21 de julio de 2010


II Entrega | END

“Recoja eso, usté tá en Nagarote”


Si hay un municipio obsesionado con la limpieza pública se ubica a 41 kilómetros de la capital. Es Nagarote, que desde hace diez años es el poblado más limpio del país. Allá todo comenzó con la primera calle adoquinada y el primer cesto de basura que conmocionó a todo el pueblo. El secreto, según sus autoridades, esta aquí, “en el coco del ciudadano”
Roberto Collado

Por Roberto Collado | Especiales


Son las diez de la mañana en la parroquia Santiago Apóstol de Nagarote. Benito Pentzke Torres, el cura del pueblo, da los últimos avisos del servicio dominical y se prepara para dar la bendición a “sus ovejas”.

“Vayan en paz”, dice, al mismo tiempo que empieza a dibujar con la mano derecha una cruz imaginaria sobre los asistentes. “Y no sólo piensen en la limpieza del alma, piensen también en la del cuerpo, en la de su comunidad, no boten basura en las calles, pónganla en su lugar”, aconseja. “¿Amén?”, “¡Amén!”, responden todos a coro.

A tan sólo 41 kilómetros al occidente de Managua, se ubica un poblado obsesionado con la limpieza: Nagarote, que desde hace diez años es el municipio más limpio del país. Allá sus calles, parques y plazas están limpios todo el tiempo, y las 42 mil personas que lo habitan parecen jactarse de ello.

Sus autoridades dicen que lo que ocurre allá es que todos colaboran. Los dueños de las casas reúnen su basura domiciliar, y puntualmente la comuna la recoge. Las escuelas están compitiendo todo el año por ganar concursos relacionados con el orden y con la limpieza, los canales locales mantienen de forma permanente anuncios que les recuerdan a sus audiencias la importancia de mantener limpia la ciudad, y hay hasta quienes pagan condenas correccionales a “escobazos” por las adoquinadas calles del municipio.

Guerra a la basura
END visitó Nagarote en tres ocasiones en horas distintas: una vez por la mañana y dos por la tarde, y vivimos de cerca el trabajo de limpieza pública de la comuna en un amanecer a mediados de junio, mes cuando el municipio se agita por la llegada de sus fiestas en honor a Santiago Apóstol.

Lo que se ve allá, bien se puede calificar como una obsesión por la limpieza. Las rutas de recolección de desechos que cruzan todo el municipio se han establecido de forma tal, que por cada barrio pasen dos días por semana. La Alcaldía cuenta para ello con cuatro volquetes y con una rastra halada por un tractor.

Antes, sin embargo, cuadrillas de hombres a pie han pasado barriendo las calles, lo hacen en cuadras enteras y recogen la basura en barriles que cargan sobre carretillas haladas a mano. La basura de los barriles es recogida después por los camiones de recolección.

Según Hugo Zapata, Técnico de Servicios Municipales de Nagarote, son 53 hombres los que conforman las cuadrillas. Éstas limpian las calles de basura orgánica, hojas y ramas de árboles, que son muchos en la vía pública de este municipio.

Por la tarde, ocurre lo que en este municipio llaman “la pepena de la basura”. A eso de las 3:00 pasado del mediodía, se ve gente recorriendo el municipio a pie, con sacos en mano, recogiendo desechos. El grupo es inusual, no viste uniformes de la comuna y menos se le ve vestido para alguna faena. No se les ve felices con lo que hacen. No hablan con nadie y no miran a nadie.

Se nos explica en la Alcaldía que son reos de las celdas preventivas. Llegados allá por una alteración o por alguna falta menor, la Policía se los ha ofrecido para que recuperen su libertad a cambio de trabajos comunitarios.

Pero si aun con todo eso el ciudadano ve sucia la zona donde vive, puede llamar a una línea directa en la alcaldía para solicitar sin costo alguno, la “limpieza pública de emergencia”. Según Zapata, la gente suele llamar cuando un ciudadano ha podado algún árbol o botado desechos de construcción en la vía pública. “Se va, se recoge la basura y se le advierte al que ensució que puede ser amonestado”, explica el funcionario.

El origen de una tradición
Pero Nagarote no ha sido así toda la vida. Hay quienes todavía lo recuerdan sucio y desordenado. “La basura volaba con el polvo en verano y flotaba en la charquería del invierno”, revela Elizabeth Baca Álvarez, nacida en ese municipio hace 28 años y criada en la calle “Luis de la Llana”, en la parte baja del poblado.

El alcalde Juan Gabriel Hernández lo admite. Dice que hay dos cosas que marcaron el origen de la limpieza en Nagarote: una fue la primera cuadra adoquinada, y la otra, la instalación del primer recipiente para colocar basura en la plaza central. Ambas ocurrieron en 2001, un año después que asumió la administración de esa comuna.

La instalación del primer recipiente causó gran conmoción en el pueblo. Hernández dice que, sin exagerar, familias enteras llegaban a conocerlo, y hasta compraban golosinas para que sus niños echaran sus empaques en el recipiente. “Hubo alegría en el pueblo, aquello era como de cuento”, relata Hernández.

