6 de junio de 2010
El rostro de las pandillas a unos metros de donde se llega a aprender
| END Violencia sitia las escuelas
* Estudiantes de “Los Quinchos” y de
“La Purísima” sobreviven en medio de pleitos de pandillas, apuñalados, baleados, atracos…
* Ieepp pone en marcha un proyecto que busca crear un “modelo de escuela segura” en conjunto con el estudiantado y con los docentes
Lourdes Arróliga (Ieepp) | Especiales
Imagen Escuela “Los Quinchos”, del barrio San Judas, del Distrito III, conocido como uno de los “más calientes” de Managua por su alto grado de peligrosidad. Cortesía / Ieepp
“Uno comienza jugando… tirando piedras”, dice un ex pandillero en las primeras imágenes que se proyectan del video “Juventud, Armas y Violencia”, producido por el equipo de Seguridad Democrática del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), y que la tarde del 15 de marzo de 2010 sirvió como un instrumento de un proyecto que busca promover un modelo de seguridad escolar que involucre al estudiantado y los docentes, y sea extensivo al resto de la comunidad.
La primera actividad se realiza con estudiantes de Primaria y Secundaria de la escuela “Los Quinchos”, del barrio San Judas, del Distrito III, conocido como uno de los “más calientes” de Managua, por su alto grado de peligrosidad. Se trata de alumnos de quinto y sexto grado de entre 11 y 14 años.
“La idea es crear un proceso de concienciación sobre la violencia en las escuelas, en la comunidad, y de los factores de riesgo, los focos de la delincuencia, para implementar acciones que reduzcan los factores de riesgo”, les explica Roberto Orozco, investigador del área de Seguridad del Ieepp. Corre el video y un intercambio de golpes de un pleito callejero provoca risas en los presentes. Momentos después, hay rostros compungidos por el hueco que dejó una bala en el cuerpo de un hombre que yace en una camilla.
Un joven ex pandillero habla de lo que fue su vida en las pandillas y de las secuelas que dejó en él: una mano mutilada. Testimonios como estos son los que más captan la atención de los niños, que por cuenta propia también tienen mucho que decir.
De los que han venido a ver esta primera proyección, varios alzan sus manos en respuesta de que sí han vivido experiencias cercanas de violencia. Una maestra que los acompaña aplaude la iniciativa: “Es bueno que den estas charlas, pero hay que dárselas a todos, principalmente a los de Secundaria…”, recomienda. Con estos últimos se realizan pequeñas entrevistas separadas del resto del grupo, para conocer sus experiencias asociadas con las armas y la violencia.
Un joven de iniciales “B.O.M” (15 años) tiene pinta de rebelde. Llega al auditorio con los pantalones recogidos a la rodilla, en camiseta; y cargando en una mano su camisa escolar. Uñas largas, con esmalte negro en una mano y blanco en la otra. Es esquivo y contesta a medias las preguntas. Dice que el video le recuerda “las cosas que pasan”.
_ ¿Conocés situaciones de violencia?
_ “Por ejemplo, a mi primo le pegaron un balazo… Salió de la fiesta, iba para la casa y le pegaron un balazo por robarle”.
Continúa la charla y relata otro caso, esta vez de alguien más cercano. Hace cinco años a su hermano lo agarraron las pandillas “y le dieron con un adoquín en la cara… le deformaron la cara pero ya está más o menos”.
_ ¿Y vos? ¿Has estado en alguna situación, manejo de armas, pleitos…?
_ “Sí”.
_ ¿Y cómo reaccionás?
_ “Ideay, como reaccionan ellos, a pleito”.
_ ¿Manejás armas?
_ “Armas no, a puro catos (golpes)”.
“E.M” es una joven de 16 años a quien las imágenes también le hacen revivir algunas anécdotas. Hace unos meses, un amigo de la infancia tuvo un roce con un policía “ahí por el mercadito”.
“Supuestamente el policía pasó empujando a su hermano, entonces ahí se metieron (pelearon) y el policía les disparó”, relata. Su amigo logró despojar del arma al policía y también le disparó. Ambos resultaron heridos de gravedad.
La joven piensa que la violencia y el uso de las armas se puede prevenir, creando conciencia a través de charlas y de los consejos de los padres de familia.
