29 de diciembre de 2009 | 22:01:00


Recorrido de un año en un sistema que tiene huecos por todos lados

CARAZO | END

Salud en Carazo es materia reprobada


* “Supuestamente es gratuita, pero resulta ineficiente y sin medicamentos”, dicen pacientes que asisten a diario a los puestos
* En 2009 se dieron tomas de varios centros asistenciales, despidos de trabajadores e intimidación a directores

Por Tania Goussen | Especiales

Salud en Carazo es materia reprobada
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En la gráfica aparecen miembros de los CPC de Dolores junto al alcalde orteguista Yáder Ramos, cuando refutaba la decisión del doctor Roberto Vásquez. TANIA GOUSSEN / END


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El sistema de Salud en el departamento de Carazo causó inestabilidad en sus trabajadores y pacientes, después de iniciar el año 2009 con despidos masivos en todos los niveles, administrativos, bases y personal médico y de enfermería, aduciendo la dirección del Silais reestructuración en los centros de salud.

Otro de los reclamos de la población de los ocho municipios de Carazo es la falta de humanismo en la atención de los médicos y personal de los centros asistenciales, además de la escasez  de medicamentos en las farmacias.

END en el mes de febrero de 2009 corroboró la denuncia de 25 trabajadores del hospital El Maestro, despedidos tras conocer un comunicado que informaba que por falta de transferencia del Presupuesto General de la República al hospital en mención, disminuyeron los recursos, obligando un ordenamiento.

Posteriormente, en los primeros días de marzo, las hermanas religiosas propietarias de la edificación del Hospital San José, ubicado en la ciudad de Diriamba, denunciaron a EL NUEVO DIARIO que las autoridades del Ministerio de Salud las estaban “presionando para sacarlas  del local”, aseveraba entonces la actual directora, Sor Ligia Estela Rivas.

El apoyo y solidaridad  de la población diriambina con las monjas no se hizo esperar, ya que la actitud del Silais-Carazo ponía en peligro el seguimiento de las atenciones a los pacientes, pues ellas estaban decididas a cerrar si la situación continuaba igual.

El Ministerio de Salud retrocedió en el despojo a las religiosas del centro hospitalario, fundado por la congregación de las Hermanas de la Divina Providencia hace 54 años.

Peligró construcción de centro de salud

En el mes de mayo, el Gran Ducado de Luxemburgo construyó un comedor infantil, pero en el proceso, repentinamente la coordinadora de los CPC, doña María Teresa Narváez, habitante  del barrio “Silvio González”, denunció ante la Policía que “varios integrantes de la organización, (los CPC), habían supuestamente sustraído materiales de construcción”, peligrando así la obra del comedor y de  un nuevo centro de salud, valorado en un millón de dólares.

Al final, el edil, doctor Bismarck Pérez Paniagua, reembolsó el dinero para comprar nuevamente los materiales que se llevaron grupos orteguistas que por poco echan al precipicio la valiosa donación.

Toma de centros de salud

Para el mes de julio los miembros de los CPC junto con la población de Dolores decidieron tomarse por dos días el centro de salud del municipio, tras conocer el despido del médico Francisco Méndez. Según los demandantes, la decisión era orientada por la dirección del Silais.

Paradójicamente, uno de los que se oponía a esta decisión era el edil Yacer Ramos. Ramos se pronuncio fuertemente ante las acciones tomadas por el doctor Roberto Vásquez, director del sistema de salud de Carazo, y todo acabó cuando Jairo Bendaña, de la cúpula orteguista, intervino en el mismo mitín que dirigió Ramos.

La población de esta localidad resintió los cambios de tres directores de Silais, debido, según dicen unos, a presión de los trabajadores de la salud con los pacientes. Otros aseguraron que los cambios los orientó Gustavo Porras, del FNT, quien en reiteradas ocasiones se ha reunido con miembros de la administración del Silais-Carazo.

Negligencias médicas

En agosto y septiembre, dos familias del departamento alegaron que sus familiares fallecieron por negligencias médicas, y denunciaron ante los medios de comunicación el calvario vivido junto con sus seres queridos al recibir maltrato y falta de atención.

Los escenarios de una de las odiseas del mal actuar de ciertos médicos fueron el Hospital Público San José, en Diriamba,  y  la empresa médica Harmin, que está en Jinotepe. Hasta la fecha no existen resultados de la visita ni respuestas a las denuncias realizadas ante las autoridades del Minsa, Policía Nacional y la Fiscalía.