En la calle nueva se colocaron dos recipientes más, y el día de la inauguración, la gente demandó uno para cada casa. “Creían que eran domiciliares, pedían más los recipientes que calles adoquinadas”, cuenta el edil, que ahora cumple su segundo período frente a la administración de ese municipio.

Hernández dice que aquella fiebre no era para ser desaprovechada, y ese día decidió que ese sería el fuerte de su administración. “Me dije: Nagarote debe ser el municipio más limpio del país”, resolvió. “Sí, fue de Juan (el alcalde) esa idea loca, y los nagaroteños se la tomamos en serio”, confirma doña Elizabeth. “Hoy no nos gusta ver sucio”, agrega la nagaroteña de cepa.

Alta estima y aprecio a la ciudad
La comuna nagaroteña ha aprobado para operar este año 80 millones de córdobas, de los cuales 3 millones 700 mil son destinados para la limpieza pública en sus cerca de 400 cuadras adoquinadas del casco urbano y una veintena de barrios periféricos.

Le dijimos a Hernández que en Managua, el municipio más sucio del país, su Concejo aprobó 168 millones de córdobas sólo para limpieza pública, el doble del presupuesto general de Nagarote, y, sin embargo, no ha logrado verse menos sucio. Establecidas las diferencias entre mayor demografía y extensión territorial en ambos municipios, el alcalde dice que el problema no es de cantidad de recursos.

“Es que, definitivamente, es un asunto de autoestima, de identidad”, dice el edil, que agrega que su administración vive en campaña permanente contra la basura. “Aquí no acusamos a nadie, no les decimos: ‘Ve, vos sos un chancho, vos no servís’, todo lo contrario, todos los días le decimos a la gente: ‘Ve, éste es tu municipio, tenés que cuidarlo, tenés que mantenerlo limpio, es tuyo. Creamos identidad, pertenencia”, explica.

Andrea Guido tiene 41 años y vive en el barrio “Marvin Palacios”. Dice que se siente cómoda con saber que habita uno de los municipios más limpios del país. “Se convierte en un compromiso, la gente de afuera te admira por eso, es bueno”, comparte, mientras recoge unas hojas que cayeron del árbol de acacia sembrado frente a su vivienda. ¿Por qué cree que hay lugares donde la gente bota la basura en cualquier parte? --le preguntamos. “Eso es una mala costumbre, pero además, es no querer el lugar donde uno vive”, responde.

Especialistas del Fondo Natura y del Foro Nacional de Reciclaje, Fonare, de forma separada concluyeron en un reportaje publicado ayer sobre el tema de la basura, que, en Managua, el mayor problema es que no hay aprecio colectivo a la ciudad. “Falta estima, falta identidad”, confirmaron.

Batalla día a día
Según estimaciones de la comuna de Nagarote, el municipio produce 21 toneladas de basura por día. Según Hernández, una buena cantidad de esa basura inundaría la ciudad, de no ser porque en este tema, hay una alianza eficaz entre líderes, autoridades y la misma población. El edil admite que pese a todo el esfuerzo hecho hasta hoy en el municipio, “en cuanto a la basura hay muchas batallas que librar”. Menciona, por ejemplo, que la comuna ha venido reduciendo la cantidad de botaderos ilegales. “Hace dos años teníamos 17, hoy son 12 y vamos descontando”, dice el alcalde.

“La lucha es día a día y sin descanso”, señala. “Aquí tenemos un 99% de colaboración; las iglesias, la Policía, las escuelas, los Bomberos, hasta los políticos opositores colaboran. Pero, principalmente, el mayor logro es que el ciudadano hace su parte, no bota la basura en cualquier lado, la bota en sus recipientes”, agrega.

“Es que la fama hay que mantenerla”, dice monseñor Pentzke Torres, el sacerdote que “vestido de civil” y con su voz grave, pareciera más un locutor de radio que el párroco de la ciudad. Dice que las recomendaciones sobre el aseo durante sus servicios religiosos, son la contribución de la Iglesia. “La limpieza, tanto la espiritual como la de mi comunidad, es mi terreno”, explica.

Reproducir buenas costumbres
Patricia Pérez dirige la Unidad Ambiental de la Alcaldía. Señala que el 60% de los programas que impulsan desde esa dirección están dirigidos a niños. Explica que están convencidos de que los niños captan más y reproducen las buenas costumbres en casa. Ahora, por ejemplo, tienen para octubre la elección del colegio más limpio, el mejor arborizado y el que menos agua desperdicia.

“Con estas iniciativas los niños crecen con una mentalidad diferente. Ellos son factores de cambio importantes en nuestra comunidad”, dice.

El alcalde Hernández tiene una apuesta: dice que en 2020 Nagarote no sólo será el municipio más limpio, sino que otros municipios lo imitarán. “Trabajamos en una nueva mentalidad, en reproducir lo bueno de vivir en un municipio limpio”, dice.

Josué Javier Martínez juega fútbol en el parque El Jenízaro. Tiene apenas seis años y cursa su primer grado. Tiene los ojos verdes y moquea continuamente. Sin identificarnos, interrumpimos su juego para preguntarle si podemos botar una botella de agua vacía ahí, en el mismo lugar donde él y sus amiguitos juegan. “No”, dice al instante. “Tiene que recogerla, usté ta en Nagarote”.
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