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El poeta alemán Jan Wagner, de 44 años de edad, está en Granada para ser parte del XII Festival Internacional de Poesía. Él ha sido ganador de varios premios de literatura, entre los que destacan "Anna Seghers" y la "Leipziger Buchmesse". Actualmente radica en Berlín y conversó con El Nuevo Diario para dar a conocer sus impresiones de la fiesta poetica, sus poemas y sobre Nicaragua.

Cuando usted lee sus poemas en alemán, sin antes ser traducidos (casi nadie los entiende en el público) ¿No es un sentimiento muy raro?

No, para nada. El público capta por ejemplo la estructura musical, es decir, cómo un poema es declamado por el autor.

¿Con la traducción se pierde mucho de un poema?

Es verdad que las traducciones muchas veces tienen otro carácter. Pero no me enoja. Cada lectura de un poema en el mismo tiempo también es una interpretación. La única cosa que me molesta es cuando un poema es mal declamado, por ejemplo, demasiado rápido o con demasiada variedad lingüística, eso ocurre sobre todo cuando lon actores leen las poemas.

Usted ya declamó sus obras en muchísimos países. ¿Cómo es el público nica comparado con otros?

En general, en todo el mundo, los que vienen a un festival están abiertos a todas las formas de poesía. Pero claro que uno siente a que tradición pertenece un público. Los nicas son muy pacientes y dan la bienvenida a todos los poetas con mucho cariño. La gente es muy emocional, después de casi cada poema aplauden y a veces llaman "bravo". Eso es más raro en Europa.

¿Entonces es verdad el cliché que en Nicaragua hay más pasión por la poesía que en otros sitios?

Si. Contrariamente a otros países, para mucha gente acá la poesía es algo muy natural en sus vidas. Les afecta directamente. En Nicaragua hay mucho amor por las letras y también por la música.

Es su primera vez en Nicaragua y llegó solo hace tres días. ¿Ha pasado algo que quiera integrar en un poema?

Cuando se está en el mismo lugar desde solo unos días, siempre hay el peligro de hacer conclusiones demasiado banales. Pero las sensaciones de mi estancia en Granada son tan intensas que por supuesto voy a utilizar algunas en mi trabajo.

¿Que exactamente es intenso?

¡Todo! Como extranjero uno está directamente en una cultura que que nunca se vivió. Simplemente caminando en las calles uno ya siente la extrañeza. Es como una permanente sensación que todos los sentidos son sobrecargados, pero es algo de maravilloso. Eso lleva a lo que un poeta siempre tendría que hacer: ver todo como si fuera por la primera vez. Estando en casa, uno tiene que esforzarse para tener esa sensación. Aquí pasa automáticamente.

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