
Una España eufórica se prepara el lunes para recibir con honores a la Roja, una selección de leyenda que logró una victoria aplastante el domingo ante Italia en la final de la Eurocopa-2012 (4-0), y que regresa de Ucrania tras conseguir el sueño de todo país: la "triple corona".
Tras las celebraciones durante la noche por toda España, los jugadores de la selección española son esperados este lunes por la tarde en el aeropuerto de Madrid-Barajas.
Después de encontrarse con el rey Juan Carlos, tienen previsto recorrer el centro de la capital española en un autobús descubierto hasta la plaza de Cibeles, donde un gran escenario les espera para compartir las celebraciones con los aficionados.
A la alegría de los hinchas, reunidos el domingo por la noche en torno a pantallas gigantes bajo el canto de "Campeones, campeones", este lunes se sumaban los elogios de la prensa.
Los medios españoles subrayaban el paréntesis que supone esta victoria tan esperada en un país sumido en plena crisis económica.
"España conquista la triple corona. La victoria en la Eurocopa convierte al equipo español en leyenda", proclamaba el diario El País en su portada. "Invencible España", titulaba ABC en grandes letras sobre una fotografía de los jugadores de la Roja levantando el trofeo europeo.
La selección española no solo logró una impresionante victoria ante Italia el domingo en Kiev (4-0). También alcanzó un logro sin precedentes de conseguir tres títulos consecutivos: la Eurocopa-2008, ante Alemania; el Mundial de 2010 ante Holanda; y la Eurocopa-2012, gracias a los goles de David Silva, Jordi Alba, Fernando Torres y Juan Mata.
El domingo por la noche, decenas de miles de hinchas con la cara pintada en rojo y amarillo, ataviados con pelucas, sombreros y con la equipación nacional, cantaron y bailaron para festejar el triunfo tras ver el partido en unas pantallas gigantes alrededor del estadio Santiago Bernabéu de Madrid.
Todo el país se había engalanado ya en los días previos a la final con los colores nacionales, con banderas rojas y amarillas colgando de balcones, adornando las antenas de coches, recibiendo a los clientes de los bares o cubriendo las espaldas de los aficionados.
Tras el pitido final del partido, los gritos, los petardos, y los toques de bocina invadieron las calles de la capital, que pronto se llenaron de una marea humana celebrando el triunfo en los puntos principales del centro de Madrid.
También fueron muchos los que decidieron ver el encuentro por televisión: 15,481 millones de personas, es decir, un 83,4% de cuota de pantalla, la cifra más alta para un partido de fútbol en España, según los datos de audiencia publicados este lunes.
Y es que, en un país donde el fútbol es el rey, esta velada suponía un paréntesis en medio de la preocupación por la crisis económica.
"El fútbol como opio del pueblo en tiempos de asfixia", escribía El Mundo, saludando a "un puñado de deportistas sin igual, moldeados a partir de un gen ganador, y dirigidos por un entrenador de firmes convicciones".
"Nos hicieron olvidar de nuevo durante muchas horas la galopante crisis que vive España, la odiosa 'prima de riesgo', el paro lacerante que aqueja sobremanera a la juventud hispana que les idolatra", señalaba el diario Mundo Deportivo.
"El fútbol no es el sustituto de la buena gestión política ni de la prosperidad económica, ni debe ser un motivo para exigirlas", matizaba El País antes de reconocer que, no obstante, "puede inyectar una dosis de autoestima en momentos difíciles".
Pero en las calles españolas todo el mundo sabía que el respiro duraría poco: "Aunque esta victoria es histórica puede hacer olvidar la crisis unas horas, pero nada más, en ese sentido no cambia nada", resumía Fermín Muñoz, mecánico de 23 años que el domingo vio el partido desde Madrid.
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