•   Atenas, Grecia  |
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  • AFP

Entre un zoo que tiene problemas para importar comida y unas asociaciones que no consiguen atender a todos los gatos abandonados, la crisis griega no sólo tiene un impacto cruel sobre los humanos sino también sobre los animales.

"Tengo que volver a llamar al banco", dice el francés Jean-Jacques Lesueur en el zoo que abrió en Atenas.

El hombre de negocios, de unos 70 años, debe importar seis toneladas de pescado congelado para los delfines de su establecimiento, pero esa sencilla transacción se enfrenta a las restricciones financieras instauradas por el gobierno griego el pasado 29 de junio para evitar una fuga de capitales.

Una comisión gubernamental tiene que validar cualquier pago de facturas en el extranjero, y los proveedores, preocupados, exigen que se les pague por adelantado.

El ministerio griego de Economía anunció el jueves que los bancos podrán dar las autorizaciones de pago para "facilitar" las importaciones de materias primas y evitar el atasco administrativo.

Pescado congelado y polvo de termitas

El zoo utiliza, sobre todo, vegetales y carnes locales, pero también importa comida por valor de unos 80.000 euros anuales.

"Una miseria" en términos financieros según Lesueur, pero "un tema de vida o muerte" para algunas especies. Los delfines, por ejemplo, comen peces que no se encuentran en las costas de Grecia. Y los dos osos hormigueros gigantes del zoo dependen por completo de las importaciones de gusanos y de un polvo que sustituye a las termitas de su hábitat natural.

La visión de esos dos enormes animales precipitándose sobre los gusanos divierte mucho a unos niños, testigos de la escena. El zoo regala la entrada a los más pequeños durante el verano, bajo el lema "Sigamos juntos en estos tiempos difíciles".

Los adultos tienen que pagar un precio más alto desde la subida del IVA que entró en vigor el lunes, una de las exigencias de los acreedores de Grecia.

Lejos de los animales exóticos, en un jardín público del centro de Atenas, Cordelia Madden-Kanellopoulos, una inglesa casada con un griego, se exclama: "A ti te conozco". Un gato negro se acaba de acercar a los felinos asustadizos a los que alimenta cada día, turnándose con otros voluntarios.

Su asociación "Nine Lives" alimenta a unos 450 gatos callejeros en la capital griega y lleva a cabo campañas de esterilización.

Gatos persas en las calles

"Cada vez se abandonan más gatos con pedigrí. Hace unos años, había dinero en Grecia, la gente se compró bonitos animales, pero ahora cuesta caro, el veterinario, el aseo", lamenta Madden-Kanellopoulou.

"Un gato persa blanco que creció en un piso no sobrevive dos días ante los coches, los perros callejeros", se indigna. Con una tasa de paro del 25% y una dura recesión, "la gente ya no adopta", explica.

Evgenia Mataragka, portavoz de la ONG "Animal Action" en Grecia, comprobño una "enorme progresión del número de animales abandonados" desde hace seis meses, en un país donde los gatos y los perros callejeros forman parte de las imágenes cotidianas.

Algunos de esos animales se hicieron célebres, como el perro Loukanikos, que estuvo en primera línea de las manifestaciones antiausteridad en 2010 y cuyas fotos dieron la vuelta al mundo, antes de que muriera en 2012 tras ser adoptado por una familia.

"En las grandes ciudades, los animales no mueren de hambre, pero la situación es problemática en las islas", dice Mataragka.

Las asociaciones buscan ahora dinero y familias adoptivas en el extranjero. Nine Lives ha enviado a una de sus mascotas, Dora, a Alemania.

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