19 de julio de 2010


Carlos Fonseca fue el inspirador y faro de la epopeya
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En la guerra no hubo caudillos


Siete frentes de guerra y varias acciones estratégicas fueron determinantes para lograr acabar con 43 años de dictadura dinástica. 31 años después, les presentamos un recuento de esas acciones y el análisis que sus protagonistas hacen sobre el papel de éstas para sacar del poder al cuarto miembro de la dinastía. No todos ellos estarán esta tarde en la celebración oficial, pues en su mayoría los líderes guerrilleros no comulgan con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de hoy, organización cuyo uso y manejo es sólo de Daniel Ortega

Matilde Córdoba | Especiales

Cada 19 de julio Nicaragua regresa al pasado. Se escuchan gritos por tortura, estruendos de balas, de bombas, sonido de tanquetas, ofensas. Se escuchan gritos de triunfo, celebraciones, gente corriendo en la calle, sonidos de balas que ajustician. Se escucha el triunfo. Y al final, el ruidito de una página que da vuelta, la de la historia.

Cada 19 de julio una gran proporción de Nicaragua celebra porque ese misma fecha en 1979 se puso fin a la dictadura somocista. Muchos jóvenes de la época se metieron a guerrilleros, otros muchos a colaboradores. Gran parte de ellos protagonizaron acciones heroicas y hoy muchos aún están vivos para contarlas.

Fuera y dentro de las filas del Frente Sandinista, los protagonistas recuerdan su papel en las diferentes acciones que determinaron el derrocamiento de Anastasio Somoza Debayle.

Antes de todo, evocan el recuerdo de Carlos Fonseca Amador, quien en palabras del guerrillero Henry Ruiz fue quien les dio “el pensamiento para hacer la acción revolucionaria del 19 de julio”.

“El FSLN no fue constituido en un acto formal y jurídico, con fecha, hora, agenda y programa. Fue bautizado con ese nombre gracias a la persistencia de Carlos Fonseca por tener presente el nombre de Sandino”, sostiene Humberto Ortega en su libro “La Epopeya de la Insurrección”.

1974: Laszlo Pataky: “Llegaron los que no estaban invitados”
27/12/74. Trece guerrilleros, tres mujeres y 10 varones, irrumpen en la casa del ministro del gobierno somocista José María Castillo Quant poco después de las 10 de la noche. Era el comando “Juan José Quezada” que buscaba presionar al régimen para lograr la liberación de los presos políticos, la entrega de cinco millones de dólares y un decreto de ley elevando el salario mínimo, y donde también se otorgaba el aguinaldo sobre el ciento por ciento del salario de los trabajadores.

El comando estaba integrado por Omar Halleslevens, Leticia Herrera, Hilario Sánchez, Javier Carrión, Joaquín Cuadra, Alberto Ríos, Róger Deshon, Eduardo Contreras, Germán Pomares, Hugo Torres, Olga Avilés, Eleonora Rocha y Félix Pedro Picado.

“El compañero Eduardo Contreras, a quien le decíamos “Marcos” y en esta operación le llamamos ‘Cero’, porque la dirigía, sale del carro disparando a los guardias. El objetivo era tomar la casa. Había que irrumpir metiendo tiros, haciendo bulla para hacer más grande la sorpresa, el susto. Todos los compañeros que iban con nosotros se tiraron también detrás de “Marcos”, a pesar de que había algunos que nunca habían combatido antes”, narró Germán Pomares, “El Danto”, a un periódico panameño.

Olga Avilés, hoy con 65 años, quien entró a la lucha siendo maestra del Instituto Ramírez Goyena, cuando “nadie daban un chelín por la lucha”, considera que con esta acción se logra “romper el silencio”.

En un primer instante, luego de los primeros disparos, cuando los guerrilleros entraron a la mansión no hallaron a ninguno de los funcionarios anunciados, quienes eran los objetivos principales a secuestrar para llevar a cabo la operación.

A criterio de Hugo Torres, “con esa acción se dio un golpe contundente y se obligó al dictador a emitir en cadena nacional y publicar en los tres periódicos sendos comunicados donde hacíamos los denuncias de los crímenes de la dictadura”.

