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El difícil camino al olvido en Bosnia

Foto por: AFP / END

El centro memorial de Potocari, cerca de Srebrenica.

Creado en pleno conflicto de los Balcanes, el Tribunal Penal Internacional para la exYugoslavia (TPIY) cierra el mes próximo tras dedicar casi un cuarto de siglo a escuchar y juzgar a quienes cometieron los peores crímenes en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

La justicia internacional hizo su trabajo: el exjefe militar serbobosnio Ratko Mladic acabará sus días en prisión. Pero la página del conflicto entre comunidades será difícil de pasar en Bosnia.

El fiscal del Tribunal Penal Internacional para la exYugoslavia (TPIY), Serge Brammertz, afirmó que la justicia no traerá por sí sola una “reconciliación (que) debe venir de la sociedad”.

“Esta reconciliación está estancada” en los Balcanes en general y en Bosnia en particular, aseguró el comisario de derechos humanos del Consejo de Europa, Nils Muiznieks, la víspera del veredicto.

Este político recordó las “divisiones étnicas”, la “negación del genocidio” o la “glorificación de los criminales de guerra” que aún prevalecen en la región.

Para la analista Tanja Topic, el veredicto de culpabilidad de Mladic no supone un punto final porque no va acompañado de “una crítica contra los crímenes en el propio bando”.

Los políticos serbios de Bosnia especialmente “son prisioneros de esta idea”, según la cual el TPIY es un tribunal político, autor “de una injusticia histórica contra los serbios”.

El miércoles, a varios kilómetros del memorial de la masacre de Srebrenica, aparecieron varias pegatinas con Mladic en uniforme y la inscripción: “Tú eres nuestro héroe”.

El líder político de los serbios de Bosnia, Milorad Dodik, calificó al criminal de guerra de “leyenda del pueblo serbio”.

Esta opinión es mayoritaria entre los serbios ortodoxos de Bosnia, que representan poco menos de un tercio de los 3.5 millones de habitantes frente a la mitad de bosnios musulmanes y al 15% de croatas católicos.

Los que se niegan a definirse según estos criterios religiosos no superan el 3%.

La culpa de Dayton

El acuerdo de Dayton logró callar las armas a finales de 1995. Pero, según Predrag Kojovic, presidente del pequeño partido multiétnico “Nuestro Partido”, también le “dio a los nacionalistas un empuje casi ilimitado en sus territorios étnicos” y les ayudó “a conseguir sus objetivos bélicos por medios políticos”.

Un cuarto de siglo después de un conflicto que dejó 100,000 muertos y 2.2 millones de desplazados entre 1992 y 1995, los representantes de todas las comunidades recurren al concepto “tres historias, tres verdades”.

El mejor aliado de esta lucha de recuerdos es la segregación escolar, promovida bajo el pretexto de proteger los derechos de las minorías.

El principio de “dos escuelas bajo un mismo techo (...) persiste a pesar de la decisión de una ley interna que lo declaró discriminatorio” y de las recomendaciones de las organizaciones de defensa de los derechos humanos, lamentó Nils Muiznieks.

La separación entre comunidades se reforzó tras la guerra. Banja Luka (norte del país), que antes era multiétnica (49% serbios, 19% bosnios, 15% croatas), es en la actualidad básicamente serbia (90%), según el censo.

Anteriormente, símbolo multicultural, Sarajevo es ahora una ciudad 80% bosniomusulmana (el doble que en 1991).

‘Por el futuro’

El alcalde serbio de la ciudad mártir de Srebrenica, Mladen Grujicic, apostó por la convivencia y mostró orgulloso en su oficina un dibujo de un niño en el que un serbio y un bosnio leen juntos, uno la Biblia y otro el Corán.

Zijad Bacic, de 40 años, es un superviviente de la masacre de Zecovi (norte), en la que 17 miembros de su familia fueron asesinados por los hombres de Mladic.

Colabora con el programa “Por el futuro” y va contando su historia en los institutos de los Balcanes junto con otras víctimas, serbias y croatas.

“La gente que sabe que no es posible hacer nada más que vivir juntos comenzaron el proceso de reconciliación tras el final de la guerra”, asegura.

El tribunal

El Tribunal Penal Internacional para la exYugoslavia (TPIY) deja una herencia impresionante, según los expertos: ayudó a escribir la historia del conflicto, advirtió a los criminales de guerra del planeta que podrían también encontrarse en el banco de los acusados y esbozó los contornos de una jurisprudencia internacional para crímenes como el genocidio.

El TPIY mostró que sí era “posible llevar a la justicia a personalidades de alto nivel responsables de crímenes” en esta guerra, analiza Diana Goff, abogada internacional e investigadora del Instituto Clingendael.

Y “proporcionó un proyecto actualizado sobre cómo crear un Tribunal Penal Internacional en la era de la posGuerra Fría”, añadió.

Alertada en la época por las masacres, violaciones sistemáticas y la limpieza étnica registradas en una Yugoslavia tensada por rivalidades intercomunitarias tras la muerte del mariscal Tito, la comunidad internacional decidió reaccionar.

Pero a falta de voluntad política para realizar una intervención militar, el Consejo de Seguridad de la ONU hizo un gesto en mayo de 1993, al crear, con la adopción de la resolución 827, un Tribunal Internacional “para poner fin a esos crímenes y llevar ante la justicia a las personas responsables”.

El TPIY fue el primer tribunal para crímenes de guerra establecido por Naciones Unidas y el primer Tribunal Internacional instalado tras los procesos de Nuremberg contra los dignatarios nazis.

Expectativas no muy ambiciosas

El tribunal debía también servir de modelo a los tribunales ad hoc similares, encargados de procesar a los responsables del genocidio ruandés de 1994 y las atrocidades de Sierra Leona.

Pero al comienzo, “las expectativas no eran muy ambiciosas”, reconoció esta semana el procurador del TPIY, Serge Brammertz.

Los más escépticos aseguraban que no habría ni acusaciones, ni condenas, ni penas.

Pero ahora, cuando el tribunal se apresta a cerrar sus puertas el 31 de diciembre con un balance de 161 procesados, se celebra que haya instaurado parámetros para investigar, procesar y definir crímenes tan complejos como el genocidio.

Se convirtió en el primer Tribunal Internacional que inculpó a un jefe de Estado en funciones: el presidente serbio Slobodan Milosevic, en 1999.

Más de 4,000 testigos contaron sus historias a lo largo de los años. Y millones de páginas de archivos se han convertido en la actualidad en una biblioteca de referencia para el futuro.

“La herencia principal fueron los procesos en que centenares de personas rindieron testimonio y presentaron rastros irrefutables de crímenes masivos cometidos en la exYugoslavia por todos los bandos”, según Stephen Rapp, exembajador itinerante de Estados Unidos, encargado de crímenes de guerra.