Cuantiosas demandas
A lo largo de este año, según estadísticas de uno de los hospitales de referencia regional, más de 50 mil personas necesitaron atención del sistema de Salud en 2009, “de estos el 80% manifiestan que es ineficiente el servicio, supuestamente gratuito, que llevan a la población porque no hay ni siquiera Diclofenac, que es uno de los fármacos más baratos en nuestro país”, dijo uno de los trabajadores que no brindó su nombre por  temor a represalias de las autoridades de salud.

Maltrato a pacientes 

¡Ayúdenme por favor, mi hija está con una fuerte hemorragia!, gritaba en repetidas ocasiones la joven Anielka González, el pasado 21 de diciembre en horas de la tarde, cuando llevó a  su hijita al Hospital Santiago, de Jinotepe, después de que la niña de ocho años se cortara la parte inferior de su dedo gordo de la mano izquierda al pelar un coco.

 “Cuando llegamos al hospital no nos atendieron, yo estaba llorando porque pensaba que le iban a amputar su mano pues la sangre no paraba de salir de su dedo, yo imploraba pero hasta después de tres horas me atendieron, solamente le lavaron su dedito y ella decía que tenía dolor, el cirujano plástico me escribió varios medicamentos en una hoja  y me dijo que los fuera a comprar porque en la farmacia no habían”, se quejó la denunciante.

“Después que se los llevé le aplicaron las medicinas y el doctor como picado por algo desconocido, muy alterado, me dijo: ahora llévesela a su casa porque yo estoy ya de vacaciones y regrese después del 4 de enero de 2010 para ver qué se puede hacer pero no le garantizo nada”, dijo González.

 En otro de los casos, la señora Odilia Robles contó que “mi hijo desde el 24 de diciembre está con fiebre y dolores en su cabeza, lo traje al hospital pero por más de tres horas hemos estado esperando los resultados de los exámenes. El hecho que uno sea pobre no quiere decir que es bruto, porque mi hijo Alberto, le preguntó al doctor que si era dengue lo que tenía y en tono de burla le respondió; si sabés qué es por qué no te vas a tu casa. Esa no es forma ni manera de tratar a los pacientes que buscan sanarse”.

EL NUEVO DIARIO buscó la versión del doctor Roberto Vásquez, Director del Silais, para conocer sobre éstas y otras denuncias que recibimos, pero su celular estaba apagado.

Mientras tanto, uno de los galenos que estaba de turno en uno de los centros hospitalarios, confirmó que diariamente se atienden de 100 a 120 pacientes, que se remiten a las  diferentes especialidades como ginecología, urología, obstetricia, ortopedia, entre otras.

“La debilidad en el sistema de salud es en las citas de los pacientes con los doctores de  maxilofacial, otorrino, ortopedia, cirugía plástica, porque solamente se encuentran una o dos veces a la semana y si ellos no están el paciente se envía a Managua”, expresó el galeno, quien pidió el anonimato.

“Al paciente se le da lo que hay”

El medicamento está en merma, “se le da al paciente lo que hay, por que en este centro hospitalario se atiende a pobladores de diferentes comunidades, de Masaya, Granada, Rivas, San Rafael y Carazo, el medicamento se va acabando”, agregó el médico.

“A esto hay que sumarle --señaló-- las pocas contrataciones por la dificultad económica que vivimos, actualmente en el hospital trabajamos 46 médicos especialistas, 10 generales y 100 enfermeras, siendo muy pocos para la afluencia de demandantes de la salud”, lamentó el profesional de la medicina, quien tiene que enfrentar estos retos periódicamente.

Urgen más abatización

Otra debilidad en salud es la falta de abatización. “Los pobladores de Diriamba todo el año pedimos que nos vengan a fumigar y abatizar, pero nuestras súplicas quedan en vano, tememos que el dengue y la malaria proliferen en la comunidad”, clamó la pobladora Blanca Aráuz.

Otra demanda de la ciudadanía es la falta de una morgue adecuada para resguardar los cadáveres desconocidos. “No hay  depósitos de gavetas para que los cuerpos no se descompongan, sólo existe un cuarto común y corriente que a la postre puede generar epidemias en el personal y pobladores que transitan cerca de la llamada morgue”, expresó uno de los camilleros.

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