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Tras la reconciliación diplomática con Estados Unidos, los cubanos saludan la nueva etapa que se abre con el país vecino, aunque con el deseo de que el simbolismo del momento dé paso a mejoras concretas en su vida cotidiana.

En las calles de La Habana, la normalidad fue la tónica en la jornada posterior al histórico 20 de julio de 2015, incluso en el entorno de la embajada estadounidense donde, como todos los días, centenares de cubanos hacían fila este martes para solicitar o tramitar visados para viajar al país norteamericano.

Muchos de ellos se mostraron esperanzados en que esos trámites sea agilicen a partir de ahora, como Nilsa, vecina de Matanzas, quien afirmó: “La gente está contenta porque la unión pondrá fin a la discrepancia entre los dos países”.

“Yo creo que EE.UU. puede ayudarnos, ellos tienen mucho que tomar de Cuba y Cuba de EE.UU., nos vamos a ayudar. Cada cual toma lo positivo y rechaza lo negativo”, decía por su parte una optimista Rosa Elena Navarro, de Villa Clara, que hacía fila en el llamado Parque de los Lamentos, aledaño a la sede diplomática norteamericana.

"ERA DIFÍCIL PENSARLO"
Tras 54 años de ruptura de relaciones en los que EE.UU. ha sido considerado el “enemigo” en Cuba, muchos en la isla confiesan que no imaginaban este momento. “Era difícil pensarlo, pero todo es posible”, señaló Malena, una joven de 25 años quien cree que esta etapa “será buena para la economía y para las relaciones entre las personas”.

Más analítico, Darío, un joven periodista de 26 años, dijo que “ahora mismo, al cubano de a pie (el restablecimiento de relaciones diplomáticas) no lo beneficia más que en el plano simbólico, en el plano de la esperanza, de que las cosas deben mejorar porque el entendimiento siempre es bueno”.

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“El entusiasmo es bueno, pero hay que esperar un poco”, indicó este joven, quien admitió que inicialmente acogió el anuncio de la distensión con EE.UU. con bastante escepticismo, pero finalmente “no hay mal que cien años dure ni bloqueo que lo resista”, bromeó.

Reclama falta de acceso

La disidente cubana Rosa María Payá denunció ayer que los funcionarios de la nueva embajada de Cuba en Washington no le dejaron acceder al edificio para entregar una carta y llamaron a la policía, y aseguró que eso demuestra que la legación “no está abierta para los cubanos”.

“Estuve en el edificio que llaman embajada cubana, pero no se comporta como embajada cubana, porque no le abre la puerta a los ciudadanos cubanos”, refirió la hija del activista fallecido Oswaldo Payá.

 

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