10 de abril de 2011 | 00:00:00


María López Vigil y sus hijos de papel

Tras el rostro humano de Jesús y el femenino de Dios

Laura Rodríguez Rojas | Especiales

Tras el rostro humano de Jesús y el femenino de Dios
MARIA LOPEZ BIJIL
Desde la Revista Envío, María López Vigil promueve la lucha por reivindicar el derecho de las mujeres a recuperar el diálogo directo con Dios, sin la necesidad de recurrir a curas y a pastores que solo “han privatizado su imagen”. HENRRY PADILLA / END


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Al entrar a su oficina nada revela que María López Vigil haya sido monja durante 13 años en un convento en Barcelona. El lugar es pequeño y está abarrotado de libros, pero tiene dos amplias ventanas que permiten la entrada de un sol reluciente.


Viste sencillamente. Falda azul y camisa blanca. No lleva ninguna joya ni pizca de maquillaje, muestra de que para ella, los bienes materiales están en el plano de lo irreal. Sólo un pequeño detalle revela que no estamos ante una mujer común, un cuadro de Remedios Varo llamado Tejiendo la piel del mundo.


A simple vista parece un cuadro como otro cualquiera, en el cual se ve un pequeño taller donde mujeres laboriosas están tejiendo la piel del mundo, pero un ojo entrenado puede descubrir la paradoja. La persona que dirige al grupo de tejedoras está vestida de hombre, pero también es una mujer.

A los 16 años salió de Cuba
Y es que María López Vigil siempre ha sido una revolucionaria que ha contrastado las normas establecidas por el Vaticano con una visión más humana y femenina de Dios.


Las arrugas en su rostro reflejan el paso de los años en su cuerpo, pero sus palabras y el brillo de sus ojos contradicen su edad. Ella misma asegura que sigue siendo la misma niña que emigró de Cuba a los 16 años, lo único que ha cambiado es el número de asignaturas que le ha tocado cursar en este mundo terrenal.


María López Vigil abandonó su tierra natal por razones ideológicas, ya que a raíz del triunfo de la revolución cubana, su familia decidió emigrar para ser fiel a su concepción dogmática de un catolicismo que no daba pie a las ideas comunistas.


Su padre estudió sacerdocio en Roma y periodismo después, aspectos que marcaron la vida de María López Vigil de manera imborrable. Creció en un ambiente donde siempre se practicó una estricta militancia católica unida a un fuerte compromiso social, aunque sin los dones que años después, le traería la corriente conocida como “Teología de la Liberación”.

La cárcel ideológica
Fue así como a los 16 años, María López Vigil decidió tomar el hábito y entregarse por entero al servicio de Dios, creyendo que encontraría en el convento la posibilidad de vivir y de hacer suyas las palabras de Jesús. Pero la realidad la desencantó muy pronto.


“Me di cuenta de que estaba en una cárcel ideológica donde contrastaban mis votos con la realidad. Te decías oficialmente pobre, pero lo tenías todo, te decías oficialmente libre y leal a Jesucristo, pero obedecías a un superior que vivía fuera de la realidad de los pobres”, indica López Vigil.


La “gota que derramó el vaso” fue la posición de la jerarquía religiosa en 1974, cuando el Papa celebró la toma del poder por parte del dictador Augusto Pinochet.
Para ese entonces, María López Vigil ya había concluido sus estudios de periodismo, así que tomó la decisión de abandonar una vida que no cumplía con sus expectativas. Pero durante esos años, había tomado un machete que no abandonaría jamás: la palabra.


Ya fuera de la Iglesia, López Vigil se puso en contacto con una corriente llamada Teología de la Liberación, la cual le enseñó que no hay fe sin compromiso social, que los pobres deben ser sujetos de su propia historia, y que el Vaticano había monopolizado la figura de Jesús para sus lucros personales.


“En ese tiempo yo estaba trabajando en España para la revista Nueva Vida, y me tocó documentar el asesinato de Pablo Freire, la revolución sandinista, la complicidad del papa Juan Pablo II con Ronald Reagan, y el hecho obvio de que la Iglesia era más aliada de los ricos que de los pobres. Eso acentuó mis ideas de izquierda, aunque nunca me alejó de Jesús. Pero sí,  me hizo comprender que sus ideas estaban siendo monopolizadas”, recuerda López Vigil.

