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El papa Francisco, quien ayer ofreció una misa campal en Guayaquil, Ecuador, sonrió con los fieles, se tomó selfies, y no dejó pasar la oportunidad de soltar verdades incómodas, como cuando dijo que los servicios a las familias no son una limosna, sino una verdadera deuda social.

También defendió la imagen de María, de quien dijo no es una suegra que reclama ni que se solaza de los errores, sino una madre “atenta y solícita”.

Entre sus mensajes, el que más ha arrancado risas ocurrió cuando dijo que no cobraría por sus bendiciones.

“Les doy la bendición. No, no les voy a cobrar nada, pero les pido por favor que recen por mí. ¿Me lo prometen?”, dijo ayer el sumo pontífice a unos 2,000 invitados en Guayaquil, Ecuador.

Las autoridades ecuatorianas estimaron que en Guayaquil el papa Francisco reunió a unos 600,000 fieles en una misa, la primera en su gira de ocho días por Sudamérica.

 

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