En la entrada del auditorio se ha quedado “K.G”, de 15 años, pues quiere aportar algo, cuando los otros ya se han ido. “Pero en privado”, dice con recelo ante la grabadora, “porque mi mamá no se enteró de esto”, sube su pantalón a la altura del tobillo para mostrar una cicatriz circular del impacto de una bala.
Fue hace dos años, estaba jugando básquetbol en la cancha con un primo y unos amigos, cuando “unos vagos” se acercaron para robarles el balón. Su primo sacó una pistola para defenderse, pero los otros también andaban armados y dispararon primero. El primo cae al suelo y recibe un balazo en la pierna, los demás salen corriendo en dirección al Centro de Salud, es cuando “K.G” siente que lo alcanzó una bala.
No regresó más a la cancha, pero piensa que tal vez ahora que pusieron “unos policías ahí” puede disminuir el peligro.
Los esfuerzos por cambiar las cosas
La escuela “Los Quinchos”, del barrio San Judas, cuenta con 29 años de trayectoria desde que se fundó en 1981. Surgió como una iniciativa para responder a la necesidad de los niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo, que entonces era hablar de aquellos que trabajaban en las calles (vendiendo chicles, lustrando calzado, cantando en los buses), que estaban desprotegidos de un hogar y expuestos al peligro: “Consumir drogas y convertirse en delincuentes”, señala Luis Fariña, director del centro.
Pero con el correr de los años “el abanico es mayor”, expresa el profesor.
“El vendedor tiene la ventaja de que recibe dignamente pago por su trabajo, pero ¿qué pasa con aquellas niñas que han vivido una situación familiar de incesto?, ¿con aquel joven que a través de la pega o de la droga ha encontrado su opción de vivir? Nuestro riesgo es mayor… la sociedad de hoy exige mejores respuestas a este gran problema social”.
La escuela cuenta con una población de 1,900 alumnos para el 2010, de Primaria y Secundaria, en la modalidad matutina y vespertina. También ofrece “Secundaria a distancia” (los sábados) para jóvenes que abandonaron sus estudios regulares porque son padres de familia y tienen que trabajar.
“Los Quinchos” pertenece al Plan Escuela Segura, que implementa la Policía Nacional para prevenir acciones delictivas en los centros escolares. Dos oficiales policiales se presentan en las horas de entrada y salida de los estudiantes, como una manera de resguardarlos de posibles asaltos, acoso de pandilleros, etc. A través del Plan, también les dan seguimiento a estudiantes con tendencias hacia el actuar delictivo.
“Nos parece que un joven no tendría que andar con esto”, dice el profesor, al tiempo que saca de la gaveta de su escritorio un cuchillo puntiagudo, que portaba un estudiante (de 15 años) dentro del aula de clases.
“Vamos por la línea de trabajar por la paz, la no violencia, y que aprendamos a convivir en medio de tanta cosa que nos llega por los medios de comunicación y la misma sociedad, yo creo que todo lo que venga es bueno”.
La muerte ronda los muros de “La Purísima”
Pasando los semáforos de San Judas, avanzamos curvas y curvas de calles para llegar a la escuela parroquial “La Purísima”, situada en el barrio Camilo Ortega, del Distrito III de Managua, que también se identifica en la ruta de alta peligrosidad. Los pleitos de pandillas, los atracos, apuñalados y “pasadas de cuentas” son situaciones que los pobladores, y desde luego los estudiantes, enfrentan en su entorno cotidiano.
Los estudiantes de Primaria y Secundaria vieron el vídeo el miércoles 24 de marzo. Los acompañó un profesor guía y el director, Jairo Pino, quien los exhortó a poner mucha atención. Luego de verlo, también tienen algo que contar de sus vivencias, de cómo enfrentan situaciones de violencia en el trayecto que va de sus casas a la escuela, en los alrededores de ella, allá por el cementerio…
“T.N.T” de 15 años dice que en este barrio “las pandillas sólo armas son”, pero comprende que los problemas no deben resolverse con violencia. Pero detrás de los muros de este centro --con un cariz religioso--, tropiezan con otra realidad.
“Hace poco hubo un problema en la esquina del colegio, con piedras, machetes, pistolas. Un muchacho quería matar a otro, y casualmente cuando nosotros íbamos saliendo. A esa hora tuvimos que volver a entrar, por el problema que estaban tirando balazos…”, relata.