La llegada a Nicaragua
En 1981, María López Vigil conoció al provincial de los jesuitas en Nicaragua, el padre César Jerez, quien la convenció de venir a Nicaragua para trabajar en la Revista Envío.


“Yo siempre tuve un profundo sentimiento de desarraigo debido a mi exilio, y necesitaba una patria que me adoptara. Ese año había triunfado la revolución, y como yo simpatizaba con las ideas de izquierda, vi la posibilidad de encontrar en Nicaragua un lugar donde practicar un verdadero cristianismo a favor de los pobres”, indica López  Vigil.


Ya en Nicaragua continuó con su profundo proceso de reflexión, y comenzó a cuestionar muchas de las ideas aprendidas y preconcebidas sobre Dios.
Fue así como nació la idea de crear la radionovela “Un tal Jesús”, para recuperar el rostro humano de Jesús, producción que le valió el rechazo del Vaticano y de la Conferencia Episcopal centroamericana, pero que despertó muchas conciencias dormidas.


“Con Un tal Jesús mi hermano y yo pretendimos demostrar que Jesús fue un judío pobre, un líder religioso que imaginó a Dios de una manera tan novedosa que lo mataron, pero un hombre de carne y hueso. Jesús no vino al mundo a lavar pecados ni a sufrir en la cruz, y no nos salvó con su muerte, sino con sus ideas de equidad y justicia social”, asegura López Vigil.

Su lucha en pro de las mujeres
“Un tal Jesús” u otro de sus “hijos de papel”, como llama esta mujer a sus producciones literarias, le dio la vuelta al mundo, y generó todo un debate dentro de la corriente feminista.


En este libro, María López Vigil dejó en claro que las mujeres pagaban un precio muy alto dentro del cristianismo, porque difundía ideas negativas sobre Dios, Jesús y María.


“Las iglesias nos muestran a un Dios tirano y sanguinario que envió a su hijo para limpiar nuestros pecados. A un Jesús intocable y por encima de todos los hombres, a una madre que concibió a su hijo de una forma antinatural con la intervención de un ángel, y a una mujer, Eva, que indujo a Adán al pecado. Todas estas ideas refuerzan las ideas negativas que versan sobre la mujer y que sólo son producto de una religión masculinizada”, señala López Vigil.


Recibió amenazas de excomunión y el libro fue proscrito en muchos países, pero esto sólo la inspiró a seguir adelante en su lucha por devolverle a las mujeres un derecho confiscado: el de hablar con Dios.


“El éxito de ‘Un tal Jesús’ me llevó a la conclusión de que es necesario quitarles a los curas, que son todos varones, el monopolio de las palabras de Dios, de lo contrario las mujeres siempre estaremos en posición de subordinación. Las instituciones eclesiásticas nos han quitado las palabras con las que hablar del misterio de Dios, que no cabe en ningún dogma, en ninguna ley, en ninguna religión. No debemos permitirlo”, dijo López  Vigil enérgicamente.

El rostro femenino de Dios
María López Vigil puede ser considerada por muchos como una reaccionaria, pues sus propuestas rompen con la escuela dogmática de la jerarquía católica, pero es allí donde radica su mayor aporte a la libertad de las mujeres.


“Como mujeres tenemos el derecho a revisar todos los dogmas, a recuperar el rostro femenino de Dios, porque donde Dios es varón todos los varones se creen dioses. Dios es madre, abuela y regazo, tiene rostro de padre y madre. Mientras las mujeres dejemos las cosas de Dios en manos de las jerarquías de las iglesias, no seremos libres para reflexionar y decidir”, indica esta ex monja teresiana.

La violencia de la mujer tiene origen religioso
María López Vigil ha dedicado su vida a la lucha feminista por transformar el concepto de Dios a través de su producción literaria, talleres de autoayuda en las comunidades, seminarios y programas radiales, porque las mujeres no podrán sentirse libres hasta que no aprendan que transgredir normas injustas dentro de la Iglesia, es también un acto de profunda fe cristiana.


