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La seguridad de la cárcel del Altiplano, construida con la meta de ser una fortaleza impenetrable para recluir a los narcotraficantes y criminales más peligrosos de México, fue quebrada por primera vez por su reo más famoso, el capo Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Pese a que su celda estaba vigilada con cámaras de seguridad, “El Chapo” logró escapar la noche del pasado sábado por un orificio en la ducha de su celda que comunicaba a un sofisticado túnel de 1.5 kilómetros.

Esta fue la segunda fuga de prisión del líder del cártel de Sinaloa. En 2001, ya había logrado escapar aparentemente escondido en un carrito con ropa sucia de una prisión de Jalisco (oeste).

La más importante

El Altiplano, ubicado en el céntrico estado de México, a 90 kilómetros de la capital mexicana, es el penal más importante del país y fue construido durante la presidencia de Carlos Salinas (1988-1994).

El centro tiene una capacidad para 724 reos y está instalado en una superficie de 26 hectáreas, aunque la prisión solo ocupa 2.8 hectáreas y el resto del espacio es usado como perímetro de seguridad, según un documento del desaparecido Ministerio de Seguridad Pública mexicano.

La cárcel tiene ocho dormitorios, comedores, aulas e instalaciones deportivas, también incluye áreas para visitas íntimas, familiares y de abogados, así como salas de juicio.

Tres muros

“El nivel de seguridad de este centro es máximo y existen sistemas y equipos electromecánicos y electrónicos como: circuito cerrado de televisión, control de accesos, alarmas, detectores de metal, drogas y explosivos”, dice el documento del antiguo ministerio, que fue sustituido por una agencia de seguridad federal.

El sábado, un agente de la policía federal dijo a la AFP que “tres muros de concreto” conforman el perímetro de seguridad del centro, que está supervisado desde cuatro torres de vigilancia.

Pero, además de “El Chapo”, el Altiplano alberga a otros destacados criminales, incluidos sus enemigos.

En el penal, Guzmán compartía espacio con el líder del cártel de Los Zetas, Miguel Ángel Treviño y su hermano Omar Treviño y con uno de sus nuevos huéspedes, Servando Gómez “La Tuta”, líder del pseudoreligioso cártel de Los Caballeros Templarios.

También están internados el líder del cártel de los hermanos Beltrán Leyva, Héctor, capturado el año pasado, y el capo nacido en Estados Unidos, Edgar “La Barbie” Valdez.

En marzo, Guzmán y otros 140 internos enviaron una carta de 11 páginas escrita a mano a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, denunciando las malas condiciones del penal y cómo, por ejemplo, encontraban gusanos en la comida y que tenían colchones en mal estado para las visitas conyugales.

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