Tres días duraron las negociaciones. El mediador fue el cardenal Miguel Obando y Bravo. “Por insondable designio de Dios me tocó actuar como mediador en los trágicos sucesos que conmovieron nuestra patria en los últimos días del mes de diciembre de 1974”, escribe en el libro “Golpe Sandinista”.

Somoza regateó las demandas de los guerrilleros y cedió en todo, menos en el dinero. Sólo accedió a dar un millón de dólares, que en realidad a la hora del conteo, resultó en 995 mil dólares. Alguien se había robado un fajo de cinco mil dólares del dinero que llevó la Guardia Nacional al avión de Lanica, que esperaba a los rehenes y a los guerrilleros liberados para llevarlos a Cuba.

Por esa acción fueron liberados Daniel Ortega, Lenín Cerna, Carlos Guadamuz, Leonel Espinoza, Jacinto Suárez, Carlos Argüello, Daniel Cuadra, Jaime Cuadra, Julián Roque, Oscar Benavides y José Benito Escobar.

“Después de la experiencia guerrillera en Pancasán en 1967, que aunque fue un revés militar fue un logro político, y luego en Zinica, el Frente vino sufriendo golpe tras golpe, la caída de Julio Buitrago, de una gran cantidad de cuadros, que significaron severos golpes. Entonces la dirección sandinista decidió que había que hacer trabajo de organización de tal forma que el Frente creciera y se fortaleciera, de esa manera podría tratar de preservar la fuerza que tenía y determinó no hacer acciones armadas. A eso se le llamó acciones de fuerzas en silencio”, explica Hugo Torres.

“En 1974 la dirección consideró necesario llevar adelante una acción lo suficientemente fuerte como para poder exigir la libertad de los compañeros que estaban presos y darle un golpe político a la dictadura”, agrega el antiguo guerrillero.

Meses después de la acción, el hombre de radio Laszlo Pataky, por cuyo programa radial los guerrilleros supieron de la recepción, escribió un libro titulado “Llegaron los que no estaban invitados”.

Agosto, 1978: La insurrección de los muchachos
La primera insurrección fue en Matagalpa, el 28 de agosto de 1978, conocida como “La insurrección de los muchachos”. La chispa que encendió esa lucha fue el asesinato de un joven estudiante matagalpino de la colonia “El Mazo”.

Seis días antes el régimen había sufrido un duro golpe. El plan fue calificado por el escritor Gabriel García Márquez como “una locura demasiado simple”.

La operación “Chanchera”
22/08/78. El Comando “Rigoberto López Pérez”, integrado por 25 guerrilleros, debía tomar como rehenes a los miembros del Palacio Nacional, donde funcionaba el Senado en el primer piso y la Cámara de Diputados en el segundo.

La operación estuvo a cargo de Edén Pastora, “Comandante Cero”, Hugo Torres, el Número Uno, y Dora María Téllez, la única mujer y Número Dos. Haciéndose pasar por miembros de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería de la Guardia Nacional (EEBI) entraron al sitio.

“‘Cero’ llevaba la misión específica de entrar en el Salón Azul y mantener a raya a los diputados, sabiendo que todos los liberales y muchos de los conservadores estaban armados. La ‘Dos’ llevaba la misión de cubrir esa operación frente a la gran puerta de cristales, desde donde dominaba, abajo, la entrada principal del edificio…”, narra García Márquez en su crónica sobre la operación.

Entre los secuestrados estaban Luis Pallais Debayle, primo hermano de Anastasio Somoza, y José Somoza Ábrego, hijo del general José Somoza, medio hermano del dictador.

Un día después Anastasio Somoza Debayle aceptó la lectura del documento político del FSLN a través de todas las emisoras del país.

“El jueves, a las 9.30 de la mañana, veinticinco sandinistas, cinco negociadores y cuatro rehenes abandonaron el Palacio Nacional con rumbo al aeropuerto. Los rehenes eran los más importantes: Luis Pallais Debayle, José Somoza, José Antonio Mora y el diputado Eduardo Chamorro. A esa hora, sesenta presos políticos de todo el país estaban a bordo de los dos aviones llegados de Panamá, donde todos habían de pedir asilo pocas horas después. Sólo faltaban por supuesto, los veinte que nunca más se podrían rescatar”, narra García Márquez.

