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  • AFP

El hombre que decapitó a su jefe en Francia negó tener una motivación religiosa, indicaron fuentes de la investigación el lunes, difuminando las razones de un ataque que tenía todas las características de un atentado terrorista.

Yassin Salhi, de 35 años, confesó el domingo que había decapitado a su jefe, Hervé Cornara, de 54 años, y que había colgado su cabeza en la valla de la planta de gas contra la que supuestamente atentó poco después.

Sin embargo, pese a que la puesta en escena de la cabeza cercenada incluía banderas islámicas, Salhi, conocido de los servicios de inteligencia por su radicalización, "niega cualquier motivación religiosa en su acto".

Salhi, de 35 años y padre de tres hijos, se presentó el viernes con una camioneta ante la fábrica de la compañía estadounidense Air Products. Luego lanzó su vehículo contra un hangar, provocando una explosión que no dejó heridos. Fueron los bomberos quienes encontraron la cabeza decapitada de Cornara.

"No ha explicado" por qué colgó la cabeza en la valla o gritó "Alahu Akbar"("Dios es el más grande") mientras los bomberos lo redujeron en el momento en que trataba de abrir botellas de acetona en el almacén de la fábrica para provocar una segunda explosión, dijo la fuente bajo condición de anonimato.

Según un empleado, Salhi había tenido una discusión de tipo profesional con su víctima y el tono subió después de que el empleado tirara al suelo valioso material informático.

Aunque el atacante niegue motivaciones islamistas, la policía encontró un macabro selfie con la cabeza cortada, enviado a través de Whatsapp a Canadá, que la policía sospecha fue finalmente enviada a un yihadista francés combatiendo en Siria.

Originario de Vesoul, este hombre, llamado Sébastien-Younès, se marchó en noviembre de 2014 a Siria y llegó a Raqa, donde combatiría en las filas del grupo Estado Islámico (EI), según fuentes cercanas al caso.

Los investigadores intentan establecer mejor el perfil del sospechoso, quien fuera detenido en 2006 por los servicios de inteligencia a causa de su "radicalización", y entre 2011 y 2014 fue señalado por sus vínculos con el movimiento salafista, pero su expediente judicial estaba limpio.

Probada la conexión con Siria

La madre y la hermana de Sahli, que fueron interrogadas por la policía y después puestas en libertad, dijeron que el sospechoso había viajado a Siria en 2009, antes de que estallara el conflicto y el grupo Estado Islámico se implantara en el país, pero la policía no tiene evidencias de ello, señaló una fuente.

Cientos de nacionales franceses luchan en las filas de los yihadistas en Irak y Siria y hasta 1.800 están "conectados" con la causa islamista radical de alguna manera.

El atentado se produjo casi seis meses después de los ataques islamistas que dejaron 17 muertos en París el pasado enero y que comenzaron con un tiroteo en la sede del semanario satírico Charlie Hebdo.

El primer ministro francés, Manuel Valls, dijo el domingo en televisión que el mundo estaba inmerso en una "guerra contra el terrorismo".

"No podemos perder esta guerra porque es fundamentalmente una guerra contra la civilización. Es nuestra sociedad, nuestra civilización la que estamos defendiendo", dijo Valls a la televisión iTELE.

 

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