8 de febrero de 2010


Entregan cédulas a menores, aumentándoles años para prostitución
| END

Proxenetismo en CSE


* END hace contacto con “la captadora” de niñas y ella hace su oferta: “Usted pone el dinero, pide edad y dirección, y yo se la consigo”
* El paso a paso de un grave delito, con pruebas incuestionables, y que se mueve a la sombra de la Dirección de Cedulación de un Poder del Estado
* Funcionario implicado se enreda, magistrado se “lava las manos” y menores desaparecen, lo que hace presumir que también se practica con el narcotráfico

Carlos Larios | Especiales

III Y ÚLTIMA ENTREGA
El primer paso para que una menor ingrese a ofrecer sus servicios sexuales en centros de diversión nocturna es asegurarle un cambio de identidad. No se hace para protegerla a ella, no; es para proteger el negocio de las autoridades que le dan persecución a este tipo de prácticas.

La primera y principal alteración es la edad. Pero también les dan un nombre nuevo y una nueva dirección, esto último, especialmente, si viene de los departamentos. Así, una menor de 16 años llega a tener 20, y de vivir en el norte, su domicilio se ubica en algún punto imaginario de la capital. Y si es de Managua, funciona a la inversa: la ubican en alguna comunidad adentro de algún departamento.

Investigaciones de EL NUEVO DIARIO nos llevaron a conocer detalles de esta operación, cómo reclutan a las muchachas y cuánto llega a costarles el cambio de identidad a los dueños de los establecimientos.

La Policía Nacional confirmó a este rotativo que de varios operativos ejecutados el año pasado en varios departamentos del país, más de la mitad en la capital, terminaron en el cierre de este tipo de negocios.

“Había proxenetismo y explotación sexual en 16 de estos lugares”, dijo el subcomisionado Felipe Ruiz, jefe del Departamento de Delitos Especiales de la Dirección de Auxilio Judicial, DAJ. Otras voces, como la Federación de ONG que trabajan con la niñez, Codeni, ha alertado de que el mal va en aumento y abundan los subregistros.

¿Menor de edad? No hay problema
Luego de la denuncia que recibimos en END sobre la apertura de un nuevo bar ligado a los propietarios del Night Club Good Time, el que había sido cerrado bajo acusaciones de que en su interior se prostituía a menores, este equipo periodístico compuesto por el que escribe y nuestro conductor, Pablo Avellán, visitamos el lugar como dos simples clientes en busca de un par de cervezas.

Lo primero que comprobamos es que lo denunciado por vecinos del Good Time era cierto. Aunque cerraron el establecimiento, el bar a unas cuadras, llamado Brahill, mantenía la oferta de servicios sexuales de menores. Era una especie de “club satélite” de los mismos socios.

La primera visita la hicimos en los últimos días de noviembre del año pasado, y para ganarnos la confianza de las muchachas, acordamos una visita al menos una vez por semana.

A la tercera visita, nos declaramos aspirantes a levantar un negocio parecido, pues nos interesaba conocer de dónde se nutren de menores y cómo funciona lo de las alteraciones de identidades.

Pablo Avellán, un hombre de baja estatura, con ralo bigote, campechano natural y siempre bien peinado, logró ser aceptado como un norteño decidido a invertir lo que fuera necesario para construir un centro de diversión nocturno exclusivo, con menores en el menú, como su mejor carta de presentación.

Por recomendación de las mismas muchachas, también visitamos otros centros de operaciones similares.

En una de las visitas conocimos a Tania Torres. Fue como un día de pesca llena. Una de las chavalas nos la había sugerido como alguien muy conocedora del negocio. Morena y delgada, ojos expresivos y esquiva en algunos temas, le hablamos del proyecto y listo, mordió el anzuelo. Se presentó como “una reclutadora” de menores.

A Tania le brillaron los ojos como nunca. Ella nos aseguró que nos podía conseguir a adolescentes de entre 14 y 16 años. Advertimos que nuestra mayor preocupación era evitar los problemas con la Policía. “No hay problema, ¿Hay dinero?”, preguntó como ya nivelada con gente de negocios. “Hay dinero”, respondimos.

Tania nos citó para el día siguiente en el bar de un mercado capitalino. Puntuales como en el primer día de clases, ahí estábamos. Una cerveza llegó más tarde de la mano de Mildred. “Ella tiene 16 años y está a su servicio”, dijo, como sustituyendo el saludo habitual por su presentación intempestiva. Buscó en su bolso y sacó un documento supletorio de identidad, donde la muchacha aparecía de 19.