Tres décadas después, Pastora reflexiona sobre la hazaña y asegura que la acción “fue determinante porque mundializó la revolución”.

“Se terminó el miedo a la guardia somocista y conseguimos el apoyo de todos los nicaragüenses y de la comunidad internacional. Cuando en el mundo creen que habíamos secuestrados a unos señores diputados, sin darse cuenta que eran cerdos, el mundo volvió los ojos a Nicaragua”, comenta “Cero”.

“Hay que hacer notar que nunca, jamás, el mundo nos vio como terroristas. Jamás usamos el explosivo indiscriminadamente, jamás secuestramos. Ni el mundo nos calificó como los señores de la guerra”, agrega Pastora.

Septiembre, 1978: El mes de las insurrecciones
09/09/78. Estelí dio un viso de cambio. Al mando de Francisco Rivera, “El Zorro”, se preparó la ofensiva para tomarse las vías de comunicación de la ciudad, quitarles las armas a los guardias y sublevar al pueblo.

Un grupo de guerrilleros se ubicó en la zona de la ciudad fronteriza con El Sauce, otros al sur de la ciudad, en el otro extremo, en el norte, cuatro más tenían la misión de hacer una emboscada de contención en la carretera Panamericana. Cada una de las escuadras debía incidir en los campesinos, de modo que éstos se unieran a la lucha.

Los restantes se lanzaron por la retaguardia y seis más, entre ellos “El Zorro”, abrieron fuego de frente. Al amanecer del 10 de septiembre inició el ataque. Detrás de los muros del cuartel había más de 600 guardias armados con rifles Garand, fusiles automáticos, bazookas, morteros, ametralladoras. “Y nosotros, parapetados afuera, éramos sólo once”, cuenta Rivera en “La Marca del Zorro”. Trece días duró el combate.

“La insurrección de septiembre de 1978 dejó lecciones que fueron aprendidas por el FSLN. A pesar de los decididos y audaces ataques en la segunda semana de septiembre de 1978 llevados a cabo en los cuarteles militares y otros objetivos en las principales cabeceras departamentales del país y en la frontera sur, la Guardia Nacional resistió y maniobró hábilmente con sus fuerzas elites, resolviendo consecutivamente y por partes las situaciones que se presentaron en las distintas zonas de combates. La lección era obvia: había que neutralizar a esa tropa élite”, analiza Javier Pichardo, dirigente del Frente Sur “Benjamín Zeledón”.

00/03/79. La ofensiva final se inicia en el Frente Norte “Carlos Fonseca” a finales de marzo de 1979 con la toma del poblado El Jícaro por fuerzas del comandante Germán Pomares.

En todas estas acciones los guerrilleros llevaban a un campesino colaborador, a quien le llamaban el “chan de la guerrilla”.

Abril, 1979: La ofensiva final
08/04/79. El FSLN se toma Estelí. La ofensiva final en Estelí contaba con un plan para emboscar a la Guardia en la Carretera Panamericana. Mientras, la Columna Facundo Picado se tomaba Condega y evitaba que las tropas de Ocotal y Somoto de la Guardia reforzaran la zona. Al mismo tiempo la Columna Filemón Rivera ocuparía Santa Cruz y La Trinidad, municipios de Estelí. Luego, de manera gradual, todas las columnas estrecharían el cerco hasta entrar a la ciudad.

Así fue como las columnas que pertenecían el Frente Norte “Carlos Fonseca Amador” al mando de Francisco Rivera se hicieron del control de El Sauce, Achuapa, Pueblo Nuevo y San Juan de Limay. Cinco semanas duró el combate en Estelí, ciudad liberada el 16 de julio.

“Continuando con la ofensiva, en el Frente Sur ‘Benjamín Zeledón’ se lleva a cabo la operación ‘Unidad Sandinista’ con acciones militares en los sectores de ‘Orosí’ y ‘Colón’ del departamento de Rivas y se organiza la Columna ‘Jacinto Hernández’ con 120 hombres, que es introducida desde territorio costarricense colindante con el departamento de Río San Juan hacia la región de Nueva Guinea a mediados de abril”, recuerda Javier Pichardo, quien dirigió la Columna Eduardo Contreras.

