12 de julio de 2009 | 16:26:00


La abominable enfermedad que se remonta a los tiempos bíblicos, hoy es un padecimiento más
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Don Pedro y su lucha contra el Mal de Hansen

Por Tania Sirias | Especiales

Don Pedro y su lucha contra el Mal de Hansen
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Sarita López conduce a don Pedro al galerón donde realizan las actividades los habitantes de la ciudadela. Frank Cortés / END


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Con tan sólo 17 años de edad, Pedro Delgadillo fue sacado a la fuerza de su casa con una orden policial. No había cometido ningún delito, simplemente padecía del Mal de Hansen al que todos conocen como lepra, recuerda ahora a sus 87 años este personaje de mil oficios. Lejos de inspirar tristeza, su historia narra el carácter de un hombre que ante las adversidades saca lo mejor del ser humano.

Durante su “aislamiento” en el Centro Nacional de Dermatología, CND, conocido antes como el Leprocomio, trabajó como carpintero, mecánico, escribió poemas y canciones, ganándose el cariño de su populoso barrio Monseñor Lezcano.

Se casó, tuvo seis hijos y ninguno, ni sus bisnietos, padece su enfermedad. Pedro, un testimonio fiel de quien ha sufrido este martirio desde joven, un héroe de la lucha por vivir, afirma convencido que la lepra se cura, lo que no se cura es el miedo.

“Cuando vine al hospital había 37 pacientes, entre varones y mujeres. Esto era una montaña, donde hicieron un galerón que era una pocilga. También había unas casitas construidas con ripios, putrefactas, las camas hediondas a creolina. Todo aquello daba asco y no había medicamentos”, recordó.

Comentó que al inicio los pacientes eran aislados, sin ningún medicamento. El tren los dejaba a una cuadra de donde hoy es el, Centro Nacional de Dermatología, se bajaban del vagón amarillo, mientras una persona sonaba una campanita, que era la señal de que iban personas con lepra.

Es dado de alta y se casa

Pedro almacena en su memoria los nombres de las medicinas, los países de donde provienen y los efectos que hacían en su piel. Al estar año y medio recluido, fue dado de alta, pero sin medicamento, lo que provocó que la enfermedad reapareciera.

“Me llevé una muchacha de por aquí”, sonríe el pícaro anciano. “Cuando me dieron de alta, fui a buscar al doctor Carlos Irigoyen y le pedí que me diera tratamiento, pero me lo negó porque la medicina se negociaba a los pacientes de Hansen en León, Chinandega y Managua”, dijo Delgadillo.

Como ya tenía hijos en la escuela, le pidió al director del centro hospitalario que le extendiera un certificado para que sus pequeños no sufrieran ningún desaire. Trabajó como carpintero y mecánico en San Marcos, y luego regresó a Managua, donde también hizo labores del campo.

“Estaba arando una tierra cuando me comenzaron unas ronchas, entonces comprendí que la enfermedad venía para atrás. Aun así me fui a trabajar siete años a El Sauce, luego regresé a Managua en 1972, que es cuando me agarra el terremoto, y estoy aquí desde esa fecha”, relató don Pedro.

La lepra no es contagiosa

Gracias al avance de la ciencia, reconoce el entrevistado, la sociedad ha cambiado, pues sabe que la lepra no es contagiosa. Todavía hay quienes, producto de la ignorancia, no saben que la enfermedad no se traspasa a los hijos, o nietos, sino que depende del sistema inmunológico de la persona.

La lepra es una enfermedad infecciosa originada por el bacilo de Hansen. Afecta la piel y los nervios periféricos, al punto de perder la sensibilidad.

“La lepra tiene cura. Toda enfermedad, por rebelde que sea, se cura, con fe en Dios y sin miedo. Lo que queda son secuelas de la enfermedad, lo bueno es que estamos vivos, dando testimonio de lo que sufrimos, como fue el rechazo de la familia, de la sociedad y de la Policía cuando nos sacaban a la fuerza de nuestras casas”, refirió Pedro.

La sicóloga Marlene Juárez tiene 30 años de trabajar en el Centro Nacional de Dermatología, CND, y su relación con las personas diagnosticadas con el Mal de Hansen es muy estrecha.

“Me he relacionado muy de cerca con ellos, pues la terapia no es sólo con el medicamento, sino también con actividades recreativas. Paseamos, los llevamos al mar, se hacen convivios en las casas, pues ellos nos prueban para ver si nos los rechazamos”, explicó Juárez.

Comentó que fue hasta 1977 cuando se les construyó casas decentes a los pacientes, y se formó lo que se le conoció como la ciudadela. Se construyeron 17 casitas y un galerón donde realizan las actividades recreativas.