“Para dejarla trabajando en el negocio de ustedes con una mudada y la identidad alterada, les cobro 50 dólares”, nos propuso Tania. “Por supuesto, ustedes me dicen cuántas necesitan y yo me encargo del resto”, dijo.

La identificación alterada

Nos aseguró que ella le había conseguido un documento supletorio a Mildred para que ésta pudiera trabajar en el prostíbulo sin causar problemas a los dueños del local.

Como si nos percibiera incrédulos, Mildred me entregó el documento supletorio emitido por el Consejo Supremo Electoral, CSE, D-0047511807, con los nombres Dania Consuelo, apellidos Maradiaga Pérez, que refleja ser válido desde el 05-11-2006 al 21-01-2007.

La identificación refleja que ella nació el 11 de junio de 1990, por lo que tendría 19 años. Además, dice que nació en el municipio El Tuma-La Dalia, con domicilio en la comarca Las Carpas No. 1, Esc. Benjamín Zeledón 800 metros, Rancho Grande, Matagalpa.

Los números del documento alterado no se encuentran en la página electrónica del Consejo Supremo Electoral. Al respecto, Tania nos dijo que es “una mujer de contacto”, que podríamos confiar en ella.

En busca de más pistas

Para medir “las amistades” de Tania en la institución emisora de documentos de identificación ciudadana, le ofrecimos en otro encuentro otro tipo de negocio. Le dijimos que otros amigos nos habían ofrecido a dos muchachas originarias de una comunidad remota de Matagalpa, que nos interesaba alterar su identidad y “legalizarlas” como dos adultas en la capital. ¿Pueden tus contactos apoyarnos? --le preguntamos--. “Déjenme ver”, nos prometió.

Nos llamó a mediados de diciembre y nos pidió que nos viéramos, que lleváramos a las muchachas y el equivalente de 50 dólares por cada una, para hacer unos pagos a los gestores de las identidades. En tres días mínimo, a una semana, máximo, tendrían cada una, una nueva identidad para trabajar en cualquier club nocturno, sin la restricción de la corta edad.

Dijimos que sólo podríamos presentarnos con una, y llevamos a una pariente adolescente al encuentro. Su edad real es 19 años, pero nos interesaba que su identidad reflejara 23 y que su domicilio cambiara por completo. También debía cambiarle el nombre. Sobre la otra, dijimos que había atrasos, pero que en la misma semana se la llevaríamos.

Tania nos pidió llevarla a la delegación departamental de Managua del Consejo Supremo Electoral. En tres minutos estaba de regreso. Nos dijo que su “contacto” requería dos fotos tamaño carné, y, por supuesto, el pago de los 50 dólares por adelantado. Conocimos después que su contacto responde al nombre de Róger Vargas.

El diálogo con el falsificador

La joven que nos acompañó nos contó que Vargas está muy informado de la operación, lo que se desprende del interrogatorio que le hizo previo a emitir la colilla de gestión de la nueva cédula. Lo primero que le preguntó fue su edad, si estudiaba, y que si sus padres sabían que ella estaba en Managua en busca de trabajo.

Le preguntó también qué tipo de trabajo le había ofrecido Tania. “De mesera”, le respondió. Vargas se volteó a Tania y le preguntó: “¿Vos estás segura de que ella sabe a lo que va?” Tania asintió: “Claro, si no preguntale ella”. La duda de Vargas se disipó rápidamente, y en seguida comenzó a llenar el expediente de la nueva identidad.

La mandaron salir de la oficina, y en cinco minutos Tania salió feliz. Llevaba en sus manos la colilla de tramitación. “Será cosa de tres días”, le dijo, al entregarle el comprobante de solicitud No. 063942304. En él se leía que su nuevo nombre sería María del Carmen Rodríguez Mendoza, originaria de Managua.

A nosotros, “la reclutadora” nos dijo que nos llamaría o que la buscáramos cuando llegara a Managua la otra muchacha. Nos dijo que si queríamos, podríamos adelantar el pago de los otros 50 dólares. Nos negamos, naturalmente. Tania pareció molesta. Seguido, hizo una advertencia, la cual, aunque no logramos descifrar, terminó siendo una especie de despedida. “Miren, muchachos, este negocio se basa en la confianza, si no hay, no hay nada”, dijo. Rauda hizo señas a un taxi y se subió sin previamente informar su destino ni negociar la tarifa.