Al estudiante “L.L.M” le tocó vivir una historia dolorosa el año pasado. “Hace poco (nueve meses atrás) mataron a mi hermano”. Pausa. “Fue degollado”, dice en una breve entrevista que sostuvimos lo más alejados del grupo, en uno de los bancos al fondo de la capilla.
Se resquebraja su voz de vez en cuando, mientras cuenta que su hermano tenía 20 años, andaba tomado “y se fue para el lado donde lo mataron”. Lo agarraron entre tres y le dieron un machetazo en la yugular que casi le desprende la cabeza.
El segundo encuentro es con el grupo de tercero, cuarto y quinto año. “J.R.R”, de 19 años, es uno de ellos. Sabe muy bien lo que es hablar de violencia y armas, puesto que en una ocasión estuvo a punto de acabar con la vida de un sujeto que había apuñalado a su hermano.
“El que se meta, el que se me acerque, le pego un tiro”, les dijo cuando estuvo frente al grupo que acompañaba al hechor. Pero no hizo nada.
“Lo pensé por mi mamá, por mi familia… en cómo se va a fregar mi vida. Ahora no puedo llegar donde ellos (esa zona)”, sostiene convencido.
En medio de las adversidades, el joven piensa que el que quiere, se corrompe. Por un tiempo, él caminaba con “algunos que consumían drogas, yo los miraba, pero no lo iba a hacer. Claro que la gente decía que yo también… pasó el tiempo y dejé de andar con ellos, y ahora aquí nadie me puede decir que he robado ni nada de eso”, señala para concluir.
No creen en la amistad y los demás son sus rivales
El profesor Jairo Pino Castellón, tiene una década de trabajo en la escuela “La Purísima”: como docente, en el primer periodo de 1990 al 96, y como director en los últimos cuatro años. Dice estar acostumbrado a ver a jóvenes en riesgo.
“Aquí nosotros presenciamos la muerte de un muchacho que conocíamos, hermano de una ex alumna que se bachilleró el año pasado. Y lo mataron jugando fútbol. Se le acercó el hechor y le disparó en la espalda. El baleado salió corriendo y como a las dos cuadras, cayó y murió”. Los apuñaleados, afirman, están “a la orden del día”.
_ ¿Y hablamos de jóvenes que reciben educación con cierto cariz religioso?
_ “Religioso”.
_ ¿Considera que, dado el contexto de estos jóvenes, se puede hacer algo para disminuir la violencia?
_ “Yo creo que sí, se puede hacer mucho. Para mí, el acercamiento a Dios es fundamental… En segundo lugar, darles continuidad. También: Es mala la violencia, pero qué le vamos a dar para que no lo hagan. Sustituirles esa vida, eso sería positivo, así que hay mucho trabajo qué hacer. Lo que hacen es una labor loable, pero hay que afinar más”, aconseja el profesor Pino.
¿Por qué un Modelo de Escuela Segura?
La iniciativa “Escuela Segura”, tiene sus antecedentes en una experiencia desarrollada en el año 2007, en colaboración y apoyo con la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano, para sensibilizar a jóvenes estudiantes de las escuelas públicas sobre el peligro y consecuencias del uso de armas ligeras.
En la actualidad se pretende promover un modelo de gestión que refuerce la práctica de una seguridad participativa y preventiva que sea articulada por la comunidad.
Para el adecuado desarrollo de esta iniciativa el equipo de trabajo del Programa de Seguridad Democrática se ha propuesto monitorear y estudiar otras prácticas e intervenciones similares en Centroamérica que favorezcan un mejor desempeño del modelo propuesto de “Escuela Segura”.
Producto del trabajo del Ieepp tanto la Policía Nacional como la Alcaldía de Managua, han sido receptivos a esta iniciativa, y han brindado todo el apoyo y la información requerida para la elaboración de este trabajo.
Por medio de la diligencia policial se obtuvo la microlocalización (los lugares que representan mayor peligrosidad en los barrios cercanos a estas escuelas) y a través del Departamento de Recaudaciones de la Alcaldía Managua se logró ubicar a las licorerías, juegos de azar que son considerados como focos de generación de violencia. La identificación de estos sectores permitirá al equipo Ieepp elaborar una ruta de los puntos que representan mayor peligrosidad para los estudiantes.