Juárez afirmó que la atención en el CND es integral, ya que se le enseña al paciente a convivir con la enfermedad, pues es crónica, y sobre todo a manejarla. También a superar el estigma, pues existen medicamentos para curar la lepra y evitar el rechazo social.

De lepra nadie se muere

Cada año se confirman dos o tres casos de lepra en el país, expresó la trabajadora social Sarita López, con más de 23 años de trabajar en el CND. Comentó que en el Centro de Dermatología han sido diagnosticados maestros, médicos e incluso ministros, los cuales siguen el tratamiento, se curan, y cada cierto tiempo regresan para realizarse chequeos.

López dijo que de lepra nadie se muere. “Los pacientes que hemos tenido se han muerto del corazón, de problemas de la vesícula y otros tantos padecimientos que tienen que ver con la edad, pero de lepra están curados.”

Además, reiteró que estos pacientes no contaminan a nadie, pues ya están curados. Lo único que les queda son las deformaciones, pues cuando esta enfermedad comenzó, no había tratamiento para el mal.

Es hasta 1959 que aparece la Sulfona, un medicamento específico para atender a los pacientes con lepra.

Un triste pasado

López remembró los orígenes del CND, cuando se le llamó Leprocomio o Lazareto. “Este lugar se fundó gracias a la caridad que hizo Juan de Dios Matus en 1932. A los pacientes sólo los vinieron a tirar, sin medicamentos, en condiciones inhumanas. Los bajaban del vagón amarillo, a casi una cuadra de la entrada, sonando una campanita como en los tiempos bíblicos”, lamentó la trabajadora social.

Sin embargo, ahora la atención integral al paciente con lepra ha cambiado, pues se diagnostica como un problema más de la piel, se le brinda el medicamento de manera gratuita, y se le atiende sicológicamente, pues no es lo mismo tener VIH y lepra, como decir diabetes o problemas del corazón, explicó López.

“Hoy en día no son aislados, el paciente puede trabajar en cualquier profesión, pues el tratamiento evita las malformaciones en la piel y en los nervios. No se les separa de la familia, pero sobre todo se libran del estigma de padecer la maldición de Hansen”, concluyó la trabajadora social.

¡Viva Mena! El Divino Leproso

No hay nicaragüense que no conozca la historia del Divino Leproso, pues es casi una obligación que desde pequeños nos hablen del maestro del pentagrama, José de la Cruz Mena.

Incluso, algunos logramos ver a nuestros bisabuelos y abuelos bailar el famoso vals Ruinas, donde se expresa el dolor y la grandiosidad de aquel músico que logró escapar del confinamiento en la isla de Aserradores.

En los tiempos del presidente José Santos Zelaya se decidió enviar a todos los enfermos de lepra a la isla de Aserradores. Este músico leonés le compuso una marcha al general, y eso le valió para que se le concediera un salario de sargento, y se le respetara su retiro en el río Chiquito, cerca de la comunidad de Sutiaba.

Según su biografía, conoció la fama en septiembre de 1904, durante la celebración de los primeros Juegos Florales de León, ganando el primer premio en música con el vals Ruinas, cuando el público lo ovacionó en el teatro municipal de León, a pesar de la temida enfermedad.

Murió a los 33 años, el 22 de septiembre de 1907, sufriendo los cruentos dolores de su enfermedad. Los funerales de José de la Cruz Mena revistieron gran solemnidad y su cuerpo descansa en la catedral de La Asunción, junto a los grandes poetas de nuestro país, Rubén Darío y Alfonso Cortés.

¿Por qué se conoce como el Mal de Hansen?

La lepra es una enfermedad infecciosa de nula transmisibilidad, producida por la bacteria Mycobacterium leprae, descubierta como agente causal del mal por el médico noruego Gerhard Armauer Hansen, debido a lo cual se les denomina, respectivamente, enfermedad de Hansen a una, y bacilo de Hansen a la otra.

La lepra fue históricamente incurable, mutilante y vergonzante, al punto que, entre otras medidas, se decretó en 1909, por demanda de la Sociedad de Patologías Exóticas, “la exclusión sistemática de los leprosos” y su reagrupamiento en leproserías como medida esencial de profilaxis.

Se sabe que la lepra afecta a la humanidad desde al menos el año 600 antes de Cristo, y fue bien diagnosticada en las civilizaciones de la antigua China, antiguo Egipto e India.

En 1991 la Asamblea Mundial de la Salud adoptó una resolución para eliminar el Mal de Hansen como problema de salud pública en el año 2000. Por eliminar la lepra como problema de salud pública se entiende conseguir una prevalencia de menos de un caso por 10,000 personas.

En 1995, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimaba que entre dos y tres millones de habitantes seguían permanentemente discapacitados por lepra (Fuente Wikipedia).


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