Falsificador retrocede y niega operación

Los días pasaron y Tania no llamó. Tampoco aparecía en los lugares que antes frecuentaba. Mildred se escondió las pocas veces que llegamos al bar donde cotidianamente se encontraba. Patricia fue otro rostro que, como por arte de magia, desapareció. El único contacto que tuvimos fue con un guarda de seguridad que nos informó que “las muchachas” habían viajado a sus lugares de origen por los días navideños.

Llamamos a Vargas a un número que Tania nos había proporcionado. Contestó. Se le oía nervioso, y dio explicaciones confusas ante nuestro reclamo. Por esa época, se conoció que un narcotraficante colombiano dirigió un ataque armado contra fuerzas combinadas del Ejército y de la Policía en Walpa Siksa, una comunidad del Atlántico Norte.

El colombiano, cuyo nombre verdadero es Amauri Paudd Ruiz, tenía identidad nicaragüense, y según cédula emitida por el CSE, había nacido en Masaya. Su más cercano colaborador, el peruano Moisés Antonio Gamboa, también tenía cédula nicaragüense. Autoridades policiales investigaban el origen de las identidades.

A comienzos de enero, el día en que los funcionarios del Estado regresaron de vacaciones, nos fuimos a las oficinas del Consejo Supremo Electoral Departamental Managua. Como era de esperarse, había una larga fila de personas gestionando su cédula.

Buscábamos a Róger Vargas, que dicho sea de paso, nos hizo esperar cerca de 45 minutos. Frente a él le explicamos que éramos amigos de Tania Torres, que habíamos pagado por una gestión. Dijo que no desconocía lo hablado, y que a la muchacha la recordaba porque “una vez llegó a hacer un trámite”. Le mostramos el documento que él mismo había dado a Tania, y balbuceó varias versiones confusas.

Le hizo “el volado”

“Mirá, yo le hice el volado (favor) a la muchacha, en donde ella no tiene nada, entonces me llamaste vos (diciéndome) que qué pasó con allí unas cuestiones todas raras, diciendo que habías mandado algo… a esa jaña (a Tania) la conozco porque aquí vino a hacer un trámite una vez”, justificó Vargas.

Tras discutir y después de respirar hondo, reconoció el documento. Dijo que para que la titular de la colilla retirara su cédula debería presentarse personalmente y con partida de nacimiento en mano. ¿No cree que eso debió pedirlo antes de emitir esta colilla? --le inquirimos. “Es que yo no sé, no sé nada”, respondió visiblemente nervioso.

¿Usted sabe para qué esta persona quería su cédula?, volvimos a interrogar —“No señor, ya le dije que no sé nada”. Con esa respuesta dio por terminada la conversación y se marchó a su oficina. Después no volvió a contestar las llamadas que le hicimos.

Pero, ¿qué dicen de esto en el Consejo Supremo Electoral? Félix Navarrete, vocero de ese Poder del Estado, dijo que no han conocido ningún caso en el que una adolescente haya obtenido una cédula alterada que la identifique como una persona mayor de edad. “Que yo recuerde en este momento, no”, afirmó escuetamente.

Asunto cédulas muy peligroso

La ex presidenta del Consejo Supremo Electoral, CSE, Rosa Marina Zelaya, afirmó que la facilidad con que se obtienen cédulas de identidad en Nicaragua es un asunto grave, al que ese Poder del Estado debe darle la importancia que se merece. “Es el órgano que la ley establece”, dijo Zelaya.

“Utilizar cédulas para fines ilícitos es grave, y no es la única expresión, ahí tenemos extranjeros metidos al narcotráfico con cédulas nicaragüenses. También está el problema con los votos. El Consejo (Supremo Electoral) tendría que estar altamente preocupado y ocupado en este tema”, recomendó.

Añadió la ex funcionaria que el Poder Electoral debería revisar su propio sistema y su propio personal. Pero, en el CSE, ni esta denuncia ni la de narcos con identidad nicaragüense parece preocuparles. “No, no estamos investigando nada de eso”, confirma el magistrado sandinista José Luis Villavicencio.

“El Consejo no es investigador por naturaleza, quienes investigan estos casos son las autoridades especializadas para eso, y yo espero que las autoridades especializadas para eso, lleguen al fondo de dónde es que se obtienen esos documentos de identidad”, aseguró.

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