperanza para los enfermos de JEB, aunque los expertos todavía deben determinar si su eficacia será igual en otros pacientes. Por ahora, se emprendieron experimentos clínicos.

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