Junio, 1979: Managua insurreccionada
27/06/79. Miles de habitantes de los barrios orientales de Managua y una pequeña proporción de combatientes del Frente Sandinista que llevaban 19 días combatiendo en la capital se replegaron a Masaya en la operación conocida como “Repliegue Táctico a Masaya”, que llevó a cabo el Frente Interno.

“Estábamos resistiendo desde hacía 18 días, no teníamos agua, no teníamos energía eléctrica, los abastecimientos de comida se volvían más difíciles. Las líneas de abastecimiento por tierra quedaron cortadas y se cerraron las zonas de abastecimiento al Frente Sur”, recuerda Moisés Hassan, dirigente político durante el repliegue.

A las seis de la tarde de ese día empezaron la retirada a Masaya, departamento ubicado a 27 kilómetros de Managua. Los objetivos a simple vista parecían sencillos: llegar a Masaya en 12 horas, no dejar ningún armamento a la Guardia Nacional, llevarse a las columnas regulares y a las milicias, a la población civil organizada en los Comités de Defensa Civil, (CDC) que los había acompañado durante esos 19 días y a todos los heridos. El trayecto, a fuerza, debía ser a pie.

A las seis de la tarde la primera columna, identificada como “Vanguardia”, inició la marcha. La lideraban los guerrilleros Joaquín Cuadra, William Ramírez, Mónica Baltodano y Raúl Venerio, y estaba conformada -según el libro “Un pueblo en armas”, escrito por el comandante Carlos Núñez- por combatientes, pobladores y heridos de la Nicarao, la 14 de Septiembre, Santa Julia, Don Bosco, la “Luis Somoza” y Rubenia. Este grupo debía “ir limpiando la ruta del enemigo por si se presentaba”.

El grupo del centro era el más nutrido, iban heridos y población civil de los barrios Ducualí, El Paraisito, El Dorado y “María Auxiliadora”, y lo comandaban Núñez, Oswaldo Lacayo y Walter Ferreti.

En la retaguardia iban heridos y civiles de Bello Horizonte, la Salvadorita, Santa Rosa y las fuerzas provenientes de la Carretera Norte, jefeadas por Mónica Baltodano, Ramón Cabrales, Marcos Somarriba y Rolando Orozco.

Julio, 1979: León primera capital de la Revolución
07/07/79. León es declarado “territorio libre de Nicaragua”, convirtiéndose así en la primera ciudad liberada. Luego, poco a poco, cada municipio imita esta acción.

Javier Pichardo, físico de profesión y hoy profesor universitario, considera que “todos los frentes de guerra tuvieron su misión”.

“La conjugación de todos los frentes fue lo que dio lugar a la victoria. No creo que haya un frente que merezca especiales atenciones, todos cumplieron las misiones. Eso, conjuntamente, con las condiciones desfavorables para el gobierno de Somoza, llevó al derrocamiento de la dictadura”, analiza.

17/07/79. Día de la Alegría. Anastasio Somoza Debayle huye del país y se complica el proceso con la investidura fugaz de Francisco Urcuyo Maliaños.

“En la madrugada del 19 de Julio se envió una patrulla de exploración a las líneas del enemigo y se constató que se retiraron de manera ordenada y en silencio en la noche del 18 de julio y la madrugada del 19, el último cañonazo se escuchó a las cinco de la mañana del 19 de julio. La Guardia Nacional derrotada huye a San Juan del Sur cortando la carretera para atrasar nuestro avance y ganar tiempo para llegar al puerto de San Juan del Sur”, recuerda Javier Pichardo sobre la actuación de la guardia en la zona donde estaba el Frente Sur.

Pese a que no estuvo en ninguna de las principales gestas Ortega se autoerige y usurpa
Daniel Ortega es presentado por el gobierno y por el Frente Sandinista con mayor preponderancia que muchos otros guerrilleros. Es Ortega quien celebra con las multitudes todas las fechas históricas del FSLN y quien, a codazos, trata de sacar a los demás guerrilleros de las páginas de la historia sandinista.