“La raíz más profunda de la violencia hacia las mujeres es religiosa, y está en la idea de que Dios es varón, porque aun cuando en la mente de la humanidad Dios nació mujer, con la agricultura, la acumulación de los excedentes, las guerras tribales y conquistas militares, se creó lo que hoy llamamos la cultura patriarcal. Las mujeres tenemos que recuperar la identidad feminista de Jesús para sentirnos más libres y dignas para decidir, hablar y ser felices”, indica López Vigil.


Para esta periodista, el mensaje de los sacerdotes y de los pastores sólo fortalece sentimientos de culpa y de miedo a Dios en las mujeres, porque es una forma de ejercer el control sobre sus conciencias.


Para enfrentar esta maquinaria, la mujeres deben saberse queridas por Dios, pensarlo como una madre amorosa y no como un juez severo y sanguinario, que envía a su hijo a sufrir.


“Jesús vivió en una sociedad en la que había conflictos entre los que tenían el poder y quienes no lo tenían. Por denunciar esos conflictos lo mataron. Jesús no vino a morir porque a Dios no le gusta el sufrimiento. Esa es una idea sádica que debemos revisar para no vernos atrapada por ella”, señala López  Vigil.  

La Biblia no es palabra de Dios
María López Vigil tampoco tiene miedo de defender lo que, a su parecer, ha sido un libro que ha servido para reproducir referentes patriarcales y socioculturales poco democráticos: la Biblia. “La Biblia es un libro que fue escrito por varones y es predicado por varones, pero no es la palabra de Dios. Es un libro que ubica a la mujer en posición de subordinación y la muestra como la Eva pecadora. Y ese mito nos ha costado discriminaciones, recriminaciones y violencias de todo tipo. Por eso debemos tomar distancia de ella, aunque sea un libro de familia”, aconseja López Vigil.

Su faceta como analista política

A raíz de sus análisis religiosos, María López Vigil también ha incursionado en el ámbito político, aunque asegura que es lo menos que disfruta. Para ella, la política carece de ética y de imaginación, pero es parte indisociable del ser humano.


“Jesús siempre criticó a las autoridades y estuvo de parte de los pobres, no de los poderosos. Pero no exhibiéndolos como trofeos para dar limosnas, sino haciéndolos sujetos de su propia vida. Ese es el verdadero cristianismo, sin culto a la personalidad, y con la posibilidad de colocarse de igual a igual ante los gobiernos para criticarlos y señalar sus errores, como lo hizo Jesús con quienes tenían el poder”, comenta.

Su mayor temor: la muerte
No obstante, esta mujer de carácter fuerte y actitud desafiante confiesa tener un gran temor: la muerte. Es un miedo que ha padecido desde niña, porque lo desconocido le genera tristeza e incertidumbre.


“Me encanta vivir las sorpresas de la vida y me aterra pensar que eso un día se va a acabar. Que este va a ser el último sol, que no volveré a ver a un pájaro volar o un árbol crecer, por eso apoyo lo que decía el poeta José Valverde: Dios, anestésiame la muerte como a otros lo hiciste con la vida”, comenta lacónicamente.

 

Su amor por Nicaragua
Para esta locuaz escritora, Nicaragua es un país fascinante que la enamoró por su anarquía, por la posibilidad de lo inesperado y por la belleza de su lenguaje. Por eso, aunque se convirtió en ciudadana nicaragüense en marzo de 1990, su pasaporte lo recibió muchos años antes.


“Yo me convertí en nicaragüense cuando fui premiada por el libro Un Güegüe me contó. Es un libro en el que se reconstruye el lenguaje nicaragüense y se rescata la brillantez de su verbo”, señala López Vigil.


Hoy, Nicaragua es el lugar donde desea exhalar su último suspiro, el lugar donde ha hecho las tres cosas por las que puede morir tranquila: sembrar un árbol, escribir un libro y tener un hijo, porque aunque nunca se casó ni engendró hijos naturales, sí los tiene de papel: sus libros.


“Yo quiero abonar un palo de Guayacán o que echen mis cenizas a la laguna de Xiloá, porque aquí he echado raíces, he dado flores, he tenido frutos y he vivido los momentos más felices de mi vida”, asegura.


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