•   Atenas, Grecia  |
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  • AFP

Tienen dos análisis completamente diferentes de la situación, pero están de acuerdo en una cosa: quieren lo mejor para Grecia. Yanis, Yorgos, Corina y Nikos han optado por el "Sí" y el "No" a las condiciones de los acreedores (BCE, Comisión Europea, FMI), y explican el porqué.

NO

Yanis tiene 29 años, perdió su empleo como contable hace un año y medio y decidió votar "No" en la consulta de este domingo.

Para este joven ateniense, la solución a la profunda crisis económica de Grecia está fuera de la Unión Europea y del euro.

"Sé que será difícil el lunes. Pero el orgullo me dicta decir 'No', porque el 'Sí' implicaría medidas de austeridad más duras, y aprobar la línea política que nos ha llevado a esta situación", asevera Yanis.

Según él, con sus exigencias y sus llamamientos al "Sí", los acreedores del país, la UE y el FMI, "no respetan la democracia del pueblo griego".

Yanis estima que el euro y el bloque de los 28 se han convertido en una camisa de fuerza. Y fustiga en particular que el Banco Central Europeo esté gobernado no por gobiernos democráticos sino por banqueros que según él actúan contra los intereses del pueblo griego.

"Aquí no hay esperanza de ver un día mejor. Las perspectivas son mínimas. El mercado laboral se contrae".

"A pesar de la propaganda de unos medios de comunicación que no informan correctamente de las consecuencias del 'no', los griegos comprenden que hace falta un cambio".

"La solución está fuera de la UE y del euro", apostilla.

Nikos Vichos, de 62 años y en pleno vigor, dirige una empresa familiar de hace más de cien años, que importa relojes suizos. El cierre de los bancos desde el pasado lunes ha afectado de lleno su actividad.

La primera consecuencia es que ha debido anular una entrega, al no poder pagar los 72.000 francos suizos (69.000 euros) pedidos, ya que ahora está prohibido sacar dinero del país.

En los cinco últimos años, su volumen de negocio ha caído de 17 millones de euros a menos de un millón. Vichos está "desesperado" con la idea de que si todo va mal deba cerrar la empresa fundada por su abuelo.

Según explica, desde la llegada al poder del primer ministro izquierdista Alexis Tsipras en enero, "ya nadie compra casas, ni coches, ni productos de lujo. Todo está muerto".

Hasta ahora, nunca ha creído que la situación pueda terminar llevando al país al dracma. "Pero también pensaba que los bancos no iban a cerrar", dice.

NO

La funcionaria Corina Iliadou tiene unos 50 años, imparte la asignatura de "Educación política" en un instituto de Tebas y ha decidido votar "no".

Corina fue a la manifestación del viernes en Atenas en favor del "no", con varias compañeras suyas del trabajo, y dijo que "no estamos aquí por un líder, sino por nuestro futuro".

Corina, madre de dos hijos de 16 y 14 años, ganaba junto con su marido un total de 3.200 euros en el año 2010, cuando empezaron a aplicarse en el país numerosas medidas de austeridad a cambio de asistencia financiera.

Ahora ganan juntos 2.400 euros, de los que 1.300 van para reembolsar el préstamo de su casa.

Corina dice que vota contra las condiciones de los acreedores no sólo por una cuestión económica, sino de orgullo nacional.

"Nos tratan como si fuéramos una colonia, o como si fuéramos los siervos de Angela Merkel", la canciller de Alemania.

Para ella, el "No" es necesario para "recuperar la esperanza de algo mejor" y "reforzar al gobierno en la negociación con los acreedores, de forma que no tengamos más austeridad".

Con una bandera griega ensartada en la punta de su caña de pescar, Yorgos Trentsios, de 66 años, se manifestó el viernes por la noche para seguir "en Europa".

"Si gana el 'No', a partir del lunes será el diluvio. No funcionará nada, los bancos seguirán cerrados, y toda la economía quedará paralizada", piensa este ex mecánico ahora jubilado.

Desde hace cinco años, la jubilación de este pensionista se ha visto reducida en 600 euros, y sus impuestos han aumentado.

"Me he apretado el cinturón, como todo el mundo en Grecia. Pero volver al dracma sería mucho peor".

¿Aceptar un nuevo plan de austeridad, o salir de la zona euro? "Es como si te preguntaran: ¿qué prefieres, que te amputen a la altura de la muñeca o el brazo entero?".

Al votar "Sí", Yorgos, que tuvo que vender una parcela de tierra en su Peloponeso natal para hacer frente a las dificultades, piensa en sus nietos.

"No quiero que se queden sin futuro. Ellos también tienen derecho a una vida normal".

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