Pero no es Ortega la figura principal. Basta leer la historia para darse cuenta. El hoy mandatario no participó en operaciones de gran preponderancia ni dirigió ninguna columna guerrillera, algo que a criterio del hoy opositor Hugo Torres no “niega su consecuencia en aquellos años de la lucha”.

“Daniel Ortega no estuvo en todos lo frentes, es una gran mentira, ni fue más relevante que Eduardo Contreras, Oscar Turcios o Germán Pomares, por mencionar algunos cuadros”, agrega Torres.

Ortega es presentado en anuncios televisivos pagados por el gobierno a la par de Sandino, Rubén Darío y Andrés Castro.

“Ortega pretende apoderarse de la historia porque la figura más relevante de la revolución en la propaganda del régimen es Daniel Ortega, ya no es Carlos Fonseca, Germán Pomares, Eduardo Contreras, José Benito Escobar o figuras femeninas como Arlen Siu, Araceli Pérez. No, todo gira alrededor de Ortega”, expresa Torres.

Pero hay quienes salen en defensa del mandatario. Entre ellos está uno de los fundadores vivos del Frente Sandinista, Tomás Borge, quien en un reciente artículo de opinión aseguró que el mandatario participó en Pancasán, “turnándose en el complicado, duro y arriesgado oficio de guerrillero rural y en el peligrosísimo trabajo de caballero andante en las ciudades, donde fue capturado, torturado y condenado a muchos años de cárcel”.

El comandante Víctor Tirado López corrige la versión de Borge: “En Pancasán (Ortega) estuvo en una especie de logística meses antes. Esas cosas hay que diferenciarlas muy bien”.

El Ortega ubicuo
El comandante Edén Pastora tiene excesivas muestras de respeto para Ortega y cuando se le consulta sobre la participación del hoy gobernante en la lucha armada responde con una contestación bastante inverosímil: “Yo vi a Daniel en todos los frentes. Lo vi en el (Frente) Norte, en el (Frente) Interno en el 66 y en el (Frente) Sur”.

“Yo conozco a Daniel Ortega en 1967 cuando era jefe del Frente Interno. Y por ser jefe del Frente Interno lo capturan y se vuela ocho años en la cárcel. Lo conozco dirigiendo combates del Frente Norte Carlos Fonseca Amador. Y conozco a Daniel Ortega dirigiendo la guerra estratégica en un puesto de mando que se llama palo alto donde llegaban todos los comandantes a recibir ordenes estratégicas”, sostiene Pastora.

Tirado López, reconocido dirigente del Frente Norte, asegura lo contrario: “Daniel no estuvo dirigiendo el Frente Interno, estuvo preso, sí, como cayeron otros. Además, estuvo tres meses en el Frente Norte y después estuvo en campaña en el exterior.

Lo consultábamos, pero no es él el que dirigió la guerra. Él (Ortega) sí tiene méritos, se encargó de la política exterior”.

Ortega fue apresado a finales de 1967, poco después de participar en el ajusticiamiento del sargento somocista Gonzalo Lacayo, un reconocido torturador. Estuvo en la cárcel, donde fue torturado, durante siete años y fue liberado gracias al comando “Juan José Quezada”, que ejecutó el asalto a la Casa de José María “Chema” Castillo.

“A mí no me gusta hablar mal de nadie, menos de compañeros como Daniel, que desde muy jóvenes (junto a otros) se incorporaron a la lucha. Yo no te puedo atestiguar si estuvo en Pancasán, pero la verdad que los que critican son los que se cruzaron a la acera de en frente y abandonaron en lo mas difícil de la lucha”, expresó Olga Avilés.

En su defensa a Ortega, Avilés, incluso, desmerita su lucha y la de los miles que murieron para derrocar a la dinastía somocista. “Yo creo que es más fácil agarrar un fusil y bam-bam-bam, volar a los cielos o al enemigo, mientras que en la lucha política tenés que estar preparado, preparado ideológicamente y tener la capacidad de poder expresar esa ideología en hechos”, dice.

En eso coincide Pastora, quien considera que “una de las hazañas más grandes de Ortega es haberse quedado solo cuando todos se fueron en el 90”.

Ambos hablan de otra época del Frente Sandinista, partido que según Hugo Torres “no se fundó un día en un escritorio, un día determinado ni a partir de esas grandes mentiras”.
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